Sábado
24 de Agosto de 2019
Cultura

Caleb Casas: “Para interpretar ciertos personajes hay que romperse”

Autor: Yoandry Avila Guerra
Fotos: Elio Mirand
Fecha: 15 de Abril de 2019
Entrevista  al actor cubano Caleb Casas... Foto de Elio Mirand

Con nueve años Caleb Casas se vio en el rodaje de El cucumí se despierta los domingos, una serie infantil de factura nacional trasmitida por la televisión cubana, con altas dosis de fantasía y dirigida por Carlos (Charlie) Medina. Casi tres décadas después, con una carrera actoral desarrollada en el cine, la televisión y el teatro, comparte sobre sus inicios, la experiencia de trabajo en Colombia y la travesía en la nave Argos Teatro con el dramaturgo Carlos Celdrán y su tripulación de histriones.

Caleb llegó al Cucumí… debido a que su madre reconoció en él aptitudes para la actuación y lo llevó al casting, donde quedó como uno de los dos personajes principales tras un proceso de selección en el que participaron más de dos mil niños.

Luego vino  Blanco y negro ¡No! (también bajo la dirección de Charlie Medina), serie basada en la novela Anatol y Desiree, de  Christine Nöstlinger. El guion de José Víctor Herrera ambientaba las relaciones familiares de unos adolescentes en la Cuba de los noventa. En ese rodaje entendió – confiesa-, que se necesitaba de conocimientos para lograr ser más preciso en la actuación y no dejarlo todo a la intuición. 

Las filmaciones de la aventura las compartía con los estudios en la Secundaria Básica Raúl Gómez García, en El Vedado: “Entré en esa escuela porque necesitaban que yo diera clases por las mañanas para salir en las tardes o viceversa. En mi aula había bailarines, músicos y pintores. Al descubrir que era una escuela de arte, entonces quise desarrollar un poco más esa inclinación que siempre he tenido hacia la pintura”.

El plan era prepararse para la Academia Nacional de Bellas Artes “San Alejandro” luego de la secundaria, pero decidió realizar las pruebas para la Escuela Nacional de Arte (ENA) en actuación, donde fue aceptado.

¿Qué le aportó el estudio en la ENA?

“La ENA y luego el Instituto Superior de Arte (estudió Licenciatura en Artes Teatrales), fueron esos caminos donde aprendes todo lo de Stanislavski y el legado metodológico de los rusos, que me parece ya un poco obsoleto. Al igual que se actualiza un sistema operativo hay que actualizar un sistema pedagógico.

“Stanislavski es la plataforma principal pero después de eso han venido otros profesores como los grandes docentes americanos. Un artista debe estar actualizado; es una labor de curiosidad, de voluntad, de ir más allá, de saber más. Un actor no puedo quedarse solo con el instinto”.

¿Ha quedado desestimada del todo en su vida la pintura como medio de expresión artística?

“Dibujo todos mis personajes para tener un referente gráfico y visualizarlos. La pintura me acompaña. A veces estoy inspirado y en dos o tres días hago algo. Mi esposa (la bailarina y coreógrafa Susana Pous) me regaló hace dos años por mi cumpleaños un caballete que lo consiguió de debajo de la tierra, un regalo maravilloso. Me gusta sobre todo el carboncillo. El dibujo más que la pintura. Quizás lo retome en algún momento, cuando tenga más tiempo”.

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Junto al actor y cantante Ebblis Valdivia, Caleb protagonizó Memorias de un abuelo, un fenómeno televisivo basado en el libro Descamisados, testimonio donde el General de Brigada Enrique Acevedo cuenta como él y su hermano Rogelio, adolescentes, se unieron al Ejército Rebelde en la lucha contra Batista.

¿Cómo fue para un joven asumir esa atención del público? ¿Cómo lidiar con el ego?

“Nos conocían en todos lados. A mi casa llamaban de todas partes de Cuba. Éramos como celebridades. Fue muy simpático, la verdad. Yo soy muy cerrado, hermético en ese sentido. Para mí era complicado lidiar con esa popularidad por mi propio temperamento, quizás si fuera una persona más extrovertida lo hubiera hecho de manera más fácil.

“Manejar el ego ha sido importante para mí desde niño. Es una invención mental a través de la que viven algunas personas. En dependencia de tus valores te dominará o no. Técnicamente los actores somos egocéntricos pero en nuestra vida artística, no en el plano personal”.

Referente a la ausencia en la televisión cubana de teleseries nacionales de nueva factura, comenta que hoy el espacio se cuenta desde el recuerdo: “De niño paraba lo que estaba haciendo para ir a sentarme delante del televisor en ese horario”.

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Durante la conversación, en ocasiones sus manos acompañan en equilibrada cadencia el discurso hablado; en otras, sus pulgares se unen o la mano derecha repasa los dos pulsos de cuentas coloridas en su muñeca izquierda. Sonríe con naturalidad y timidez a la cámara que lo retrata, una timidez que le ilumina el rosto y regala sonrisas. 

