Lunes
25 de Marzo de 2019
Opinión

Amigos

Autor: Yuris Nórido
Fotos: Ilustración de Hanna Chomenko
Fecha: 23 de Marzo de 2016
Ilustración de Hanna Chomenko

Algunos dicen que los mejores amigos son los de la primaria, lugar de deslumbramientos iniciales, de sustos y diversiones, de primeros compañerismos, de descubrimientos mutuos. En los primeros grados se crean afinidades naturales y también rechazos casi instintivos. En primaria surge una figura singular: el amiguito preferido, el que nos acompaña a la escuela y cuando salimos de ella, el que se sienta al lado hasta que la maestra nos separa porque hablamos demasiado en los turnos de clase.

Otros dicen que los amigos verdaderos son los de la secundaria. Despertar de la adolescencia, tránsito desde la niñez, acentuación de la personalidad definitiva. Los primeros amores con connotaciones más eróticas, pérdida —para algunos— de la virginidad, y no solo de la virginidad sexual. Es la época en que los muchachos comienzan a unirse a partir de intereses compartidos, en los que se consolidan las vocaciones. Y es también tiempo de aventuras, algunas intrascendentes, pero otras extrañamente trascendentales…

Algunos de mis mejores amigos son de la universidad, cuando ya uno sabe muy bien la diferencia entre un amigo y un compañero de clases. Los amigos de la universidad suelen conocerte más allá de las apariencias y la imagen que quieres dar a los demás. Es un pacto mutuo, que puede ser para toda la vida o absolutamente circunstancial, en dependencia de los caminos que se sigan después de la graduación.

Están también los amigos del trabajo, los de toda la vida en el barrio (si es que uno ha vivido toda una vida en el mismo barrio o suele regresar de cuando en cuando al espacio natal), los de la profesión, los circunstanciales, los frívolos amigos de la fiesta (que a veces son y otras veces no son, también, los amigos de los malos momentos), y, en los tiempos que corren, los amigos virtuales, los de Facebook, que a muchos uno nunca ha visto frente a frente, a los que a veces nunca has abrazado o besado, pero con los que puedes establecer —en ocasiones— lazos extrañamente fluidos, comunidad de sentimientos…

Pero entre todos los amigos, tengo que confesarlo, añoro sobre todo a los del preuniversitario. Por lo menos en mi caso, formado en el esquema de la escuela en el campo (afortunadamente dejado atrás, pero tan evocado por los que lo experimentamos), esa fue una época de fraternidad y sueños compartidos. Era la gente que veías a toda hora, todos los días. Los que escucharon tus problemas y compartieron tus alegrías. Lo triste, lo inevitable, es que no volverás a ver a muchos de esos amigos.

Un día, sentados bajo una mata de naranjas en Ceballos, una amiga muy querida me dijo: «Pensar que dentro de unos años nos olvidaremos». Me rebelé: yo no te voy a olvidar nunca. «Quizás no me olvides, pero se te olvidará mi cara».

Esta mañana he tratado de recordarla, y solo he logrado un retrato parcial y borroso.

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