Jueves
19 de Octubre de 2017

¿Quién le pone el cascabel al látigo?

El palón divino

 

Por Rodolfo Romero Reyes
Ilustración de Yaimel
Fecha: 14 de Julio de 2017

Por mucho que uno intente ser repa, escuchar y entender el reguetón, e incluso ser defensor en algunos espacios de este género, la realidad te supera. El ejemplo mejor soy yo —modestia, apártate que viene la galleta—, disfruté la adolescencia con los orígenes de esta música contagiosa, tuve novias de las que algunas canciones de Don Omar, Daddy Yankee, Wisin, Yandel, evocan recuerdos; estudié periodismo mientras se separaban Baby Lores e Insurrecto y se unían el Chacal y Yakarta, culminé mi servicio social con Alexander garantizando la inmortalidad de su sello Gente de Zona y, aun así, la vida me da sorpresas.

En una reunión de trabajo alguien pregunta, asumiendo que, aunque la mayoría no sabría, yo seguramente daba en el clavo: «Caballero, ¿ya escucharon la canción del Palón divino? Mi respuesta negativa fue seguida de un grupo de comentarios: «Sí, el otro día lo pusieron en la guagua»; «Mi sobrina la tiene» y —este para mí es el más desafortunado—: «yo ­descubrí el palón divino en Camagüey, con los muchachos del Fajardo que estaban en las Universiadas».

De ahí en adelante pasó lo que siempre pasa cuando un grupo de profesionales descubren un tema nuevo de reguetón, empiezan a denigrar el género. Intenté salir en su defensa, pero al escuchar la frase más pegajosa del nuevo hit me quedé prácticamente sin argumentos: «Soy negro, soy feo, pero soy tu asesino, no es la cara ni el cuerpo ma, es mi palón divino».

Una de las cosas buenas que tiene el reguetón es que siempre nutre de contenido la sección humorística de esta revista. Como saben quienes nos leen asiduamente, intentamos indagar un poco para no irnos con la de trapo. En este caso, el autor del tema es Chocolate, quien compuso letras inolvidables como «Parapapanpan, cógelo suave que esto aquí no es un campismo» y «¡Qué viva la leche!»; versionó junto a Chacal y Yakarta la canción infantil «Dale pal hospital», compartió con ellos la autoría de «Sexo, yo lo que quiero es sexo» y popularizó el baile más famoso de la temporada anterior, «El guachineo».

Es decir, no es de los reguetoneros el de peor trayectoria. Tampoco es el primero que menciona al «palo» en las canciones. Recuerden «échale un palo, dos más, tres palos» o «esto es un palo por la cara»; aunque no se referían directamente al miembro reproductor masculino. Este había sido denominado anteriormente como «tuba» —que se partía en dos y en tres—, «tubo» en la canción de Los tres gatos, «la cañandonga», «el tubazo», «mi amiguito el Pipi», «la guaripola», entre otros.

En este punto se observa cierto androcentrismo. Si bien es verdad que el reguetón en su mayoría es falocéntrico, también el mundo repa ha destinado sustantivos un tanto creativos para referirse a las partes íntimas de la mujer como «El pudín» y «La popola».

¿Dónde radica el éxito de Chocolate entonces? Primero: la supremacía de su falo que lo ubica vencedor en todas las ligas

—obsérvese que gana por tamaño, palón, y también por su omnipotencia, divino—; segundo, ­refuerza mitos populares —es negro, de ahí el palón—; tercero, defiende que las mujeres no son superficiales pues no se fijan en la cara ni en el cuerpo; y cuarto, antes de que el tema agote sus semanas de popularidad ha tenido la capacidad de componer una nueva canción que continúa la saga.

Para todo artista hacer la segunda parte de una película, novela o canción, es un reto con independencia de que sea cine, literatura o música. En ­cambio, el talentoso joven cubano aparece enseguida con una composición en la que mantiene su espíritu crítico de la primera entrega —sigue siendo feo—, pero le ofrece a su mujer —en este caso, mulata— un rol menos pasivo que ese al que habitualmente están condenadas en otras canciones de reguetón.

Obviamente, producto de lo fugaz que resultó el tiempo empleado para componer, se ve como Chocolate usa palabras similares, misma melodía ­e ­idéntico lenguaje vulgar. La segunda parte de esta canción, que ya se repite y tararea en discotecas, barrios y universidades de todo el país, dice: «Yo sé que yo soy tu asesino, pero tengo que reconocer que tú eres mi asesina, que yo sé que yo te di a ti con mi palón divino, y después tú me metiste a mí con tu tota divina».

Un detalle que la crítica no pasa por alto es la magnitud del «sexo fuerte» que practican los reguetoneros. Fíjense que tanto el palón como su opuesto femenino no se utilizan para compenetrarse sino como instrumento de violencia: él le da con su palón divino y ella también lo golpea con su divinidad.

