Sábado
23 de Septiembre de 2017

Mella por siempre

El futuro rector

Fuente: Archivo de la Revista Alma Mater
Ilustración de Yaimel

Solemnes y angustiosos son los momentos porque atraviesa el Alma Mater, todo se ha destruido, esa es la obra divina de las revoluciones, los lustros de ignorancia, de esclavitud mental, de traiciones y maldades, han caído personificados en las costumbres y dogmas, como caería una montaña que en un fenómeno sísmico careciese de pronto de base sólida, esta es la peculiaridad de las revoluciones justas; destruir en una hora lo que se hizo en siglos, lo que parecía ser más fuerte que las mismas montañas, lo que para renovarse por los cauces legales necesita años, ella lo verifica en días, por eso no hay nada más risible y lastimoso que el asombro y el deseo de combatir lo irremediable de los reaccionarios ignorantes. Ignorantes, porque desconocen las causas secretas de todas las cosas, sus sentidos son abismos profundos incapaces de permitir el paso y de comprender los pequeños hechos que originan los grandes acontecimientos.

Aunque una revolución, como dije ya, destruye en un minuto la obra de mil generaciones, la revolución no lo es todo, es el consecuente de varios antecedentes disímiles y hasta remotos, estos antecedentes son los que ven los hombres de sentido común, la revolución es la tempestad que estalla, después de haberse estado condensando en las alturas por algún tiempo, lo mismo que en los aires existen aves, y en las selvas bestias que las presienten y se preparan, así las tempestades de la sociedad las comprenden algunos y se lanzan a encauzarlas en provecho y beneficio de la comunidad.

En nuestra Universidad había muchos mediocres endiosados, muchos malvados (estafadores, viciosos, asesinos de la cultura), protegidos por el hábito de sacerdotes de Minerva, ellos ya no están entre nosotros, aunque se aprestan ¡infelices! a volver a ocupar sus antiguas sinecuras.

Estos individuos, los principios arcaicos en moral, en pedagogía, en ciencia, en todo, unidos a la indiferencia gubernamental para con el primer centro docente de la República, y ¿por qué no decirlo? las traiciones, maquiavelismos, etc., que igualaron el Claustro Universitario a un Comité de Barrio, de politicastros, una vez, y otra, a esa Cámara que humillándose endiosó al huésped del «Minessota», fueron los antecedentes del pasado movimiento.

La obra que está por hacer es importante y grandiosa, hay que construir un sistema nuevo de cosas, comprendemos la anarquía reinante hoy en la enseñanza superior, porque después de haber destruido no hemos edificado todavía, el futuro Rector que elija la Asamblea Universitaria es el encargado de llevar hacia su glorioso porvenir esta madre luz que todos adoramos y que nos da el saber y el valor para triunfar en la existencia.

El fin de la Federación fue destruir con la fuerza y la sentimentalidad de sus espíritus jóvenes para que los hombres de reflexión hagan la Universidad nueva sobre las ruinas, que nosotros, más fuertes que ellos, hemos hecho, pero dejar la Universidad en el estado actual sería monstruoso, habremos sido unos vengadores pero no unos justicieros, habremos imitado al iracundo Jehová bíblico, que destruyó a Sodoma y Gomorra y Jerusalén para vengarse únicamente, ya que los habitantes de las dos primeras ciudades perecieron y los de la última se arrastran maldecidos por el orbe, sin haberse obtenido de esos actos ningún provecho para los mortales en general, ni para ellos en particular.

De nosotros depende que nuestra obra no sea estéril como la del dios de los semitas, debemos elevar a la alta dirección de nuestro plantel al hombre inflexible, enérgico, genial, de amplia visión justiciera y progresista que demanda la colectividad, al hombre que conozca por las heridas de su alma la necesidad del nuevo estado de cosas, al hombre que antes de llegar la revolución la anunciase con sabia visión de Precursor, al que tenga el talento y la cultura que demanda tan alto puesto, uno de los más altos de la República, ya que va allí por mérito reconocido por los mejores ciudadanos.

Estudiante: una vez más tienes en tus manos la estabilidad de tu casa, de tu pequeña patria, haz buen uso de tu privilegio, acompáñate de Diógenes y busca el hombre, lo encontrarás, porque existe, yo lo conozco y tú también...

Profesores, Graduados: ¿nos acompañaréis en nuestra labor reconstructora?

Jamás he dudado de la rectitud de vuestros principios, de la nobleza de vuestras almas, ni del amor sagrado a nuestra Alma Mater.

 

ALMA MATER, año II, N° 8, p. 28.

La Habana, junio de 1923 (SEDER, Stadium Universitario, Universidad de La Habana).

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