Martes
22 de Junio de 2021
Universidad

Bonificación. Pongamos de acuerdo a humanos y sus guarismos

Autor: Jorge Sariol
Fotos: ALEJ&RO
Fecha: 5 de Febrero de 2015
Bonificación. Pongamos de acuerdo humanos y sus guarismos

La bonificación, creación «a la cubana» dentro de la enseñanza superior,  pretendió canalizar un principio no escrito que debió permanecer más en la realidad nacional: reconocer el esfuerzo pero premiar los resultados.

Todos tenemos los mismos derechos; todo tenemos los mismos deberes. Aunque, no todos se esfuerzan igual, ni tienen los mismos resultados. La diferencia entre igualdad e igualitarismo suele ser sutil, si la coherencia no pauta las actuaciones de los individuos en determinados contextos.

A juicio de muchos, la idea de bonificar dejó de equilibrar empeño y corolarios al abonar la calidad como meta.

En el pasado mes de noviembre se dio a conocer la Resolución No. 129/2014 del Ministerio de Educación Superior   que modificaba un documento anterior, en relación con la bonificación al índice académico de los estudiantes universitarios, y establecía como reforma más relevante la creación del Premio al Mérito Científico.

¿Nació de la voluntad de «cambiar, por cambiar nomás»? ¿Expresa el sentir de la mayoría estudiantil? ¿Recoge la nueva resolución todo lo que debería o admite solo lo que conviene?

El documento generó amplia polémica, aun cuando era esperado y llegaba además con el consenso de la FEU y de los organismos formadores: Ministerio de Educación Superior (MES), Ministerio de Educación (Mined), Ministerio de Salud Pública (Minsap) y el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (Inder).

En el universo virtual llovieron las opiniones a favor y en contra. Alma Mater no pretende terciar en el debate. Procura ofrecer espacio para el análisis y la argumentación consciente. Para ello, a la oficina del viceministro primero del MES, Dr. José Ramón Saborido Loidi va la revista, como primera escala de la travesía, quizás más larga que el viaje de Marco Polo. Búsqueda y hallazgo son, en este caso, el principio y el fin del trayecto.

¿Cómo se llegó a la decisión de reestructurar la idea de la bonificación?

«La primera cuestión que pediría, es que se haga una lectura profunda de la nueva resolución, antes de cualquier análisis y debate.

«El proceso de revisión fue madurado y responsable. Se manejaron diversas opiniones, algunas divergentes, sobre la validez o no; pero en el debate primó el criterio de que era improcedente tal y como estaba concebida la bonificación al índice académico.

«En todos los análisis hubo, y lo sigue habiendo, la preocupación de que un cambio desestimulara al estudiante a esforzarse en exámenes de premio o en su participación en eventos científicos. En ambos aspectos, la ciencia tiene un peso enorme y forma parte esencial de la formación dentro de la enseñanza superior».

¿La bonificación sobre el índice académico es una práctica al uso ­internacional?

«No existe en el mundo. En nuestra experiencia cubana, los exámenes de premio siempre estuvieron concebidos en el reglamento como forma de mejorar nota y de reconocer el esfuerzo por obtener mayores resultados docentes, de modo que su vigencia no termina.

«Hay una realidad. Cualquier currículo de una carrera se organiza en función de las asignaturas, de la estructura académica y de determinados periodos, sean anuales, semestrales, o más pequeños. Pero siempre sobre la base curricular. Además, cada carrera tiene un sistema de evaluación bien definido en el plan de estudio. De manera que cuando sacas el índice académico, estará en función de los resultados, a medida que el estudiante venza las disciplinas. En Cuba se trabaja mediante un sistema de evaluación que es sobre cinco puntos. Por lo tanto si estás estudiando un programa definido, la máxima puntuación será de cinco puntos.

«Comenzaron a presentarse diversos problemas: entre carreras de una misma institución o entre iguales, de distintas universidades, porque de muchas maneras en el índice académico influían las diversas posibilidades de ofrecer eventos científicos o no, en determinados centros de la educación superior, en los cuales tiene que ver, incluso, el “fatalismo geográfico”. Se enviaban trabajos a encuentros científicos, firmados por varios estudiantes, y era imposible saber el desempeño de cada quien. Algunos lo convirtieron en una maratón para lograr más puntos.

«La idea que debía primar era la de obtener más calidad en la formación y no funcionaba así».

La preocupación de algunos gira sobre las restricciones que sufriría la posibilidad de subir nota y sobre la subjetividad del proceso.

«Sobre lo primero: no se cierran las posibilidades ni se restringe ningún tipo de evento.

«La nueva resolución prevé que, excepcionalmente, a propuesta del decano en acuerdo con la FEU, se eleve al rector la consulta de que la participación en un evento de la propia universidad cuente para el índice de premio. Siempre va a ser una prerrogativa de cada centro y el documento lo detalla. En otros países existen formas de estimular el esfuerzo de los estudiantes, pero no basadas en la bonificación. El Premio al Mérito Científico lleva un proceso en el cual el estudiante está involucrado por su participación directa y por ser parte de la conformación del expediente, con todo el derecho a revisar sus registros. En el proceso participan varias personas y representaciones, que incluyen al decano y la FEU. Hay poco margen a la subjetividad.

«La competencia no será entre universidades, ni entre carreras o posibilidades circunstanciales. Es del estudiante consigo mismo. En mi opinión, es mucho más justo ahora, más con la integración de las universidades; como estaba concebido automáticamente era un acumulado que crecía por la bonificación. La mayoría de estos beneficios resultó de un esfuerzo loable. Pero que sea por encima de los cinco puntos es una distorsión que no tiene sentido.

