Miércoles
13 de Diciembre de 2017
Universidad

Abecé de la universidad (que no es un mero movimiento dialéctico)…

Autor: S. L. Chaviano
Fotos: Ilustración de Yaimel
Fecha: 11 de Octubre de 2017
Ilustración de Yaimel

El advenimiento de un nuevo curso escolar arriba siempre acompañado de numerosas ilusiones, compromisos y retos. El periodo lectivo marca también el reencuentro con amistades queridas y hasta con antiguos amores; además, con profesores que gozan de gran aprecio, incluso con otros no tan estimados...

Cada año se buscan resultados académicos superiores, y se espera que las universidades ofrezcan más oportunidades para el desenvolvimiento multidimensional de los estudiantes. A lo anterior se suma el hecho de que para quienes se inician en las aventuras universitarias, la incertidumbre se torna inevitable.

Los estudiantes de primer año se enfrentan a una enseñanza que, lejos de aplicar el acostumbrado discurso memorístico, requiere de aprehender los conocimientos sobre una base dialéctica. Es necesario que a estos les sean abiertas más posibilidades de integración a las dinámicas universitarias, toda vez que coadyuvan a su formación integral. Igualmente, contar con el apoyo de aquellos que acumulan más experiencias es sumamente reconfortante para su adaptación. En este sentido, la comunicación constituye el eslabón más importante para forjar nuevas relaciones que favorezcan la inclusión de los noveles.

Ciertamente, la exigencia en los exámenes, los trabajos investigativos desafiantes, los debates sobre contenidos polémicos, el arduo estudio de las materias, la convivencia con personas que poseen gustos e intereses totalmente desconocidos, el constante trabajo en equipo y la responsabilidad académica, así como una mayor independencia y madurez en la toma de decisiones de toda índole; son las razones que justifican que muchos describan su experiencia universitaria como la mejor etapa de sus vidas.

Una de las enseñanzas más gratificantes que se aprende desde el espacio básico de coexistencia, es decir, la clase, es aquella en la que se descubre el auténtico propósito de un docente, el cual no se circunscribe meramente a impartir toda su sabiduría, sino que trata de involucrarse con sus alumnos de tal manera que les permita conocerse, redescubrir una y otra vez quiénes son realmente; sí, una y otra vez porque no resulta nada sencillo encauzar el pensamiento y accionar de un joven por «el buen camino».

El truco de magia más bello en cuanto a la docencia, es generar la motivación y encender esa antorcha que al mismo tiempo causa sed de sapiencia e ilumina las ansias de la reflexión constante, de pensar sin ser dirigido, de no atenerse a cualquier teoría sin antes analizarla a profundidad y deducir mediante herramientas propias si se está de acuerdo o no con cualquier tema, sin forzar a los estudiantes o siquiera generar un poco de fastidio al escuchar el verbo «estudiar».

La universidad es también el escenario donde se encuentran los verdaderos amigos. Sin dudas, la interacción entre una gran diversidad de criterios enriquece sobremanera la visiones que ya se tornaban «preestablecidas» en nuestras mentes y, mientras ocurre todo, casi sin percatarnos de cómo sucedió, ­hallamos afinidades que se resuelven en amistades inmortales. Por supuesto, «la reacción química de la amistad» se acelera cuando la persona con quien más te entiendes se encuentra durmiendo en la parte de abajo de la litera.

Así, entre esparcimiento y estudio sin fin acontece la vida universitaria, que llena de emociones y prepara el porvenir, sin dejar el más mínimo atisbo de resentimiento o dolor, porque es una fase tan exquisita que no da cabida, ni tiempo, para dilucidar algo más que no sea la felicidad y la sensación tan vivificante de aprovechar al máximo la existencia.

Son innumerables las alternativas que proporciona el ámbito universitario para que los jóvenes cubanos exploten sus capacidades intelectuales y artísticas, de modo que su incorporación a la universidad transcurra y progrese de forma natural, sin imposiciones de ningún tipo, y que, sobre todo, acerque a la juventud a las discusiones de temáticas cardinales para el futuro del país.

No existe un manual, ni una receta que indique cómo vivir la época, simplemente decídete por hacer de la universidad un periodo de renovación en todos los sentidos, pero eso sí, haciendo que cada momento cuente, como condición axial de la vida.

 

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