Miércoles
22 de Mayo de 2019

Defectos de fábrica

No estar, dejarse ir
niño que no cabalga la ola
permanece en la playa y recuerda:

De una esquina a otra, papá golpea a mamá
sangre
hacia
el
suelo
con una botella de vino
espuma
hacia
la
arena
golpea en la cabeza
mamá grita
golpea con puños y pies
en espalda y vientre.

Como un látigo atraviesa la casa
hacia los ojos de mi hermano sin pasado
ni futuro
y las paredes y el techo se
van haciendo pequeños
mientras nos abandona.

Mi padre tuvo siete hijos
y a todos hizo lo mismo
cuando se cansó de contar
nos echó a un lado.
La verdad es que fue bastante dañino
lo que le parecía mal lo solucionaba a su modo.

Mi hermano juega, pero no es feliz
su recuerdo es pequeño, no así mi recuerdo
el día que papá murió, él lloró
y yo reí
y mamá me pegó porque algo dentro de ella también había muerto
pero no fue la décima parte de como lo hacía papá
por eso reí
y ni las paredes ni el techo se hicieron pequeños.

No estar no quiero para mamá, y mi hermano
que graba sus sueños junto al sepulcro
de su padre, que también es mío, aunque no quiera,
que se olvidó de crecer y tuve que crecer por ambos.

No sé si sobrevendremos esta cuaresma
en que, como las velas, mamá tiembla
y se apaga cada vez más
a la sombra de una imagen dolo(ro)sa.

La muerte de papá fue oportuna
me hizo mirar al sol.
Él tuvo buenas ideas y métodos terribles
era como esos equipos de marca con defectos de fábrica

 

Complicidad de la tarde

El cielo se ha teñido de sangre.
A través del recuadro luminoso
una  lengua de asfalto lame el torso de los autos.
Alguien duerme sobre la vía del tren
cae del edificio vecino
le enfundan una navaja en el bolsillo izquierdo del pecho
o como un reloj se detiene.

Lo difícil es renunciar a soñar.
La vida es la única competencia
donde no importa la meta.

Un día cualquiera asómate a la ventana
observa la caída del sol
te parecerá hermosa.

 

Poema deliberadamente inconcluso

No he olvidado quien soy.
No estuve en Sao Paulo o Buenos Aires
ni mis padres me dieron apellido.
Bastó con lo que tuve ante los ojos.
Pude suicidarme y no lo hice.
Ideé largos viajes, artificios.
Fui nominado para Idiota del Año
antes que algún presidente.
Una vez me invitaron a Naciones Unidas.
Me sentaron junto a un loco
una botella de agua y un intérprete
pero en vez de sacos y corbatas
yo veía mujeres haciendo striptease
colgadas del techo.
El loco a mi lado tranquilamente dormía.
Soñaba tal vez con ciudades populosas.
Después solo recuerdo los aplausos.

Daniel Liens Fariñas