Jueves
27 de Abril de 2017

¿Quién le pone el cascabel al látigo?

La venganza de los tutores

Por Nemo
Ilustración de Miguel Leiva
Fecha: 7 de Abril de 2017

Meses atrás esta sección publicó «El tutor clasificado», una construcción colectiva que hicieron algunas diplomantes con las que he compartido tesis en mis casi seis años de profesor universitario.

Algunos docentes de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana (Fcom) leyeron el texto y me preguntaron: ¿Y cuándo vas a etiquetar a los diplomantes? Les devolví la interrogante y en una suerte de creación colectiva mis colegas Tania, Heidy y Geisel

—aún no sé por qué Dasniel no se ha sumado—, propusieron clasificaciones para aquellos y aquellas que al llegar a su quinto o sexto curso asumen la investigación académica como cierre de su formación. Estaríamos hablando de diplomantes:

Globos: Siempre están en el aire.

Oxigenados: Se especializan en inflar globos.

Barrocos: Hacen un PPT abarrotado de información, figuras y colores.

Emancipados: No aceptan que sus tutores participen en la predefensa.

Dietéticos: Regularmente afirman: «Mañana empiezo y me pongo con todo».

Sordomudos: No te escuchan nunca, pero tampoco pueden explicarte nada de su proyecto.

No-hispanohablantes: «¡¡¡Ay, el idioma español!!! ¿Dónde estás que no te veo? ¡Ni te oigo, ni te leo!».

Tardíos: No llegan puntuales a ninguna de las consultas, e incluso se retrasan el día de la exposición final.

Tímidos: Les da pena rebatir ideas, expresarse alto, aplicar instrumentos, hacer la predefensa, e incluso, discutir la tesis.

Generosos: No paran de mandar textos que según ellos les pueden servir a sus compañeros diplomantes dietéticos.

Guatacones: Ponen al tutor en el primer lugar en los agradecimientos, lo atiborran de elogios exagerados y palabritas cursis.

Alcohólicos anónimos: El 80 por ciento de la tesis la hicieron en el bar, pero el tutor nunca lo supo —en parte porque nunca lo invitaron.

Sacrificados: Cada día les aparece algo urgente que les impide avanzar en la tesis: tienen que limpiar el teclado, formatear el texto o leer en wikipedia la vida de la tía de Canclini.

 

Magos: Los ves ahora y después… ¡ya no los ves! Se dan tremendas  perdidas. Cuando finalmente aparecen se les borró todo, las memorias no les sirven, tuvieron que atender a familiares que llegaron «de afuera».

Tecnológicos: Tienen superlaptops con programas que no son compatibles con nadie. Graban todas sus consultas en sus superteléfonos y después con sus superaudífonos lo transcriben todo. Sueñan con un dispositivo que teclee mientras ellos les dictan sus ideas.

Actores: En las consultas todo es mesurado, tranquilo, despejado. Ellos escuchan con atención, intercambian ideas, avanzan… En cambio, en la discusión de la tesis se presentan irreconocibles, con exagerados maquillajes y vestuarios extravagantes. Hacen toda una representación en su exposición que a todos deja boquiabiertos.

Y para cerrar, los que son «de marca»:

Diplomantes Walt Whitman: se cantan y se celebran a ellos mismos.

Los «Papas calientes»: pasan de mano en mano y ningún tutor quiere quedarse con ellos.

Diplomantes Ban Ki-Moon: sus tesis resolverán el cambio climático, erradicarán el hambre en África y acabarán con el yihadismo.

DOTA: Pasan horas enteras pegados a las computadoras, noches completas sin dormir, jugando, jugando, jugando. 

Victoria Secret: Lo único que hacen es pensar en la ropa que van a modelar durante la defensa, en la «percha» para la graduación y para la fiesta, además del bufet para el brindis que seguramente prohibió el rector.

Web 2.0: Por el muro de Facebook y su perfil en Twitter sabes cómo están, en qué han avanzado y cuáles son sus siguientes pasos. Lamentablemente, cuando despachas con ellos off line descubres que todo era pura realidad virtual.

