Martes
01 de Diciembre de 2020
Nuestro credo

Alma Mater, la revista de Mella, no es lo que debería.

El reto más grande es colocar otra vez a Alma Mater en el lugar que merece y, por ende, reconectarla con sus públicos. Esta revista necesita más que nunca aportar a la construcción colectiva de una universidad, de un país. Esta revista tiene que hacer periodismo. Y para ello hace falta mezclar muchas voluntades, dentro y fuera de nuestra redacción.

Autor: Armando Franco Senén
Fotos: Portada/ZAMO PEZA
Fecha: 18 de Noviembre de 2020
Portada 591- Ilustración de ZAMO PEZA

Alma Mater (AM), la revista de Mella, cumple 98 años. Y no es lo que debería. Aunque entre páginas, textos, fotografías, diseños y enlaces un equipo de gente diversa trabaja para sacarla adelante, está muy lejos de la Universidad y sus estudiantes: su razón de ser. ¿Las causas? Una mezcla compleja de contextos, de afuera y de adentro, con la que nos batimos a diario.

Atrás quedaron los tiempos en que nuestras ediciones llegaban a las más de cinco mil brigadas que conforman la Federación Estudiantil Universitaria (FEU). Antes, lográbamos colarnos en las discusiones acaloradas que en cierto modo definen la universidad. Antes, marcábamos varios aspectos de las agendas de debate. Antes, recibíamos muchas más respuestas, dudas y hasta críticas, construidas desde las aulas. Y estábamos orgullosos de ello.

Pero por el camino muchas cosas cambiaron, entre quienes la hacemos y también entre quienes nos deciden. Nuestro medio fue perdiendo espacios. Ahora, mientras muchos universitarios se gradúan sin haber visto nunca una Alma Mater impresa, no pocos números pierden sus colores entre estanquillos y almacenes de la empresa Correos de Cuba.

Con apenas diez mil ejemplares cada dos meses, de unas escasas dieciséis páginas, esta revista carga sobre sus espaldas los conflictos que marca la irregularidad con que se imprime y circula. No son los únicos, pero sí los que más nos alejan de las sedes universitarias, de las aulas, de los lectores para los que existimos e intentamos hacer.

Además, lidia con las consecuencias de ser subestimada o desconocida entre directivos y fuentes, así como con las dinámicas de regulación y autorregulación en la prensa cubana. Como el resto de los medios en la Isla, sufrimos largas esperas antes de concretar entrevistas necesarias, batallamos con la desconfianza y apatía de quienes deben ofrecer la información y somos víctimas de los reparos — incluso nuestros — a la hora de tocar temas polémicos.

Aún nos pasa que, cuando por realizar nuestro trabajo incomodamos a un lector, un funcionario, un rector, un dirigente de la FEU, una institución o un ministerio, la primera pregunta que nos hacen es: «¿Hacía falta que Alma Mater hablara sobre eso?». Parece que mientras exista, celebre un aniversario tras otro y «no se meta en problemas», a algunos decisores no les preocupa que AM no se lea, no se conozca, sea olvidada.

Nos pesan también las limitaciones para viajar por toda Cuba y hacer un periodismo que se enriquezca con la experiencia de cada provincia. Hablamos mucho de la CUJAE o la Universidad de La Habana, pero escasean las historias de las casas de altos estudios en Oriente o Las Villas… y ya no digamos de universidades pequeñas, como las ubicadas en Moa o la Isla de la Juventud.

Sin embargo, no nos cansamos: soñamos con construir una agenda mediática más moderna, democrática y abarcadora. Tenemos el deber de convertirnos en una voz disonante, aunque implique asumir riesgos e incomprensiones.

Queremos contar una juventud que tiene códigos propios, intereses y deudas. No son tiempos de huelgas ni reformas universitarias, pero en Cuba aún hay mucho por hablar, analizar, cambiar, denunciar, actualizar. Estamos convencidos: Alma Mater es un medio nacido para proteger a los estudiantes de las injusticias que contra ellos se cometen. Aunque son tiempos distintos, esa esencia está obligada a sobrevivir. Justo ahí nos jugamos el respeto.

Necesitamos cada vez más contenidos que reflejen, con miradas variadas, los desafíos de la Universidad cubana. Alma Mater tiene que contar mejor a la FEU. Y también, ¿por qué no?, criticarla. Pero para hacerla mejor, desde la certeza absoluta de que somos parte del mismo equipo.

Para llegar eso hace falta, además de mucho empeño, constancia y sacrificio propio, infraestructura tecnológica que nos permita evolucionar hacia un formato multimedio cada vez más atractivo y cercano a los jóvenes. Al fin y al cabo, actualmente, muchas veces los periodistas que por acá escriben ser ven obligados a trabajar con recursos personales, poniendo en riesgo la calidad final.

Necesitamos también rescatar nuestra memoria histórica y atesorar en un lugar seguro las 590 ediciones impresas de la revista joven más antigua de América; construir un espacio atractivo para posibles colaboradores, tanto por su visibilidad como por sus pagos; y diseñar un sitio web .cu funcional, donde los lectores puedan consumir nuestra producción editorial sin pagar los altos costos de Internet en el país.

Hay también desafíos muy propios. Nos debemos romper definitivamente con rutinas de producción e ideologías profesionales ya trascendidas que, de manera inconsciente, limitan nuestras capacidades. Queremos una red de periodistas que desde cada región del país cuente la Cuba que vive.

En ese camino está el equipo tras estas páginas. El reto más grande es colocar otra vez a Alma Mater en el lugar que merece y, por ende, reconectarla con sus públicos. Los medios no se vuelven de la gente por obra y gracia de la casualidad. Esta revista necesita más que nunca aportar a la construcción colectiva de una universidad, de un país. Esta revista tiene que hacer periodismo. Y para ello hace falta mezclar muchas voluntades, dentro y fuera de nuestra redacción.

Ojalá el aniversario 98 no solo sea una celebración más. Ojalá se convierta en una justificación para, entre todos, conseguir que Alma Mater recupere sus colores. Ojalá correspondamos aquellos primeros empeños de Mella, el deber histórico hacia la generación fundadora. Ojalá entendamos cuán necesarias son estas páginas.

el director

Descarga nuestra edición de aniversario: AM 591

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