Colombia fue una especie de punto de giro en tu carrera, ¿cómo fue enfrentarse a ese nuevo escenario?

“En Cuba me di a conocer con personajes que son dentro de la dramaturgia el héroe, el galán, pero yo no me considero eso; en Colombia, gracias a Dios, no me dieron galanes, ya había suficientes, entonces me tocaron villanos y fue una felicidad inmensa. Me divertí muchísimo con esas experiencias”.

La filmación de La emboscada, película de Alejandro Gil, constituyó el preámbulo de su regreso definitivo a Cuba en 2014, tras ocho años de trabajo en el país sudamericano.

En el filme lo acompañaron Patricio Wood, Armando Miguel Gómez y Tomás Cao en los papeles protagónicos; como parte del argumento las historias personales de cuatro hombres salen a relucir, poniendo en peligro su supervivencia, cuando tratan de evadir un cerco realizado a su pelotón en África.

En el pasado 40 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana el público asistente pudo verlo en dos nuevos largometrajes, Nido de Mantis e Inocencia, dirigidas por Arturo Sotto y Alejandro Gil, respectivamente: en la primera, integra el trío amoroso entre dos hombres y una mujer, cuyos asesinatos entrelazan la trama del filme; en la segunda, interpreta al militar español Federico Capdevila, abogado defensor de los jóvenes estudiantes de Medicina fusilados el 27 de noviembre de 1871, trágico hecho histórico recreado en la cinta.

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De la experiencia de navegar con el grupo de argonautas que bajo la dirección del dramaturgo Carlos Celdrán tripulan una nave llamada Argos Teatro, comparte que es un camino de sabiduría, una familia, “es como mi religión, mi fe”.

Sobre Diez Millones, pieza en la que interpreta a Padre, comenta: “El personaje para mí fue otro punto de giro (sonríe); me veía como el hijo pero Celdrán quería que hiciera del padre. Tenía que ser así, mejor que Daniel (Romero) como el hijo nadie pudo hacerlo, lo que logró fue maravilloso.

“Actuar como Padre constituyó un reto porque no tengo hijos biológicos ni ese conflicto de separación que tiene el personaje. Además, fue hablarle directamente al público de tus problemas. Cómo puedo mirar a los ojos a una persona que no conozco y decírselos. No es sencillo estar relajado y mentir; lo que hacemos como actores es mentir todo el tiempo; ahora, ¿cómo tú fabricas una mentira para que quien esté ahí te crea?

“Eso está más consolidado en Misterios y pequeñas, con otro personaje que me delegó Celdrán  y me ha abierto una dimensión a papeles complejos. Es una especie de homenaje a los directores y profesores de teatro. Tiene  mucho que ver con Vicente Revuelta quien fue un gran director y profesor de actores de este país, con una metodología muy particular.

“Quiso implantarla a toda costa en sus actores. Sobre todo que estuvieran libres de las máscaras usadas a diario en la sociedad, pues de lo contrario no puedes estar realmente vivo en el escenario. Sumergirme en su filosofía me ha cambiado como actor”.

¿Cómo construye Caleb Casas sus personajes?

Uno tiene una falsa imagen que te da la primera lectura, la segunda también. Es como un maratón; empiezas a releer; a debatir en un intenso trabajo de mesa. Hay que informarse mucho sobre el personaje. Si es alguien conocido pues tienes que indagar sobre él para luego con tu imaginación recrear lo que no dice el texto. Tratar de concretar una situación compleja, humana, esa es la meta.

“En Argos Teatro realizamos una profunda investigación y nos sometemos a un riguroso ejercicio de verdad; requiere desarmarse uno mismo. Para interpretar ciertos personajes hay que romperse”.

Con Misterios y pequeñas piezas  sufrió mucho –afirma-, Celdrán le mostró el texto y él le dijo que no tenía nada que ver con ese personaje que hablaba de una manera elocuente y manejaba ciertas frases; tuvo que desarmarse para interpretarlo.

Actualmente está inmerso en el proceso de investigación previo a una nueva puesta en escena del grupo teatral.

¿Cuál cree sea el papel del teatro en la sociedad cubana actual?

“El papel del teatro en la historia de la humanidad, no solo en la sociedad cubana actual, es hablar sobre lo que somos y sobre lo que desconocemos. Develarle al público lo que ni se imagina que existe.

 “Vivimos en un mundo donde la información visual es muy potente y a la vez devastadora; nos convierte en  almas repetitivas. No nos detenemos a pensar en nosotros mismos y el teatro hace eso. Es lo que más me motiva y me llena en la vida.

“Dice Celdrán que es muy efímero y angustiante saber que el público se va a ir y la obra quedó allí, por lo menos en ese momento en que me sentí vivo en el escenario le trasmití algo”. 

 

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