 


 

  ¡Hasta que se seque el Malecón! (enero-febrero/2017)

El reguetón, polémico, criticado, ha llegado para quedarse. Su jerga —o la jerga callejera que se amplifica en sus canciones—, ha invadido los círculos más exclusivos, de élite, de nuestra sociedad.

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Rutinas en un gimnasio (diciembre/2016)

Nemo y yo compartimos esta sección desde hace unos cuantos años. Como buenos colegas nos alternamos artículos y salarios (aunque estos últimos tengan carácter simbólico). ..

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Cómo ser miki y no morir en el intento (noviembre/2016)

Lo que empezó siendo una «moda inofensiva» devino «tribu urbana» y actualmente amenaza con convertirse en clase social. No estoy exagerando. Más allá del tono satírico con el que en esta misma sección me he referido a ellos (Véase: «La primera guerra de las tribus urbanas», en www.almamater.cu, revista No. 492, octubre 2010), en estos momentos considero que debemos estar bien alertas a la evolución y desarrollo de los «mikis».

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  El tutor clasificado (septiembre/2016)

Hace seis años, cuando todavía estudiaba en la Universidad de La Habana, decidí clasificar a los tutores universitarios. En ese momento solo conocía al «arquitecto» Dasniel Olivera, quien dio forma a lo que aspiraba a ser mi tesis de licenciatura. No había tenido el placer de ser acompañado por «la musa» Tamara y «la viajera» Martuli en los andares de la maestría.

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Cinco cuentos del tío Lin  (Tercera parte y final) (julio - agosto/2016)

Uno de los amigos del Chino se llamaba David y, en la época en que estudiaban en la antigua URSS, enamoraba a cuanta rumana le cruzara por delante. A una de ellas, le llamaban «la capatcina». Era viuda y madre de un niño de siete años. David fue a vivir para su casa y para gozar de plenas libertades sexuales, les mintieron a los padres de ella y les dijeron que él padecía de disfunción eréctil y debería volver a Cuba para atenderse con un especialista...

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Cinco cuentos del tío Lin (segunda parte) (junio/2016)

Las películas de Erol Flinn se hacían cada vez más populares. El  famoso actor que en una ocasión «murió con las botas puestas», y en otra interpretó al temido Capitán Blood, estaba de moda. Las largas colas en los cines eran  costumbre y la gente disfrutaba de las emocionantes aventuras.

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Cinco cuentos del tío Lin (mayo/2016)

La recopilación de cuentos narrada a continuación es protagonizada por Roger Antonio Chiong Molina. Es hijo del chino Antonio (nombre que adoptó al llegar de Cantón) y de Isabel, una cubana nacida en Remedios. Este singular chino, que mide 1,77 y calza el 43 en sus zapatos, tiene muchas historias que contar.

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¿Cómo ganarse 100 CUC en Cuba? (marzo/2016)

Un amigo me hizo la invitación. Yo no me pierdo ningún espacio que propicie buenos debates o sirva para socializar. Acepté sin conocer siquiera el tema a tratar. Confié ciegamente en la cercana recomendación y llegué al lugar de la cita.

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Los «hijos de papá» (febrero/2016)

No recuerdo qué edad habré tenido yo cuando escuché por primera vez la frase: los «hijitos de papá». Sí recuerdo los contextos. Amigos o familiares hablaban de sus escuelas, diferencias sociales o recuerdos de juventud y hacían alusión a ellos, casi siempre de forma despectiva. «La Lenin siempre fue la mejor porque allí estudiaban los “hijos de papá”»…

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Flores… ¿para quién? (enero/2016)

Camino por las avenidas de Miramar buscando su dirección. Justo cuando doy con la calle, tropiezo con un vendedor de flores. Asombrado por mi hallazgo —pues ya no se ven flores en La Habana—, al menos a buen precio, decido aprovechar y comprar algunas para mi novia…

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