Jueves
14 de Noviembre de 2019
Historia

13 de marzo: cuatro datos históricos que seguro no sabes

Autor: Verónica Alemán Cruz
Fotos: De la autora
Fecha: 13 de Marzo de 2019
13 de marzo de 1956.  A sesenta y dos años de la acción armada llevada a cabo por el Directorio Revolucionario, continúan despejándose incógnitas históricas sobre aquel acontecimiento.

Remembranza de un estudiante

«Era un día cualquiera. La Universidad de La Habana, desde los sucesos del 30 de noviembre de 1956, había sido cerrada. La ciudad despertó tranquila, pero pronto se convirtió en un hervidero revolucionario de jóvenes», me confiesa mientras conversamos, el doctor Héctor José Terry Molinet, quien estudiaba Medicina y pertenecía al Directorio Revolucionario.

«Sabíamos que algo grande se estaba preparando, pero desconocíamos el momento exacto. Solo después del asalto al Palacio Presidencial, supimos que la justificación para cerrar la universidad era salvaguardar la vida de los estudiantes. La casa de altos estudios era el puesto de mando una vez concluidas la acciones; y si el curso regular estaba abierto, la tiranía batistiana habría desplegado su rabia contra todos los que allí estudiábamos».

13 de marzo de 1956. ¿Dónde estaba «el gordo» un año antes de morir?

«El gordo, o Manzanita -como solían llamarle cariñosamente a José Antonio Echeverría- cayó vilmente asesinado ese día, a un costado de la colina universitaria… Pero quién diría que, el mismo día, un año antes de que perdiera la vida, logró eliminar las novatadas universitarias.

«El 12 de marzo de 1956, los estudiantes de grados superiores de la Escuela de Medicina (que radicaba en aquella época en lo que conocemos hoy como Facultad de Biología), bajaron en manada al aula de primer año para, como ya ellos habían experimentado en años anteriores, “desquitarse” y cobrar a los que se iniciaban, las novatadas universitarias. Dichas acciones eran una tradición bastante sufrida en todas las universidades y segundas enseñanzas del país. Consistían, básicamente, en ridiculizar con bromas de muy mal gusto a los primerizos, ya fuera pintándolos, cortándoles el cabello, quitándoles los zapatos, rasgándole las ropas; o cualquier otra idea que surgiese por la mente del victimario antes de atacar a su presa.

«El grupo de Medicina que había comenzado la carrera ese año, estaba formado por muchos integrantes del Directorio Revolucionario, y se oponían fervientemente a semejante práctica. Como no permitieron a años superiores cometer sus ultrajes, la facultad se convirtió en una batalla campal que, al día siguiente, continuó. Y José Antonio Echeverría logró, mediante un discurso en plena calle frente al hospital Calixto García, eliminar completamente de todas las enseñanzas el tortuoso día de la novatada universitaria».

Secretos que aún guarda el Palacio

La entrada

Curiosa ante lo que estaba aprendiendo, no pude evitar volver al lugar de los hechos. El Palacio Presidencial —hoy Museo de la Revolución— mantiene la memoria viva de esa hazaña. Allí supe, gracias a la museóloga, que la entrada al Palacio los asaltantes la realizaron por detrás, ya que la puerta que hoy ofrece el acceso al público visitante siempre permanecía cerrada, y solo se abría para visitas presidenciales que recibiera el máximo gobernante.

Entre las diferentes operaciones que realizaron los jóvenes antes de atacar, estaba la vigilancia a la instalación. La señal para atacar, después de una exhaustiva guardia, sería cuando los centinelas colocaran las cadenas que se encuentran a la entrada de la residencia, acción que siempre realizaban en el momento en que el presidente iba a descansar.

Escondite de Fulgencio Batista

El tirano, en el momento de la irrupción, se hallaba en su despacho presidencial, en la segunda planta. Cuando los combatientes logran entrar al patio, Batista estaba en la cuarta planta. Una escalera, todavía hoy secreta, lo llevó a uno de los pisos superiores con el propósito de salvaguardar su vida. Desde allí, dio órdenes de colocar una metralleta calibre 30 para aniquilar a los combatientes. Una vez terminado la lucha, a las 5:00 p.m. bajó de su escondite y mandó a sanear el Palacio -completamente ensangrentado-, así como a rellenar con arena y cemento los impactos de bala que quedaron en la residencia. También mandó a elaborar unas grandes planchuelas de hierro fundido con unas miras en forma de triángulo alrededor de toda la primera planta, para que nunca más volviera a ocurrir otro asalto.

Estos impactos balísticos fueron restaurados y rescatados una vez el Palacio fue constituido Museo de la Revolución.

Y la emisora Radio Reloj ¿Por qué?

Conocida en aquellos tiempos como la planta del «tic tac» —porque emitía dicho sonido cada segundo mientras sus locutores leían las noticias—, era una emisora pirateada por disímiles cadenas nacionales, y en cuanto el presidente de la Federación Estudiantil Universitaria divulgara el hecho, los demás medios de prensa copiarían rápidamente la noticia.

Cuando al dirigente estudiantil, después de realizar su alocución, le informaron que estaban fuera del aire, en su retirada ejecutó unos disparos sobre el máster de la CMQ.

Estas son algunas de las particularidades que todavía, después de más de medio siglo, siguen sin divulgarse, en su totalidad, sobre el Asalto al Palacio Presidencial y la toma de Radio Reloj. La historia, como la vida, siempre nos guarda sus detalles más recónditos.

 

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