Lunes
03 de Agosto de 2020
Historia

Aprendimos a quererlos

Autor: Rodolfo Romero Reyes
Fotos: Archivo del Centro de Estudios Ernesto Che Guevara
Fecha: 13 de Octubre de 2017
Decía la inolvidable canción de Carlos Puebla: «Aprendimos a quererte, / desde la histórica altura, / donde el sol de tu bravura / le puso cerco a la muerte». No fue porque desde pequeños repitiéramos en cada matutino escolar «Seremos como el Che»...

Decía la inolvidable canción de Carlos Puebla: «Aprendimos a quererte, / desde la histórica altura, / donde el sol de tu bravura / le puso cerco a la muerte». No fue porque desde pequeños repitiéramos en cada matutino escolar «Seremos como el Che», o porque en la secundaria Gerardo Alfonso nos contagiara con la idea de que «son los sueños todavía / los que tiran de la gente / como un imán que nos une cada día». Aprendimos a quererlo porque el Che encarna los valores más genuinos y auténticos de un revolucionario.

Por eso los jóvenes universitarios nos sentimos tan identificados con él, con su legado, con su historia. No es de esos héroes que a veces vemos en los libros como referentes lejanos. Leemos sus diarios, vemos sus fotografías, nos contagia su sonrisa y sus ganas de hacer por Cuba y por América Latina.

Recordamos que a finales del año 1966, llegó a Bolivia al frente de los primeros combatientes que integrarían la guerrilla internacionalista. Casi un año después, el 9 de octubre de 1967, Ernesto Guevara de la Serna sería asesinado en una escuelita de La Higuera. En total, 36 guerrilleros caerían en esa contienda: 3 peruanos, 13 cubanos, 18 bolivianos, Tamara Bunke y el Che Guevara, ambos con doble nacionalidad.

Entonces no solo aprendemos a querer al Che sino a las otras 35 personas que dieron la vida, también a los pocos sobrevivientes que lograron escapar del cerco, llegar a Cuba en 1968 y seguir siendo leales a los principios de la Revolución Cubana. Ellos fueron los protagonistas de una gesta heroica que marcó un hito en América Latina.

«Hoy comienza una nueva etapa. Por la noche llegamos a la finca. El viaje fue bastante bueno. Luego de entrar, convenientemente disfrazados, por Cochabamba, Pachungo y yo hicimos los contactos y viajamos en jeep, en dos días y dos vehículos», es la primera anotación del Che el 7 de noviembre de 1966.

Al finalizar cada mes, hace en su diario un breve análisis de lo que hasta el momento ha sucedido. En el mes de enero, se vislumbran los primeros contratiempos:

«Como lo esperaba, la actitud de Monje fue evasiva en el primer momento y traidora después.

«Ya el partido está haciendo armas contra nosotros y no sé dónde llegará, pero eso no nos frenará y quizás, a la larga, sea beneficioso (casi estoy seguro de ello). La gente más honesta y combativa estará con nosotros, aunque pasen por crisis de conciencia más o menos graves».

Hombres del Che

Después de otros dos meses de entrenamiento y marchas, en abril comienzan los primeros encuentros, en los que caen combatientes cubanos. Jesús Suárez Gayol, fue el primero:

«A media mañana llegó muy agitado el Negro a avisar que venían quince soldados río abajo. Inti había ido a avisar a Rolando en la emboscada. No quedaba otra cosa que esperar y eso se hizo; mandé a Tuma para que estuviera listo a informarme. Pronto llegaron las primeras noticias, con un saldo desagradable: El Rubio, estaba herido de muerte. Y muerto llegó a nuestro campamento».

