Miércoles
28 de Junio de 2017
Cultura

Bailando al ritmo de Alma Mater

Autor: Dainerys Mesa Padrón
Fotos: Cortesía del grupo
Fecha: 3 de Abril de 2017
El conjunto danzario Alma Mater (AM), de la Universidad de La Habana, representa una de las unidades artísticas más longevas de este quehacer y una de las que más sabe de estas penas y satisfacciones. Foto cortesía del grupo

Este fue año de Festival Nacional de Artistas Aficionados, de revivir y llevar las emociones al límite, de premios, de lágrimas... Y es que cualquier persona vinculada a este movimiento sabe de los sinsabores, de la escasez de tiempo y también de las alegrías que se viven en él.

El conjunto danzario Alma Mater (AM), de la Universidad de La Habana, representa una de las unidades artísticas más longevas de este quehacer y una de las que más sabe de estas penas y satisfacciones.

En sus 37 años cuenta con una rica historia donde cada participante, cada directivo, cada baile cobra protagonismo.

La línea artística que define su repertorio oscila en torno al folclor internacional, enfatizando en el tap (irlandés, americano o mezclado). En cambio, los integrantes que han pasado por sus filas a lo largo de estas tres décadas, prefieren defender, por encima de la línea conceptual, los lazos emotivos o espirituales. Esos hilos invisibles que usan a la danza como pretexto para crecer como seres humanos.

Sus presentaciones son obligadas en los certámenes de corte cultural que implican a la enseñanza superior y de ellos conservan innumerables premios.

Cuando se habla de Alma Mater, en el Alma Mater, no hay quien no opine. Todos saben qué hacen, cuándo bailan, incluso algunos conservan, orgullosos, videos de sus exhibiciones.

Esta, como toda agrupación que convenia intereses de distintos seres humanos, como todo conjunto que corre con los tiempos (y no todos los tiempos han sido los mejores) ha tenido sus altas y sus bajas. Sin embargo, por unanimidad entre sus ex y actuales miembros, destaca la cualidad que tiene para unir a los jóvenes, para erigirse como una familia, para homogenizar sentimientos. Por eso cuando a estos chicos y a estas chicas se les pregunta por su etapa universitaria, siempre redundan en el grupo, y de él, todos y todas tiene una historia que contar.

Fabián

Entré al grupo Alma Mater cuando había pasado mi fecha de vencimiento: dos años después de graduarme. Sin embargo, lo conocí desde que entré en la Universidad.

En mi primer año en la Facultad de Psicología me vinculé al movimiento de artistas aficionados y conocí a Arlene Martínez, en aquel momento bailarina y posteriormente directora de AM. Ella enseguida trató de captarme para el grupo, pero no quise, debido a mi inseguridad, timidez y porque era becado y no quería sacrificar mi tiempo y descanso en el compromiso de los ensayos. Pero desde la primera vez que los vi bailar me enamoré de lo que hacían.

Lo primero que disfruté de su repertorio fue Catus Jazz, una adaptación sobre el musical Cats, donde se baila a ritmo de jazz, tap, swing. Después vi La Burra, Tarde de cortejo, inspirada en la película Siete novias para siete hermanos.

En el 2008 se estrenó Ecos de Irlanda, una coreografía sobre la técnica del tap irlandés, absolutamente diferente al tap dance americano y absolutamente nuevo en toda Cuba. Esto lo hizo AM, un grupo de aficionados. Ahí fue cuando me dije: yo quiero bailar eso. Y entré al grupo.

Me pasaron muchas cosas buenas en él, y sin temor a equivocarme confieso que de ellas lo mejor son las amistades. Sin embargo, bailar en la gala del 35 aniversario del grupo fue una sensación espectacular.

Dentro de una gran amalgama de «lo mismo con lo mismo», matizada por la mediocridad, la falta de contenido y la repetición hasta el cansancio del folclore latinoamericano, descubrir que había gente que podía hacer algo tan diferente fue lo que marcó mi amor por su quehacer.

