Viernes
14 de Diciembre de 2018

¿Quién le pone el cascabel al látigo?

Una guagua en Nuevo Vedado

 
Autor: Nemo
Ilustración de Yaimel
Fecha: 22 de Marzo de 2018
 

La noticia se propagó de boca en boca y sí, realmente el hecho clasificaba como noticioso. Aunque el reparto es céntrico y por sus márgenes confluyen infinidad de rutas principales (de ahí su abreviatura con P de principales: P-4, P-9) y otras rutas alimentadoras (69, 27, 179), nunca en la historia de aquella opulenta barriada del famoso municipio capitalino Plaza de la Revolución, había existido una ruta de ómnibus que atravesara parte de sus calles interiores. El anuncio de la A44 merecía titular en primera plana.

Desacostumbrados los vecinos del lugar —y también imagino que las autoridades provinciales— a estas rutinas, la señalética para indicar las paradas resultó de las peores del país. Quizás se agotaron las señaléticas azules que tradicionalmente se utilizan, o tal vez, los cartones viejos escritos con plumón negro, fue un intento por mostrar una cuota de humildad ante semejante conglomerado de mansiones y casas enormes, que no es lo mismo, pero es igual.

Como aquellos famosos periodistas que desenmascararon «Watergate» dando una cobertura, nota tras nota, de los resultados de su investigación en curso, deduje que ese hecho aparentemente  intrascendente, desembocaría en nuevos sucesos de interés público. La primicia no se hizo esperar, por primera vez en la historia de Cuba, los vecinos de un barrio escribieron una carta protestando por el paso de la guagua por sus calles.

Para los lectores foráneos, es útil aclarar que, con los problemas que históricamente ha presentado el transporte público en la Isla —consecuencia directa del férreo bloqueo económico impuesto injustamente por el gobierno de Estados Unidos contra Cuba—, lo común es que las cartas de la población sean para solicitar que las guaguas pasen por los vecindarios, nunca lo contrario. Por tanto, la actitud de aquellos vecinos resultaba inverosímil.

La carta en cuestión movilizó a las autoridades locales del Poder Popular. Un joven delegado, recién electo, convocó a vecinos y autoridades para atender la demanda colectiva. Antes de la reunión, mi investigación periodística había arrojado dos resultados preliminares.

El primero era que «todo el vecindario» era en realidad seis o siete vecinos inconformes. Segundo, el reclamo de un firmante no representaba obligatoriamente a toda la familia. «Papá, se puede saber por qué tu firmaste esa carta, qué bien se ve que tú te vas en el carro temprano para el trabajo, pero la que va al tecnológico y vira en la guagua soy yo, procura que no la quiten porque me vas a tener que comprar una moto eléctrica», reclamó en altercado familiar una de las adolescentes del barrio.

Con estos dos elementos, tuve la certeza de que la demanda no procedía. Sin poder presentarme a la cita nocturna, pues obviamente al vivir en Guanabacoa mi presencia allí resultaría sospechosa, decidí auxiliarme de una «Garganta Profunda» que sí residía en el lugar en cuestión.

En el cónclave se expusieron dos criterios. Quienes defendían el paso de la guagua argumentaban que los demás eran unos egoístas que tenían carros y por eso no necesitaban el medio de transporte colectivo. Los demandantes, en cambio, aludían otras cuestiones. En primer lugar estaban «preocupados» porque el paso de la guagua todos los días afectara el asfalto y produjera baches innecesarios —lo cual a juicio de GP afectaba directamente a sus carros—; en segundo, el ruido provocado por el motor y el claxon atentaría contra la tranquilidad que se respira en la vecindad —a juicio de este periodista, muchas de estas casas no se afectan por los ruidos, por sus gruesas paredes, aires acondicionados, equipos de música y largos pasillos—; y, como tercer aspecto, defendían la seguridad vial de niñas y niños que transitan para las escuelas —me pregunto si solo en Nuevo Vedado conviven escuelas, niños y guaguas.