Lo que sí es seguro, amigos y amigas, es que, desde la primera parte de esta serie musical, Chocolate evitó el fenómeno conocido como «la tiradera». La guerra de tronos por el título del «palón divino» queda reducida a un grupo muy selecto, integrado únicamente por el Micha —en esa liga no compiten ni Alexander, ni Jorgito Junior, mucho menos el Yonqui. El resto podrá intentarlo, pero les auguro un fracaso. ¿Qué pudieran cantarle, en respuesta, Osmany García, Baby Lores, Yomil? «Soy blanco, bajito, ni siquiera tengo palón, lo que tengo es un palito».

 

 


  La venganza de Pamela (mayo-junio/2017)

Pudo haber sido peor. Si en vez de irrumpir en la actualidad, hubiese nacido siglos atrás, nuestra historia hubiese sido bien distinta. Imaginen al destacado almirante diciendo a viva voz: «Esta es la tierra con más pinta, a la que ojos humanos le han echado un looking».

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  La venganza de los tutores (marzo-abril/2017)

Meses atrás esta sección publicó «El tutor clasificado», una construcción colectiva que hicieron algunas diplomantes con las que he compartido tesis en mis casi seis años de profesor universitario.

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  ¡Hasta que se seque el Malecón! (enero-febrero/2017)

El reguetón, polémico, criticado, ha llegado para quedarse. Su jerga —o la jerga callejera que se amplifica en sus canciones—, ha invadido los círculos más exclusivos, de élite, de nuestra sociedad.

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Rutinas en un gimnasio (diciembre/2016)

Nemo y yo compartimos esta sección desde hace unos cuantos años. Como buenos colegas nos alternamos artículos y salarios (aunque estos últimos tengan carácter simbólico). ..

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Cómo ser miki y no morir en el intento (noviembre/2016)

Lo que empezó siendo una «moda inofensiva» devino «tribu urbana» y actualmente amenaza con convertirse en clase social. No estoy exagerando. Más allá del tono satírico con el que en esta misma sección me he referido a ellos (Véase: «La primera guerra de las tribus urbanas», en www.almamater.cu, revista No. 492, octubre 2010), en estos momentos considero que debemos estar bien alertas a la evolución y desarrollo de los «mikis».

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  El tutor clasificado (septiembre/2016)

Hace seis años, cuando todavía estudiaba en la Universidad de La Habana, decidí clasificar a los tutores universitarios. En ese momento solo conocía al «arquitecto» Dasniel Olivera, quien dio forma a lo que aspiraba a ser mi tesis de licenciatura. No había tenido el placer de ser acompañado por «la musa» Tamara y «la viajera» Martuli en los andares de la maestría.

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Cinco cuentos del tío Lin  (Tercera parte y final) (julio - agosto/2016)

Uno de los amigos del Chino se llamaba David y, en la época en que estudiaban en la antigua URSS, enamoraba a cuanta rumana le cruzara por delante. A una de ellas, le llamaban «la capatcina». Era viuda y madre de un niño de siete años. David fue a vivir para su casa y para gozar de plenas libertades sexuales, les mintieron a los padres de ella y les dijeron que él padecía de disfunción eréctil y debería volver a Cuba para atenderse con un especialista...

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Cinco cuentos del tío Lin (segunda parte) (junio/2016)

Las películas de Erol Flinn se hacían cada vez más populares. El  famoso actor que en una ocasión «murió con las botas puestas», y en otra interpretó al temido Capitán Blood, estaba de moda. Las largas colas en los cines eran  costumbre y la gente disfrutaba de las emocionantes aventuras.

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Cinco cuentos del tío Lin (mayo/2016)

La recopilación de cuentos narrada a continuación es protagonizada por Roger Antonio Chiong Molina. Es hijo del chino Antonio (nombre que adoptó al llegar de Cantón) y de Isabel, una cubana nacida en Remedios. Este singular chino, que mide 1,77 y calza el 43 en sus zapatos, tiene muchas historias que contar.

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¿Cómo ganarse 100 CUC en Cuba? (marzo/2016)

Un amigo me hizo la invitación. Yo no me pierdo ningún espacio que propicie buenos debates o sirva para socializar. Acepté sin conocer siquiera el tema a tratar. Confié ciegamente en la cercana recomendación y llegué al lugar de la cita.

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Los «hijos de papá» (febrero/2016)

No recuerdo qué edad habré tenido yo cuando escuché por primera vez la frase: los «hijitos de papá». Sí recuerdo los contextos. Amigos o familiares hablaban de sus escuelas, diferencias sociales o recuerdos de juventud y hacían alusión a ellos, casi siempre de forma despectiva. «La Lenin siempre fue la mejor porque allí estudiaban los “hijos de papá”»…

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Flores… ¿para quién? (enero/2016)

Camino por las avenidas de Miramar buscando su dirección. Justo cuando doy con la calle, tropiezo con un vendedor de flores. Asombrado por mi hallazgo —pues ya no se ven flores en La Habana—, al menos a buen precio, decido aprovechar y comprar algunas para mi novia…

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