Sábado
19 de Septiembre de 2020
daniel (no verificado)
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29 Julio 2015 - 9:31am
Creo que te equivocas cuando dices que somos pocos los que escribimos al amor. Cada día me levanto y escribo a mi amada. Porque el amor aún existe, está vivo y renace en cada amanecer. Ahora te envío algo de lo que hago al despertar el día y pensar en mi amada. Soledades, las tuyas y las mías; deseos de un beso que penetre por los labios, que nos excite, que nos provoque a hacernos el amor delicadamente. Manos que acaricien como ternuras derramadas como pétalos sobre la piel, brazos que atenacen nuestra cintura. Y tú, sola, no te atas a otro compromiso; le temes, huyes desesperadamente, como yo mismo huyo del tiempo pasado recostado sobre mi lecho vacío, mirando hacia los rincones donde se ocultan los recuerdos. Quizás, yo también estoy huyendo de otros besos, de otra boca, de otra piel que roce la mía. Sin embargo, he contemplado tu rostro, tu risa liberada de perjuicios, y pienso que te necesito. Y te dibujo en las sabanas, y doy vida a tu figura poco a poco, aunque te escapas por entre mis dedos. Me pregunto; como harás el amor, como será tu entrega en el último quejido de deseo, en el último suspiro de placer, y deseo tenerte entre mis abrazos, aunque sea un instante, aunque luego digas adiós para siempre y vuelva a quedar a merced de las mismas soledades que hoy tanto protegemos, aunque sabemos que estamos solos, que seguimos abrazados al frío de las noches, a la misma almohada vacía que ya no lleva los olores de otros cabellos que no sean los nuestros. Me pregunto, como eres cuando hablas, que secretos ocultas; pero nunca, cuantos labios has besado. Quiero dejar a un lado, apartadas en un rincón de mi cuarto; tus soledades y las mías, y verte cabalgar desnuda sobre mi vientre anhelante de ti, penetrar en los ocultos parajes que te hacen diferente, repetir palabras en tus oídos, esas que solo se dicen muy quedo y no se repiten jamás en voz alta. Quizás entonces nos amemos, y luego al amanecer digamos adiós. O tal vez, digas hasta luego, y regreses otra noche para encontrarte de nuevo con mis brazos, y yo con tus besos. A lo mejor, como única opción, jamás regreses. Pero dejaré en tus labios el sabor de los míos, y mi nombre pasará a engrosar alguna lista que tienes guardada. Yo, te seguiré escribiendo cartas, para que sepas que aún te recuerdo.