Por fin se impuso el sentido común, la democracia, el consenso ciudadano y el poder del pueblo: «la guagua se queda», anunció el «apuesto» delegado —según adjetivo utilizado por Garganta—.

Los demandantes no se fueron derrotados: la guagua que antes entraba y salía al reparto por una misma calle, modificó levemente su ruta para no producir tantos baches. Hasta yo salí beneficiado: encontré un nuevo tema de investigación, el transporte público en La Habana, fuente inagotable de conflictos que seguramente me dará trigo para múltiples trabajos periodísticos.

 
 

  Contraindicaciones (febrero/2018)

Si por casualidad le quedan dudas de cuánto en verdad lo estimo, lea esta breve misiva. Me lo agradecerá la vida entera.

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  Hay cada nombres, qué pa´qué… (enero/2018)

Meses atrás debí escribir un artículo sobre la costumbre que tenemos en Cuba —quizás también en otras partes del mundo—, de ponernos creativos a la hora de dar nombres propios. ¿Mileidy o Maivi? ¿Ernesto o Camilo? También pueden ser opciones Yosmara, Yosbel, Leidan, Franmar, Julimar, Legna… Una vez, durante el Tercer Congreso Pioneril, conocí a un señor que se llamaba Centurión Custodio.

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  Las croquetas (diciembre/2017)

Hace mucho tiempo leí en algún lugar: «No intentes gustarle a todo el mundo, tú no eres una croqueta». Es verdad. Nadie sabe cómo —quizás la culpa la tuvo la primera persona que decidió incluirlas en las fiestas de cumpleaños—, pero lo cierto es que desde que somos niñas o niños las degustamos con gran entusiasmo; resultan adictivas.

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  La cosa no siempre va de latigazos (noviembre/2017)

El periodo especial en Cuba trajo consecuencias negativas en casi todos los ámbitos de la vida social. Las publicaciones impresas, y entre ellas Alma Mater, estuvieron a punto de desaparecer. La voz de los universitarios cubanos cambió su formato a uno más económico, disminuyó su tirada y empezó a salir con una frecuencia anual. Aun así, en cada número, el humor estuvo presente...

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Tres noticias del mundo repa (octubre/2017)

El reguetonero cubano Yosvanis Sierra, conocido por los lectores de Alma Mater como «Chocolate», volvió a ser noticia. Lo fue, cuando popularizó el baile del Guachineo y, recientemente, cuando puso a escuchar a media Cuba —para nuestra desgracia— su «palón divino». Ahora la noticia es que fue a la cárcel y salió después de pagar una fianza de 170 mil dólares, impuesta por una jueza del condado Miami-Dade, donde se encontraba «el Choco» con visa de turista.

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  Mi papá trabaja en «los mosquitos» (septiembre/2017)

Ante la ofensiva que lleva Cuba contra el aedes aegypti, muchos universitarios se han debido sumar oportunamente a las acciones que combaten al insecto y previenen la propagación del tan temido dengue. Por tanto, en momentos como este, de lucha intensa, quiero escribir sobre un «combatiente» ejemplar: mi padre, quien desde hace alrededor de diez años trabaja, como se dice en Cuba, en «los mosquitos».

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  El palón divino (julio-agosto/2017)

Por mucho que uno intente ser repa, escuchar y entender el reguetón, e incluso ser defensor en algunos espacios de este género, la realidad te supera. El ejemplo mejor soy yo —modestia, apártate que viene la galleta—, disfruté la adolescencia con los orígenes de esta música contagiosa, tuve novias de las que algunas canciones de Don Omar, Daddy Yankee, Wisin, Yandel, evocan recuerdos...

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  La venganza de Pamela (mayo-junio/2017)

Pudo haber sido peor. Si en vez de irrumpir en la actualidad, hubiese nacido siglos atrás, nuestra historia hubiese sido bien distinta. Imaginen al destacado almirante diciendo a viva voz: «Esta es la tierra con más pinta, a la que ojos humanos le han echado un looking».

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  La venganza de los tutores (marzo-abril/2017)

Meses atrás esta sección publicó «El tutor clasificado», una construcción colectiva que hicieron algunas diplomantes con las que he compartido tesis en mis casi seis años de profesor universitario.