AM existe, entre otras cosas, para marcar la diferencia, incluso en los festivales a nivel nacional, donde hay mucha calidad desde todos los puntos de vista. El sello en sus propuestas va desde lo conceptual, lo artístico, hasta el hecho de explorar manifestaciones de la danza que nadie en el país explora. El grupo vive, entonces, para superar obstáculos constantemente (casi siempre materiales), pero también de mentalidades obsoletas en el mundo del arte aficionado.

Julio

Creo que la anterior directora me escogió para seguir con su labor, porque era uno de los más puntuales y disciplinados del grupo. Sin embargo, es una actividad a la que me he entregado en cuerpo y alma.

Si tomamos como indicador la cantidad de bailarines que posee AM en estos momentos, la salud de la compañía ha ido en detrimento; pero si tenemos en cuenta los premios y reconocimientos obtenidos, pues se observa un auge. Por ejemplo, desde el 2012 clasificamos para participar en los Festivales Nacionales de Artistas Aficionados, en ellos hemos merecido premios. También las Casas de Cultura y el Ministerio de Educación nos han otorgado reconocimientos.

Conjunto danzario Alma Mater (AM), de la Universidad de La Habana

¿Dónde radica en el mayor problema en esta ausencia de aficionados?, pues en la falta de condiciones. Por ejemplo, no tenemos un tabloncillo, ni siquiera un sitio fijo para ensayar. Lo hacemos en el local de recreación de una beca, en sus pasillos, en los propios cuartos de los alumnos. Entonces cuando un muchacho o muchacha muestra interés y ve esta demanda extra de sacrificio, por encima de la cuota normal que exige estudiar una carrera, pues no se motiva a pertenecer al grupo. Aun así, algunas pocas personas siguen alimentando el sueño de que la Universidad no es solo aprender materias y obtener buenas notas.

Aunque hemos tenido representación de muchas facultades, en estos momentos la de mayor presencia es la de Comunicación, quizás porque la convocatoria llega de forma más clara o por el fuerte movimiento cultural que tiene.

A pesar de los logros de la agrupación y de nuestra perseverancia, en cambio, no percibimos un actitud recíproca de quienes deberían sentirse orgullosos de nuestro trabajo.

Desde el año 2000, hasta el 2013, no recibimos sustento alguno para las presentaciones. Con la reestructuración del departamento de extensión universitaria nos entregaron un vestuario; pero la ayuda que precisamos va más allá. Y pasa por el hecho de que esta dirección no tenga suficientes trabajadores para atender como se debe a los artistas aficionados.

Duele decirlo, pero el apoyo de la Universidad de La Habana ha quedado en el plano cercano de una o dos personas con intenciones, pero sin recursos. A nivel de rectorado, o de Ministerio, no nace un acercamiento, una preocupación real por nuestras necesidades como unidad artística.

Cuando en otra provincia pertenecer al grupo danzario del centro universitario resulta una distinción, aquí se torna un verdadero sacrificio.

Rocío

Estando en AM hice muchos sueños realidad, aunque quizás lo más trascendente en mi vida es que materializó un hogar. Llegué a la Universidad pensando que mis amigos de la vida ya los tenía y que no tendría otros que pudieran ocupar ese rol, pero el grupo me probó lo contrario. ¡En él encontré tanta gente linda! Lo mejor que me ha pasado es ser parte de esa familia, y continuar siéndolo, a pesar del trabajo, de no bailar en sus presentaciones... En su seno tuve muchas lecciones de vida y momentos inolvidables.

¿Lo peor que me pasó? Pues nada más y nada menos que soltar un zapato en pleno escenario, ¡y en un estreno! Era mi primer baile de tap irlandés, ¡habíamos trabajado tan duro en esa coreografía...! Había aprendido el ritmo a golpe de esfuerzo, y todos estábamos emocionados y deseosos de hacerlo perfecto.

Teníamos un intro en zapatillas, tras el cual debíamos ponernos los zapatos. No me dio tiempo a amarrarlo bien y en una parte del seco lo solté. Bailé el resto de la coreografía con un zapato sí y otro no.

 

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