Lunes
03 de Agosto de 2020
Cultura

Asimetrías: Piedras y huesos

Carlos Ávila Villamar (La Habana, 1996) Narrador. Graduado de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana en 2019. Egresado del XV Curso de Técnicas Narrativas del Centro de Formación Literaria «Onelio Jorge Cardoso». Recibió la beca El Caballo de Coral en 2014 por su proyecto de libro La noche mil dos. En el año 2015 fue mención en el Concurso Internacional de Minicuentos «El Dinosaurio», y ganó el Premio en 2016. Su libro de relatos Fabulario ha sido recientemente publicado.

Autor: Carlos Ávila Villamar
Fotos: Cortesía del autor
Fecha: 30 de Abril de 2020
Asimetrías:  Piedras y huesos

I

No de los pedruscos

con los que se tropieza

hablo de la piedra madre

subterránea y oscura que nunca

ha visto el sol ni la noche

la que no toca la lluvia acogida

por el suelo sediento. Hablo

de la piedra intacta llena de várices

de metal o de cuarzo.

Hablo de sus dibujos

ocultos, las mantas rojas y naranjas

de las distintas eras, con peces

petrificados en ellas. Antes de que el hombre

adornara las paredes de las cavernas

ya los milenios tenían sus réplicas

de la vida en la superficie.

La piedra es la forma virgen antes del hombre,

antes del significado.

Pero no confundamos las piedras con la nada o el polvo.

Más cerca están nuestros huesos del polvo.
 

II

El bosque es más viejo que cada uno de sus árboles

y al contrario, las piedras son más viejas

que los muros que ellas construyen.

Por definición, el material es más duradero

que el objeto del que forma parte.

Por tanto, se puede decir que los árboles

están hechos del bosque, y que los huesos

son más viejos que las bestias

en cuyas carnes se guardan.
 

III

La cal de mis huesos estuvo

una vez en canteras inhumanas. El agua

de mi sangre conoce el mar

y el huracán. La fibra de mis músculos

lleva milenios columpiándose entre la tierra

el pasto y las bestias

en un ciclo irrastreable.

Parece aberrado que mis ojos intrusos

pongan color a un cielo

que antes no tenía

y que mis oídos pongan

sonidos al aire, y que mi mente

ponga tiempo a un mundo sin tiempo

espacio a un mundo sin espacio

nombres a un mundo sin nombres.
 

IV

El trigo era una planta más antes

de que cubriera llanuras y alimentara ejércitos

de seguro una planta menor, de reducida

extensión en el orbe ciego y cambiante, perdida

entre muchas otras destinadas luego

a extinguirse, antes de dejar siquiera huellas en la piedra.

Unas pocas plantas y unas pocas bestias estuvieron

en el momento preciso para colonizar

la tierra, a través de nuestros antepasados.

Los más débiles a menudo triunfaron.

El dócil cerdo triunfó sobre el salvaje jabalí

y unas pocas flores tuvieron la suerte de perpetuarse

en rituales absurdos, por agradar más a los ojos

o por ser fáciles de cultivar en nuestros jardines.

Pensar en ese tiempo en el que los hombres curiosos

se preguntaban sin malicia de qué potro escapado

de sus establos salía la raza de los caballos salvajes

y de quién fueron las primeras cabras rebeldes

que se reprodujeron en alturas deshabitadas.

 

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