Apenas unos días después cae Rolando, el legendario Capitán San Luis. Así lo recogió el Che en su diario:

«Al poco rato apareció la vanguardia que para nuestra sorpresa estaba integrada por 3 pastores alemanes con su guía. Los animales estaban inquietos, pero no me pareció que nos hubieran delatado; sin embargo, siguieron avanzando y tiré sobre el primer perro, errando el tiro, cuando iba a darle al guía, se encasquilló el M-2. Miguel mató otro perro, según pude ver sin confirmar, y nadie más entró a la emboscada. Sobre el flanco del Ejército comenzó un fuego intermitente. Al producirse un alto mandé a Urbano para que ordenara la retirada, pero vino con la noticia de que Rolando estaba herido; lo trajeron al poco rato ya exangüe y murió cuando se empezaba a pasarle plasma. Un balazo le había partido el fémur y todo el paquete vásculonervioso; se fue en sangre antes de poder actuar. Hemos perdido el mejor hombre de la guerrilla, y naturalmente, uno de sus pilares, compañero mío desde que, siendo casi un niño, fue mensajero de la columna 4, hasta la invasión y esta nueva aventura revolucionaria; de su muerte oscura sólo cabe decir, para un hipotético futuro que pudiera cristalizar: "Tu cadáver pequeño de capitán valiente ha extendido en lo inmenso su metálica forma"».

Las notas del Che son un estímulo para profundizar en la historia de estos hombres que menciona. Así descubres que Jesús Suárez Gayol es el autor de aquella carta triste y profunda, que aparece en los libros de texto de las escuelas primarias donde un padre se despide de su único hijo cuando se va a luchar por otros pueblos. Te enteras de que Eliseo Reyes, Rolando, fue un bravo desde los tiempos de la lucha en la Sierra Maestra, que la madre de sus tres hijos se enamoró de él por una foto que apareció en una revista y fue a La Cabaña a preguntar quién era el joven rebelde.

Conversas con investigadores que aseveran que «el Tuma», uno de sus más leales escoltas, era un negro analfabeto a quien el Che le enseñó las primeras letras. Cuando cae el 26 de junio, así lo recuerda Guevara:

«La herida de Pombo es superficial y solo traerá dolores de cabeza su falta de movilidad, la de Tuma le había destrozado el hígado y producido perforaciones intestinales; murió en la operación. Con él se me fue un compañero inseparable de todos los últimos años, de una fidelidad a toda prueba y cuya ausencia siento desde ahora casi como la de un hijo. Al caer pidió que se me entregara el reloj, y como no lo hicieron para atenderlo, se lo quitó y se lo dio a Arturo. Ese gesto revela la voluntad de que fuera entregado al hijo que no conoció, como había hecho yo con los relojes de los compañeros muertos anteriormente. Lo llevaré toda la guerra».

Un médico y un maestro

Las páginas de los diarios de otros dos combatientes llegan a nuestras manos: uno es médico, dejó en Cuba a dos hijos y a una esposa; el otro es maestro, y más que maestro revolucionario, aquí quedaron su hijo y su amada Tery.

Octavio de la Concepción, «Morogoro», escribía el 24 de diciembre de 1966: «Estoy seguro que he pasado la noche buena mejor que mi familia, pero la culpa no es mía, sino del imperialismo». Alberto Fernández, «Pachungo», escribía el día de los enamorados de 1967:

«Desde ayer no hago más que pensar en Tery. En la mañana salió una exploración. Yo salí con Marcos a buscar maíz (nuestra única comida en varios días) en todas sus formas. Desayuné maíz asado. Hace un rato almuerzo harina de maíz. En la mañana he escrito poesía a T. Cuando dieron la diana estaba soñando. Hoy pasamos todo el día en este improvisado campamento, al lado de un maizal, nuestra única comida, asado, hervido, en forma de harina, mote, etc.».

