Lunes
27 de Marzo de 2017

¿Quién le pone el cascabel al látigo?

Cómo ser miki y no morir en el intento

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por Rodolfo Romero Reyes
Ilustración de Yaimel

Lo que empezó siendo una «moda inofensiva» devino «tribu urbana» y actualmente amenaza con convertirse en clase social. No estoy exagerando. Más allá del tono satírico con el que en esta misma sección me he referido a ellos (Véase: «La primera guerra de las tribus urbanas», en www.almamater.cu, revista No. 492, octubre 2010), en estos momentos considero que debemos estar bien alertas a la evolución y desarrollo de los «mikis».

Como suele suceder en la mayoría de las investigaciones serias, mis conclusiones son resultado de varias técnicas, entre las que se incluyen la revisión bibliográfica, la observación participante y el juego de roles (sí, porque incluso intenté por unos meses comportarme como un miki).

Atendiendo al estado del arte, no existe aún una definición conceptual que contemple todas las aristas de las personas jóvenes (y no tan jóvenes) que se suman a este grupo social. Al principio el término era asociado a quienes vestían a la moda, tenían comportamientos «plásticos» (saludos chillones, muecas exageradas, sobreuso de anglicismos), escuchaban música en inglés y tenían una preferencia por el color rosado. Ahora las cosas han cambiado.

Lo sé porque hace unos meses, mientras entrevistábamos para una webserie a una adolescente de Centro Habana, supimos que entre sus aspiraciones estaba tener un amigo miki. Ella se asumía repa y decía que una posible amistad con un miki la enriquecería espiritualmente, le aportaría buenos consejos, la ayudaría. Ese criterio desmiente las teorías iniciales de que los mikis eran fríos y superficiales. También existen apasionados, ardientes y profundos. Si por un lado es positivo que el imaginario que sobre ellos tienen otros grupos haya cambiado para mejor, por otro, es alarmante la forma en que se ha consolidado su estatus social.

La mayoría de quienes se asumen como mikis tienen mucho dinero, por eso visten ropas caras y modernas, visitan bares, frecuentan hoteles, e incluso pueden practicar deportes «exóticos» como el golf, la pesca deportiva, el buceo. Sus zapatos parecen eternos; en el caso de las mujeres, porque tienen varios y se los ponen poco; en el caso de los hombres, porque son de marca, duran mucho y apenas los gastan (solo los usan para acelerar el carro, sostenerse encima de sus estruendosas motos, o caminar cortas distancias; si se ponen viejos los usan para correr).

Sus bebidas son de alcurnia: nada de cerveza Mayabe, ni siquiera Ron Havana Club de 3.85 cuc; eso es para principiantes. Tienen la última generación de dispositivos móviles y en muy contadas ocasiones cogen guaguas. Si salen a pasear, y no tienen carro propio, lo mínimo es pagar un taxi: no se puede sudar antes de llegar al lugar, porque se corre el maquillaje o se pierde el perfume (aunque a los mikis «originales» el perfume no se les cae ni aún después de hacer el amor).

Hasta aquí he mencionado algunos resultados preliminares, pero una vez que intenté insertarme en su mundo tropecé con algunos obstáculos. Solo listaré los cuatro primeros:

*Hay bares frecuentados por mikis en los que, aunque «te tires» las mejores prendas, el muchacho de la puerta te dice que el bar está lleno o que ellos se reservan el derecho a la admisión. Es como si supieran que tú no eres un miki de raza.

*Cuando ahorras para comprarte un perfume que cueste 20.80 cuc (como los Antonio Banderas), ese mismo día descubres que hay perfumes que cuestan 80.00 cuc y que esos son los indicados.

*Si decides inscribirte en un gimnasio supuestamente miki —que cueste 10 cuc al mes— descubrirás, en menos de una semana, que los verdaderos mikis no frecuentan este espacio, sino que ahora hacen spinning y pagan 2 cuc la hora, lo que equivaldría a más de 40 cuc mensuales.

*Por muchas marcas que memorices (para andar como pez en el agua en alguna «conversación miki» que pueda surgir) nunca son suficientes.

Eso ha generado preocupaciones. Si se siguen expandiendo… ¿cómo sería un país dominado por los mikis? ¿Qué ocurrirá con quienes no igualen sus ingresos económicos: repas, emos, frikis? ¿Los libros de historia en el futuro hablarán de mikis, burgueses, obreros y campesinos? ¿Cuál será el grupo destinado a enfrentarlos y ponerle fin a su reinado? Imagino el epitafio del líder del movimiento: «¡repas de cualquier barrio, uníos!»

 


 

El tutor clasificado (septiembre/2016)

Hace seis años, cuando todavía estudiaba en la Universidad de La Habana, decidí clasificar a los tutores universitarios. En ese momento solo conocía al «arquitecto» Dasniel Olivera, quien dio forma a lo que aspiraba a ser mi tesis de licenciatura. No había tenido el placer de ser acompañado por «la musa» Tamara y «la viajera» Martuli en los andares de la maestría.

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Cinco cuentos del tío Lin  (Tercera parte y final) (julio - agosto/2016)

Uno de los amigos del Chino se llamaba David y, en la época en que estudiaban en la antigua URSS, enamoraba a cuanta rumana le cruzara por delante. A una de ellas, le llamaban «la capatcina». Era viuda y madre de un niño de siete años. David fue a vivir para su casa y para gozar de plenas libertades sexuales, les mintieron a los padres de ella y les dijeron que él padecía de disfunción eréctil y debería volver a Cuba para atenderse con un especialista...

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Cinco cuentos del tío Lin (segunda parte) (junio/2016)

Las películas de Erol Flinn se hacían cada vez más populares. El  famoso actor que en una ocasión «murió con las botas puestas», y en otra interpretó al temido Capitán Blood, estaba de moda. Las largas colas en los cines eran  costumbre y la gente disfrutaba de las emocionantes aventuras.

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Cinco cuentos del tío Lin (mayo/2016)

La recopilación de cuentos narrada a continuación es protagonizada por Roger Antonio Chiong Molina. Es hijo del chino Antonio (nombre que adoptó al llegar de Cantón) y de Isabel, una cubana nacida en Remedios. Este singular chino, que mide 1,77 y calza el 43 en sus zapatos, tiene muchas historias que contar.

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¿Cómo ganarse 100 CUC en Cuba? (marzo/2016)

Un amigo me hizo la invitación. Yo no me pierdo ningún espacio que propicie buenos debates o sirva para socializar. Acepté sin conocer siquiera el tema a tratar. Confié ciegamente en la cercana recomendación y llegué al lugar de la cita.

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Los «hijos de papá» (febrero/2016)

No recuerdo qué edad habré tenido yo cuando escuché por primera vez la frase: los «hijitos de papá». Sí recuerdo los contextos. Amigos o familiares hablaban de sus escuelas, diferencias sociales o recuerdos de juventud y hacían alusión a ellos, casi siempre de forma despectiva. «La Lenin siempre fue la mejor porque allí estudiaban los “hijos de papá”»…

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Flores… ¿para quién? (enero/2016)

Camino por las avenidas de Miramar buscando su dirección. Justo cuando doy con la calle, tropiezo con un vendedor de flores. Asombrado por mi hallazgo —pues ya no se ven flores en La Habana—, al menos a buen precio, decido aprovechar y comprar algunas para mi novia…

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