Miércoles
15 de Julio de 2020
Cultura

Asimetrías: Fantasía

Mirelle Cristobal Fariñas (La Habana, 1987). Graduada de Arquitectura en 2012. Se desempeña como profesora de Apreciación del Patrimonio Cultural Universitario en la Cujae.

Autor: Mirelle Cristobal Fariñas
Fotos: Tomada de semana.com/
Fecha: 30 de Mayo de 2020

Tus manos y tu sonrisa me hacen pensar en tiempos mejores. Escucharte hablar sobre el futuro y nuestro proyecto es emocionante, y a veces pienso que podríamos hacer esto por el resto de nuestras vidas, sin importar nada más.

Soy egoísta. No me gusta pensar en las consecuencias. No me gusta pensar en lo que no puede ser mío porque ya pertenece a otra persona. Entonces te inclinas muy sutilmente hacia mí. Estamos a centímetros de distancia. Centímetros que no hacen nada para evitar que sienta el calor que emanaría de tu piel; el aroma que te caracteriza, algo cítrico por pasar tanto tiempo en los invernaderos, ocupándote de que la colonia tenga suficientes vegetales.

Estás cerca, pero estás lejos.

Tu vida está hecha hace años. La mía apenas comienza. Irónicamente, nacimos en la misma generación de cápsulas-madre después del Primer Apocalipsis que acabó con la Tierra. Nos hemos conocido en un tiempo que está cambiando, en un sitio donde no pensé que te podría encontrar, y mucho menos del modo en que lo he hecho.

Me pregunto si alguna vez piensas en mí del modo en que lo hago yo en ti. ¿Te cruza por la mente mi sonrisa, mi voz, mis ideas?

Una parte de mí desea ferozmente que así sea. Esa es la parte irracional, pasional y completamente descarriada que llevo. Un defecto del ADN, dijeron. No tiene solución. A menos que cuentes llevar a término mi mera existencia. Entonces no estaría pensándote. No estaría cuestionando todo lo que he aprendido en estos años, el modo en que he crecido, las creencias que me han inculcado…

Sería, simplemente, otra.

Por eso mi parte racional, la prudente, la encargada de llevar mis días y pensar con paz, analizando cada una de mis acciones antes de ejecutarlas, me obliga a respirar una, dos, tres veces, antes de pensar en lanzarme a algo que no tiene vuelta atrás. Te puedo pensar, te puedo desear, pero eres una fantasía. Una persona, como yo, como todos los que nos rodean. Eres una suerte y una casualidad. Me has devuelto la esperanza, y quiero conservarte en mi vida, pero solo del modo en que estamos ahora, cultivando una amistad.

Esa es la única forma que tengo para no hundirme en una miseria de la cual prefiero no saber. La he vivido antes. La he sufrido intensamente. No importa en qué planeta viva, la llevo conmigo. La distancia no es suficiente para alejar ese pasado. No importa que los días en la Tierra hayan terminado, seguimos siendo humanos, sentimos, y lo peor: amamos.

La lujuria y el deseo son eternas compañeras, pero solo para saciar un hambre física. Mi apetito emocional y mental se atiborra de conexiones neuronales, cuanto más, mejor, pero no es una ocurrencia frecuente. Hallar quien logre aplacar esas ansias… no, esa definitivamente no es de las cosas que me suceden a menudo.

Tú eres una anomalía.

Es posible vivir con un holograma; un simple bot del mundo virtual que sea como tú, que hable como tú, pero jamás será la realidad. No alcanzo a tenerte o hablarte cuando quiero.

Pero no consigo seguir adelante, no cuando sé que ellas ocupan tus días y tus noches, y yo no soy más que un diminuto bip en tu radar.

Me sonríes de nuevo mientras hablamos. Me muero de ganas de tocar la superficie de la pantalla donde te veo, pero me resisto. Estamos en una diatriba sobre fertilizantes y tomates. La última cosecha tiene buenas perspectivas. Debería prestar atención, pero no lo hago.

Pronuncias mi nombre. Te escucho, pero no proceso la información. Lo repites. Ya no estás hablando abiertamente, pero en tus ojos se notan las líneas de tu constante risa. Esas líneas que me sé de memoria. Sabes que no te prestaba atención, y por eso solo me muestras ahora una sonrisa cómplice. Me preguntas qué tengo en la cabeza, y mi primer impulso es decirte la verdad.

Miento.

Miento como si la vida me fuera en ello.

Miento porque sé que, si te digo la verdad, esto que compartimos explotará como una burbuja, rezagos de un tiempo mejor. En algún momento tú y yo también jugamos con ellas, sin preocuparnos por lo que podría ser.

—Ven a verme —me dices, serio.

Solo te observo. Lo dices de verdad. Lo dices con tu mirada profunda, esa que me pone a pensar.

Lo repites, y me hallo sacudiendo la cabeza. Excusas. ¿Por qué me abandonan en el peor de los momentos?

—La estación lunar puede apañárselas sin ti por unos días —aduces—. Toma el próximo transbordador y ven.

Hay algo más en tus palabras. Un peso que no consigo entender, pero creo que prefiero no hacerlo. Me rehúso de nuevo, aunque no puedo hallar mi voz. Es tu culpa. Me la has robado.

—Por favor…

La súplica en el aire. Tu voz a través de kilómetros y kilómetros de separación. La nota que hay en ella que me dice que hay algo que ocultas, algo que nos concierne a ambos. Quiero preguntar, pero tengo miedo. Me asaltan las mariposas, y de pronto tengo que decidir algo importante.

—No lo pienses —murmuras, adivinando mis pensamientos—. Solo ven.

Eres mi perdición. Mi utopía y mi infierno, todo en una mezcla fatídica, y soy adicta a ti. Hay solo una cosa que puedo hacer, y sé lo que pasará después:

Me voy a arrepentir.

 

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