Miércoles
17 de Julio de 2019
Opinión

Amas del fondo de tiempo

Autor: Jorge Sariol
Fotos: Internet
La asociación de mujeres jóvenes a la Academia de Ciencias se duplicó del 2002 al 2006, alcanzando más del 35 por ciento del total.

Como sucede algunas veces con celebraciones semejantes, en marzo llueven los homenajes a la mujer —en general— y aunque resulte vanamente formal, cargamos la mano en el reconocimiento en abstracto.

Por una vez valdría situarnos en tiempo y espacio para dar cumplidos reales a cada ama de casa, es decir a buena parte de las cubanas, quienes hacen equilibrio para alimentar a la familia, doblan turnos —uno en el trabajo y el otro dentro de la frontera hogareña— y por razones operativas lo mismo ponen un botón, enroscan un «niple» en una conductora de agua, se encargan de vigilar el horario de las vitaminas o instalan un antivirus informático donde otros no dan pie con bola.

Bien mirado, de todas ellas tal vez las abuelas tienen protagonismo porque además de garantizar la retaguardia de la familia, bregan con la retaguardia propia de un cuerpo trascurrido, de poca ayuda en la tarea, pero al que todo el mundo le exige como si tuviera poco «kilometraje».

A ese pívot familiar, cada 8 de marzo se le debería dar un aparte. Pero no solo con el homenaje simbólico, la flor o el aplauso.

Pensemos también en las dedicadas a una de las esferas de la vida laboral más urgida de «consagración» en tiempo, modo y lugar. Hablo de las mujeres de las ciencias y que terminan por ser también «científicas» en el hogar, a fuerza de combinar I+D+i1, es decir inventiva + determinación + impulso. Significa que trabajan triple y cada vez son más.

El lugar ocupado por las féminas en la ciencia cubana ha ido en ascenso, desde la fundación en 1962 de la Academia de Ciencias de Cuba. Son profesionales entregadas a la concepción o creación de nuevos conocimientos, productos, procesos, métodos y sistemas, además de empeñarse en la gestión de los respectivos proyectos. Son excelentes ejecutivas y mejores directivas.

En el 2008, el 70% de las direcciones de centros científicos estaba en sus manos.

Según cifras del Censo de Población y Viviendas de 1953, solo 13 tenían categoría científica. Atenidos a dígitos del 2008, en el sistema cubano Ciencia, Innovación Tecnológica, de 92 839 trabajadores, 49 656 eran damas. Desde el 2000, participan en los grados científicos con más del 50% de las Maestrías y con más del 30% de los Doctorados. La presencia del sexo femenino ha oscilado entre un 30 y un 25% entre los Académicos Titulares de la Academia de Ciencias. Entre los Académicos de Honor y de Mérito, se ha mantenido cercano al 30%.

En las categorías investigativas constituyen la tercera parte de los Titulares y aproximadamente el 50% de los Auxiliares y Agregados, superándolo en Aspirantes.

La asociación de mujeres jóvenes a la Academia de Ciencias se duplicó del 2002 al 2006, alcanzando más del 35 por ciento del total. ¿Es poco? Depende. No siempre las metas reflejan la realidad objetiva.

¿Deberían ser más? Sin dudas. ¿Un número adecuado sería el 70 u 80% en todos los órdenes? ¡Pensemos!: hubo un tiempo en que el 90% de los componentes de la Cátedra de Sexualidad del pedagógico Varona, eran mujeres. ¿Quién puede asegurar que no predominara un enfoque femenino de la sexualidad desde el punto educativo?

Compartir con ellas deberes, derechos y responsabilidades en el trabajo —y en la Casa— es imperativo. Lo que importa es la coherencia.



1 Mediante la «fórmula» estratégica I+D+i la ciencia y la tecnología del siglo XXl intentan llevar adelante con coherencia el trinomio Investigación+Desarrollo+innovaciones.

 

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