Lunes
03 de Agosto de 2020
Sociedad

Cecilia Alejandra, la solidaridad y las dos patrias

Autor: Duanys Hernández Torres
Fotos: Cortesía de la entrevistada
Fecha: 14 de Junio de 2020

Esta historia comenzó hace muchos años cuando una enfermera de Manzanillo se enamoró de un médico peruano que vino a estudiar a nuestro país, y más tarde se especializó en ortopedia y traumatología.

De ese amor entre Yanelis y Héctor Darío nació Cecilia Alejandra Montoya Sabater hace trece años. Los padres ya no están juntos, pero quedó el fruto de la única hija de ambos.

La niña, desde temprana edad, alcanzó la residencia peruana, y comenzó a viajar al país sudamericano desde los cuatro años. Pasaba los meses de vacaciones junto a su padre, la abuela paterna y sus tíos.

Así sucedió cada año hasta que en septiembre de 2019 cuando regresó a Cuba le dijo a su mamá que quería regresar a Perú para estudiar actuación, que esa era su gran vocación.

La madre aceptó y su hija cambió el destino de su vida en diciembre de 2019. De Cuba a Perú. El inicio de una nueva etapa.

Cecilia Alejandra, la solidaridad y las dos patrias

Comenzó sus estudios de secundaria básica y un taller de actuación. Pero una pandemia todo lo trastoca…

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Miércoles 3 de junio de 2020: Residencia estudiantil de la Universidad de La Habana ubicada en la zona 6 de Alamar, y convertida en centro de aislamiento.

Nuestro equipo de televisión llega a realizar un trabajo sobre el centro, y la atención que reciben los viajeros que llegan de otros países. A su regreso tienen que pasar la obligada cuarentena de catorce días en la escuela.

Una mujer en un puro nervio llora, y cuenta los avatares que ha sufrido en los últimos meses. El periodista se acerca y conoce la historia de primera mano.

La madre con los ojos aguados cuenta sobre el idilio de su hija.

Cecilia Alejandra, la solidaridad y las dos patrias

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Perú comenzó la cuarentena por la COVID-19 el pasado 5 de marzo con toques de queda incluidos. Cecilia Alejandra no puede pararse en el balcón. Se estresa al punto de llegar a una depresión moderada con dos intentos suicidas en apenas un mes.

La madre desesperada le pide a Héctor Darío que se presente en la embajada cubana clamando por un vuelo humanitario. Pero las condiciones excepcionales de cuarentena, y su profesión se lo impiden.

Yanelis no podía más. Encontró un grupo en Facebook llamado Cubanos en el Perú. Escribió dos veces clamando ayuda, y una señora le informó que en esos días salía el segundo vuelo humanitario de Perú hasta Cuba. También le dijo que una amiga suya, que se llama Atmara y es natural de Matanzas, estaba anotada en ese vuelo.

Yanelis contactó a Atmara. La yumurina le dio los contactos de la cónsul cubana en Perú.

Malas noticias. La niña no podría viajar en ese vuelo porque tenía documentos peruanos. Emigración lo decidiría por lo que había que realizar la gestión en esa otra oficina.

En ese lugar le informaron a Yanelis que la niña podía viajar porque solo llevaba seis meses residiendo en Perú, y no había perdido sus derechos como ciudadana cubana.

Después de ingentes esfuerzos la niña fue incluida en el vuelo del 3 de junio a las tres de la madrugada.

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Yanelis vive en Manzanillo. Vio un número de teléfono en la pantalla cuando hablaba el doctor Francisco Durán, y desesperada llamó contando su historia.

Cecilia Alejandra, la solidaridad y las dos patrias

¿Cómo podría recibir a su hija? ¿Estaría junto a ella para pasar los 14 días obligatorios después de su llegada? ¿Cuándo se produciría ese abrazo maternal que tanto anhelaba?

Todo se resolvió en un santiamén. Estaría con su hija en el centro de aislamiento de la zona 6 de Alamar. Pero surgía otro problema: ¿Cómo se trasladaba de Manzanillo a La Habana?

Corre para el gobierno provincial de la ciudad del Golfo de Guacanayabo.

«La Revolución es muy grande», me repite Yanelis con los ojos aguados.

«Kiki, el gobernador de Manzanillo, sin conocerme tuvo un noble gesto. Me dijo que eso no tenía problemas, y me montó en la primera guagua que salió para La Habana».

«Otros pueden decir que han sido maltratados y los han peloteado. Yo no. Conmigo las atenciones desde el primer momento han sido las mejores. La Revolución es muy grande», repite llorando.

Yanelis espera pacientemente a punto de mediodía la llegada de su hija.

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Cecilia Alejandra, la solidaridad y las dos patrias

La psiquiatra había recomendado que la menor no podía viajar sola en su estado. El padre no puede acompañarla porque es peruano. El viaje es solo para pasajeros cubanos. ¿Y ahora qué harían?

La familia se desespera. Yanelis habla con Atmara por las redes. La matancera, ese ángel caído del cielo, le dijo que se haría cargo de la niña hasta que llegaran a Cuba. Que ella era madre y entendía del sufrimiento. ¿Cuántas Atmaras cubanas existen cuando la solidaridad llama?

La cónsul recibió los datos de la matancera, y finalmente la niña podía viajar a Cuba.

Cecilia Alejandra, la solidaridad y las dos patrias

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Yanelis está desesperada. El vuelo debió salir a las tres de la madrugada, pero por problemas de tiempo se atrasó.

Regresa nuestro carro. Terminamos la cobertura, pero no paro de escuchar a Yanelis. Repite el eterno agradecimiento para con Atmara y la Revolución. Recuerda el año 1991 cuando cerca de allí se tiró una foto con Fidel, con motivo del Primero Congreso Nacional de la OPJM en Tarará.Sobre las 5 a.m. un avión de la Fuerza Aérea Peruana despegó con 58 cubanos en el segundo vuelo humanitario. Entre ellos la joven Cecilia Alejandra Montoya Sabater, ansiosa por sentir de nuevo el abrazo de su madre.

«Regresaremos». Le prometo a Yanelis que volveré con la cámara a contar su historia.

No es posible. A los dos días me entero que las enviaron a Bayamo a pasar la cuarentena obligatoria. Pero la novela de sus vidas no se me quita de la cabeza. Busco alternativas. Le escribo por WhatsApp.

Yanelis me envía varias fotos junto a su hija. Cecilia Alejandra ríe. No parece la niña deprimida que atentó dos veces contra su vida.

Cecilia Alejandra, la solidaridad y las dos patrias

«La Revolución es muy grande», me escribe Yanelis. Cecilia Alejandra finalmente pudo estar, otra vez, junto a su madre. El abrazo de Yanelis resultó la mejor medicina.

Cuba, Perú, la pandemia, Yanelis y su hija. No puedo arrancarme esta historia de la cabeza. Necesito escribirla para exorcizar mis demonios.

Escribo mientras Cecilia Alejandra duerme según me cuenta su madre. Imagino que sueñe con la solidaridad y sus dos patrias.

 

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