Viernes
10 de Julio de 2020
Cultura

Arte

Autor: Yuris Nórido
Fotos: Yuris Nórido

Repartieron plastilina y le dijeron a los niños: «Hagan un regalo para mamá». La mayoría de los niños modeló formas absolutamente abstractas, o francamente toscas, como se supone que haga la mayoría de los niños de dos años. Pero a Nadia, mi sobrina, le encantan las manualidades. Cuando llegó su turno dijo: «Esta es una rosa para mamá». La cuidadora admiró su creación: «Explícamela». Obviamente, Nadia y probablemente la propia cuidadora no saben que el arte no tiene que ser explicado, pero aquello no era una galería ni una bienal de artes visuales; era un salón de círculo infantil. Nadia explicó: «Estas son las hojas y esta es la rosa».

Las hojas eran verdes, la rosa rosada. Como se supone que deba ser. El modelado, si se fijan, tiene cierta plasticidad. La educadora quedó encantada. Dijo: «¡La ganadora de esta competencia ha sido Nadia! ¡Un aplauso para ella!» Los niños aplaudieron, aunque dudo que a los dos años los niños sepan qué cosa es una competencia, lo que no significa que, de alguna manera, no compitan. Nadia, lejos de enorgullecerse por su triunfo, se apenó hasta el punto de que se tapó los ojos, por pura vergüenza.

Cuando le hicieron el cuento a mi hermano, puso cara de padre satisfecho: «Nadia va a ser artista». Yo, entre nosotros, creo que la plasticidad de la flor tiene que ver más con la casualidad que con habilidades específicas, pero no iba ser el que echara el agua fría. Vamos a decir que la niña tiene una singular visión. Puede que de verdad termine siendo artista de la plástica, o arquitecta, o diseñadora gráfica. O quizás sea técnica veterinaria o basquetbolista, la vida da muchas vueltas. Lo que sí me gustaría, y ojalá que sus padres se ocupen de eso, es que tenga una sensibilidad por el arte, un compromiso con la belleza, asumida en su más amplio espectro.

Y de eso he estado hablando en esta columna: de lo bien que les hacen a nuestros niños las actividades que estimulen su creatividad, su apreciación de la creatividad ajena. En los primeros años todo marcha bien, pero a medida que el niño va creciendo y va superando grados escolares, tiene menos contacto con el maravilloso mundo de las artes visuales, de las artes todas. A no ser que el muchacho tenga una fuerte vocación, a no ser que en la casa lo animen a que descubra ese mundo. El hecho de que en bachillerato o en la enseñanza técnica no haya asignaturas dedicadas al estudio y la promoción de las artes es una clara deficiencia de nuestro sistema educativo. El arte, no hay ni que discutirlo, es tan importante como la educación física. Bueno, en realidad, es tan importante como las matemáticas, la lengua y la literatura, la historia y la geografía, la física, la química y la biología…

Aspiremos a una educación más integral. Que los niños y adolescentes dibujen y canten más, asistan a galerías de arte, aprecien la música, la danza y el teatro. Todo el mundo no puede ser artista, pero todos sí podrían ser amantes del arte. Puede que suene como un sueño, pero qué hermoso sueño…

 

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