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  ¡Hasta que se seque el Malecón! (enero-febrero/2017)

El reguetón, polémico, criticado, ha llegado para quedarse. Su jerga —o la jerga callejera que se amplifica en sus canciones—, ha invadido los círculos más exclusivos, de élite, de nuestra sociedad.

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Rutinas en un gimnasio (diciembre/2016)

Nemo y yo compartimos esta sección desde hace unos cuantos años. Como buenos colegas nos alternamos artículos y salarios (aunque estos últimos tengan carácter simbólico). ..

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Cómo ser miki y no morir en el intento (noviembre/2016)

Lo que empezó siendo una «moda inofensiva» devino «tribu urbana» y actualmente amenaza con convertirse en clase social. No estoy exagerando. Más allá del tono satírico con el que en esta misma sección me he referido a ellos (Véase: «La primera guerra de las tribus urbanas», en www.almamater.cu, revista No. 492, octubre 2010), en estos momentos considero que debemos estar bien alertas a la evolución y desarrollo de los «mikis».

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  El tutor clasificado (septiembre/2016)

Hace seis años, cuando todavía estudiaba en la Universidad de La Habana, decidí clasificar a los tutores universitarios. En ese momento solo conocía al «arquitecto» Dasniel Olivera, quien dio forma a lo que aspiraba a ser mi tesis de licenciatura. No había tenido el placer de ser acompañado por «la musa» Tamara y «la viajera» Martuli en los andares de la maestría.

Leer más... http://www.almamater.cu/revista/el-tutor-clasificado

 

Cinco cuentos del tío Lin  (Tercera parte y final) (julio - agosto/2016)

Uno de los amigos del Chino se llamaba David y, en la época en que estudiaban en la antigua URSS, enamoraba a cuanta rumana le cruzara por delante. A una de ellas, le llamaban «la capatcina». Era viuda y madre de un niño de siete años. David fue a vivir para su casa y para gozar de plenas libertades sexuales, les mintieron a los padres de ella y les dijeron que él padecía de disfunción eréctil y debería volver a Cuba para atenderse con un especialista...

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Cinco cuentos del tío Lin (segunda parte) (junio/2016)

Las películas de Erol Flinn se hacían cada vez más populares. El  famoso actor que en una ocasión «murió con las botas puestas», y en otra interpretó al temido Capitán Blood, estaba de moda. Las largas colas en los cines eran  costumbre y la gente disfrutaba de las emocionantes aventuras.

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Cinco cuentos del tío Lin (mayo/2016)

La recopilación de cuentos narrada a continuación es protagonizada por Roger Antonio Chiong Molina. Es hijo del chino Antonio (nombre que adoptó al llegar de Cantón) y de Isabel, una cubana nacida en Remedios. Este singular chino, que mide 1,77 y calza el 43 en sus zapatos, tiene muchas historias que contar.

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¿Cómo ganarse 100 CUC en Cuba? (marzo/2016)

Un amigo me hizo la invitación. Yo no me pierdo ningún espacio que propicie buenos debates o sirva para socializar. Acepté sin conocer siquiera el tema a tratar. Confié ciegamente en la cercana recomendación y llegué al lugar de la cita.

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Los «hijos de papá» (febrero/2016)

No recuerdo qué edad habré tenido yo cuando escuché por primera vez la frase: los «hijitos de papá». Sí recuerdo los contextos. Amigos o familiares hablaban de sus escuelas, diferencias sociales o recuerdos de juventud y hacían alusión a ellos, casi siempre de forma despectiva. «La Lenin siempre fue la mejor porque allí estudiaban los “hijos de papá”»…

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Flores… ¿para quién? (enero/2016)

Camino por las avenidas de Miramar buscando su dirección. Justo cuando doy con la calle, tropiezo con un vendedor de flores. Asombrado por mi hallazgo —pues ya no se ven flores en La Habana—, al menos a buen precio, decido aprovechar y comprar algunas para mi novia…

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