Domingo
20 de Septiembre de 2020
Cultura

Asimetrías: Parábolas

Carlos Ávila Villamar (La Habana, 1996) Narrador. Graduado de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana en 2019. Egresado del XV Curso de Técnicas Narrativas del Centro de Formación Literaria «Onelio Jorge Cardoso». Recibió la beca El Caballo de Coral en 2014 por su proyecto de libro La noche mil dos. En el año 2015 fue mención en el Concurso Internacional de Minicuentos «El Dinosaurio», y ganó el Premio en 2016. Su libro de relatos Fabulario ha sido recientemente publicado.

Autor: Carlos Ávila Villamar (https://www.facebook.com/carlosenrique.avilavillamar)
Fotos: Tomada de https://images.app.goo.gl
Fecha: 12 de Septiembre de 2020
Imagen tomada de https://images.app.goo.gl

I

El lobo persigue a la liebre durante días. Algunas veces el lobo se apiada y aminora su velocidad, o deja a la liebre esconderse en la llanura. Otras veces es la liebre la que deja al lobo que la roce con sus garras, que le haga alguna pequeña herida. Al final la muerte está llena de felicidad y calma. La liebre se entrega como quien se entrega al sueño, y el lobo la mata sin dolor, minutos antes del amanecer.

II

Los cuervos devoraban vivos a los hombres, pero fueron derrotados hace miles de años. Se resignaron a ser pájaros comunes, y a vivir cerca de nosotros. Aún hoy son capaces de recordar, con nostalgia, su extinta supremacía.

III

El lobo caza a una cierva. Mientras come de su vientre, la cierva muerta le habla. Yo te perdono, le dice, pero te pido que cuides a mi hijo, que ahora se queda solo. ¿Dónde está tu hijo?, le pregunta el lobo. Detrás de aquel árbol, responde. El lobo termina su cena y va para el árbol, movido por la piedad. Una trampa para osos le destroza el cuello. La cierva sonríe y se levanta y la magia negra le cierra el vientre.

IV

De los pájaros de oro se dice que no podían reproducirse, ni morir a causa de la edad, pero no por esto eran inmortales. Se les intentó proteger a toda costa, pero acontecimientos imprevistos cada tantos miles de años fueron diezmando su número. El último murió de sed en unas montañas deshabitadas.

V

Una piedra es arrojada a un pozo que luce y no es infinito. La piedra cae durante miles de años, y se va gastando por la resistencia del aire. Por fin se fragmenta y también los fragmentos se gastan. Al fondo del pozo no llega nada, ni siquiera polvo.

VI

El mar, en su libertad y su fuerza milenaria, espera el instante cuando la luz lo haya evaporado del todo, cuando quede  sólido,  por fin, vuelto un puñado de piedras diminutas.

VII

Solo al gato, que juega simpáticamente con el ratón le está reservada la capacidad de sentir benevolencia. En el fondo tal vez esa ternura del poder requiera la superioridad, es el mal dominado. El ratón es bueno y por tanto no puede practicar la benevolencia. El bien fue sin dudas inventado por el mal.

VIII

Todos los días desde hace millones de años el sol se derrocha en llamas y en radiación. Ciegamente se consume, impetuoso, verde y alienígena, para eso fue hecho, no sabe hacer otra cosa, no sabe que se pudre como el fruto más pequeño. Toda su vida consiste en su propio suicidio.

 

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