«Reitero que es un proceso en el cual intervienen personas e instituciones con trabajo desde la base, con una nueva figura que es el profesor principal del año académico y de donde surgen propuestas. Se terminará con título de oro, y adicionalmente con el Premio al Mérito Científico. Eso dirá mucho del graduado. Agreguemos a esto otros reconocimientos que pueden obtenerse en festivales de aficionados al arte y en juegos deportivos.

«La nueva resolución incluye las posibilidades que tendrán ante sí quienes obtengan tales avales. Eso es otro punto a considerar. Están reglamentadas de modo claro».

—Otra de las preocupaciones, que ya venía de antes incluso, es con la inserción laboral y el reconocimiento de los méritos por los organismos empleadores.

¿Cómo ve esta problemática a partir de la nueva forma de bonificar?

«Es complejo. A partir del momento de iniciación del joven graduado en el mundo laboral va a competir por una plaza con documentos que lo acreditan —no solo como graduado en su carrera, sino además con alto índice académico, título de oro y un Premio al Mérito Científico— nadie podrá desconocerlo, nadie deberá desconocerlo.

«Un organismo empleador que no tenga en cuenta estos aspectos, expresión del perfil capacidades y posibilidades del individuo, comete un gran error.

«Es posible que ocurra, pero el estudiante que tenga su expediente pleno de reconocimientos como los mencionados en la resolución, tendrá una herramienta para argumentar y convencer.

«En una sociedad que está actualizándose, estas cuestiones tendrán un peso mucho mayor y no podrán obviarse».

 

«Síes» y «noes» de una controversia inicial*

—No sé cuál era el problema con las bonificaciones en puntos por exámenes de premios… cuando las cosas funcionan de una manera… es mejor de dejarlas así.

—He conocido a los «genios», que se merecen las bonificaciones de más de 5 puntos, muchos de ellos incluso se gradúan como estudiantes integrales.

—Encuentro injusta esta medida. Cursé la carrera entre el año 1992 y el 1997. A todas las dificultades económicas que sufrió mi familia y que me motivaron a trabajar con un cuentapropista a la par de mis estudios, se unió la enfermedad de mi padre; por lo cual durante dos años mi índice académico se resintió. Pasado lo peor, logré «levantar» mis resultados docentes con exámenes  de premio. Mi historia puede ser la de muchos.

—Las bonificaciones tenían su rol, pues servían de motivación y además distinguían al estudiante bueno del mediocre. De la nueva forma los reconocimientos se prestan más para apreciaciones subjetivas y fuente segura de resentimiento, acompañadas de malas interpretaciones.

—No estoy de acuerdo con esta resolución, no creo justo permitir que un 5 sea lo mismo que un 5,6. Yo aún no llego al 5, solo tengo 4,9 pero ahora mismo no tengo ganas de estudiar para superar la nota esa.

—Como el Programa de Televisión «Iguales, pero diferentes», el que se lo ganó, se lo ganó, como si tiene 8 de promedio, aquí todos los que han pasado por la universidad conocen bien su sistema de evaluación y no regalan nada. Así que honor a quien honor merece.

—Para qué sirven estos méritos acumulados durante la etapa estudiantil, si eso no trasciende en la vida laboral. A los empleadores no les interesa si vienes con 5 o con 3, de hecho yo lo he vivido.

—Completamente de acuerdo, pues he visto índices académicos de más de 6 puntos. Ni Einstein podría superar tal barbaridad.

—¿Tú conociste a un genio? ¿Qué aporte hizo en algún campo de la ciencia? ¿Se trata de ser genio o de tener buena preparación? ¿Se trata de ser genio o de dedicarle tiempo al estudio?

—¡Qué bien, ya era hora de poner un coto en Cuba a esos promedios de 6, 7 y tantos puntos con los que muchos ­graduados salieron de las Universidades en los últimos tiempos. En mi época un promedio de 4.36 era respetable.

—Me parece correcta la decisión, nunca me gustaron los promedios súper altos, esos de 7 u 8 puntos, porque, sobre todo, tiene que ver mucho con el tipo de carrera…

—Dudo que en Medicina se tenga tiempo para abarcar el universo de conocimientos que, como mínimo, un graduado debe tener. En mi modesta opinión conozco alumnos de 7 puntos que no pueden tratar una crisis de asma y alumnos de cuatro que son jefes de Guardia de Medicina Interna, así que la mejor nota la da la vida. Lo demás es vanidad personal.

—Yo terminé Tele (CPE) con 4,75, solo por docencia. No fui Título de oro porque el año anterior, el Título de oro del CPE, había hecho «muchísimas cosas». Esta cubana lo vio sufriendo con pruebas finales en las que yo, modestamente, cogía mi 5, «happy». Entonces ¿cuál es el engaño? Si le quitamos a ese muchacho el «extra» ¿en cuánto se quedaba? Vi incluso ingenieros con 3 y «piquito» de promedio y que por el «extra» se montaban en 4. Para mí eso era una burla con los que aprendieron con más calidad durante su carrera.

—Me parece muy bien esta idea, pues los puntos por encima del 5 ¿de qué valen en realidad? ¿En qué emplea esos puntos el estudiante? ¿En decirlo en su currículum? Ahora, si eso lo ­convierten en créditos que pueden utilizarse para futuras maestrías, diplomados, etc. me parece muchísimo mejor.

*Las opiniones aquí expuestas, son algunas de las  que  circularon en varios sitios digitales. En aras de acortar espacio, han sido editadas solo con el afán de sintetizar, no de tergiversar. Corregimos, eso sí, la ortografía. Achacamos los varios disparates aparecidos al mal hábito de escribir con la prisa que obliga el ciberespacio.

 

Deje su comentario

*(Campos requeridos)