Las notas del médico, apodado Morogoro, narran peripecias de los meses marzo y abril:

«Hoy el avión ha estado ametrallando varias zonas cercas. Ahora 3:15 pm. me encuentro en una trinchera esperando la llegada de los soldados que al parecer se están moviendo en esta dirección, aunque quizás solo lleguen a recoger sus muertos de hace tres días (…). El día 14 regresamos de nuevo a la base, allí tuvimos 2 días y partimos por el Ñacahuazu arriba hasta el primer poblado campesino, allí se quedó la retaguardia y Ramón con la vanguardia partió rumbo a un poblado llamado Muyupampa con otros compañeros que tenían que irse, entre ellos un escritor francés y un argentino, estaba Tania que se había quedado con nosotros por tener una pierna enferma. En esos días podíamos escribir pero el ejército había cerrado las salidas y no se puede, a los pocos días nos enteramos por radio que el ejército había capturado al escritor francés [Debray] cuando trataba de salir con cinco guerrilleros más entre ellos un argentino, a los pocos días llegó el ejército donde nosotros planeamos una emboscada pero los soldados nos burlaron la emboscada y solo pudimos tirotearlos, pero esto solo batió para que ellos no avanzaran más y nosotros nos mantuviéramos en la zona en espera de Ramón para saber las verdaderas noticias».

Las últimas notas

Días antes a la captura de Henry Debray y Ciro Bustos, la columna guerrillera se había dividido en dos. El Che había quedado al frente de la columna central y Vilo Acuña encabezaba la retaguardia. El grupo de Vilo sería emboscado y aniquilado el 31 de agosto. Así lo refiere el Che dos días después:

«La radio trajo una noticia fea sobre el aniquilamiento de un grupo de diez hombres dirigidos por un cubano llamado Joaquín en la zona de Camiri».

El resto de la guerrilla intenta burlar el cerco. El 26 de septiembre son sorprendidos en una emboscada en la Higuera. Tres días después, Pachungo relata:

«Darío me trae el diario mandado por Fernando, lo tomo como a quien le dan un pedazo de papel para que escriba su último pensamiento. Los soldados pasan frente a nosotros y escuchamos su conversación en este mismo momento. Estamos rodeados por todas partes. Es extraño bajó un pequeño grupo para el río y otros se regresan. En estos días en que estamos enterrados en vida en este cañón viendo el desfile de las tropas sueño mucho. ¿Volveré a ver a Tery y el niño? ¿a mis padres? (…) Esta noche intentaremos salir de esta ratonera. Hasta el ruido de una cantimplora puede costarnos la vida».

Son los últimos pensamientos de hombres de un alto calibre, personajes que parecen sacados de un libro de aventuras. Las últimas reflexiones de su líder, se escriben el 7 de octubre:  

«Se cumplieron los once meses de nuestra inauguración guerrillera sin complicaciones, bucólicamente; hasta las 12.30 hora en que una vieja, pastoreando sus chivas entró en el cañón en que habíamos acampado y hubo que apresarla. La mujer no ha dado ninguna noticia fidedigna sobre los soldados, contestando a todo que no sabe, que hace tiempo que no va por allí. Sólo dio información sobre los caminos; de resultados del informe de la vieja se desprende que estamos aproximadamente a una legua de Higueras y otra de Jagüey y unas 2 de Pucará. A las 17.30, Inti, Aniceto y Pablito fueron a casa de la vieja que tiene una hija postrada y una medio enana; se le dieron 50 pesos con el encargo de que no fuera a hablar ni una palabra, pero con pocas esperanzas de que cumpla a pesar de sus promesas».

Al día siguiente de esta anotación, el 8 de octubre de 1967, caen en combate el boliviano Aniceto Renaga y los cubanos Olo Pantoja y René Martínez Tamayo; es herido mortalmente y dejado desangrar por los militares bolivianos hasta la madrugada siguiente, el cubano Alberto Fernández; y son asesinados el 9 de octubre, el boliviano Simeón Cuba, el peruano Juan Pablo Chang y el líder de la guerrilla, Comandante Ernesto Che Guevara.

Murieron, pero no en vano. Fueron a conquistar un sueño que les costó sus vidas. No hablamos de aventureros, rebeldes o guerrilleros. Ellos eran esposos, padres, hijos, cabales revolucionarios que creían en la revolución en Cuba y en América Latina. Por eso, y por el legado de su sacrificio, aprendimos a quererlos.

 

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