Jueves
27 de Abril de 2017
Sociedad

Casa de tabúes

Premio en género Crónica. Concurso Manolito Carbonell

Autor: Nurisleydi Infante Martínez, estudiante de Periodismo, Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte
Fotos: Ilustración de ALEJ&RO
Fecha: 1 de Marzo de 2017
Casa de tabúes. Premio en género Crónica. Concurso Manolito Carbonell.  Ilustración de ALEJ&RO

Cuando Nora caminaba, todos los ojos se ponían de acuerdo y, como por telepatía, hombres y mujeres observaban meticulosamente su mar de caderas, la gracia de sus gestos, la furia de su mirada y la soberbia en su barbilla, que era una verdad mal contada.

Muy pocos sabían que ese aire de superioridad fue arma contra las malas lenguas, un barniz para la inseguridad taciturna que la rondó toda su vida.

Gracias a Nora los libros de la biblioteca local no estaban cubiertos por el moho ni por el polvo del olvido. Nora amaba el arte, la lectura. Escribía sin cesar y ocupaba la vida en los estudios. Pero tenía un «defecto» demasiado evidente, demasiado señalado por la sociedad.

No vendía su cuerpo, jamás lo hizo. Lo regalaba cuando no soportaba más la carga líquida en su vientre. Iba de hombre en hombre sin encontrar lo que buscaba. Hasta que llegó el día en que su desnudez fue de dominio público y sus acrobacias en la cama comentadas entre primos, vecinos, testigos todos de sus proezas.

Una vez cuando salió a hacer los mandados se encontró con dos hermanos de los que conocía hasta el lunar del muslo derecho de uno y el gusto del otro de ser mordido en cuanto llegaba al orgasmo. Tuvo la sensación de ser objeto de conversación y de burla. Fue entonces una clarividencia el imaginarse que hicieron la apuesta para ver quién se acostaba con ella ese día.

Las mujeres menos agraciadas, verdes de la envidia; las vecinas siempre preocupadas por el marido ajeno y por el mantenimiento de las buenas costumbres, la tildaron de cuero, de «perdida» incorregible. Pero ella nunca se inmutó. Aun en los días más críticos mantuvo un aire digno y una mirada limpia y firme.

Se sabía animal antes que humana, y le parecía una reverenda estupidez tener que hacer lo que estaba normado solo para contentar a gente que no conocía. Estaba convencida de que la vida es una mierda para tener que chapoletear en la mierda ajena.

Hasta ahora las habladurías no le habían molestado. Hasta ahora, le había dado la espalda al mundo y a la razón para poder ser ella misma, para sacudirse la sarna de tabúes con los que nació. Pero cuando Juan, el Santo, Juan el trabajador, Juan el humilde, la miró de arriba a abajo en busca de algo más que sexo, le pesó ser tan natural en sus instintos.

Supo después, por experiencia propia, que el Santo se parecía más a Don Juan Casanovas que a San Juan. Su lista de conquistas era superior, por mucho, a la de ella. Por eso le sorprendió oír de su boca llamarla mujerzuela y que «le hacía un gran favor al estar con ella».

Fue la primera vez que cayó en la cuenta de que su madre se había equivocado. Ella estaba destinada a ser hombre para que nadie le dijera «cerebro de vagina» cuando hubiera podido ser un «semental» en este mundo de MACHOS. 

Por esa fecha jugó a ser perfecta, convencional. Reprimió tanto su yo, lo drogó tanto con modales y normas, que cuando se miró al espejo vio con tranquilidad que ya no era Nora.

Comentarios

Imagen de mr porno gratis
4 Marzo 2017 - 7:12am
Nora era una mujer fuera de su tiempo, o así lo parece según el relato. Hoy hay muchas Noras, que actúan bajo el paraguas de la libertad sexual.

Deje su comentario

*(Campos requeridos)