Sábado
19 de Septiembre de 2020
Cultura

Como agua para chocolate

Autor: Oday Enríquez Cabrera
Fotos: Archivo
Como agua para chocolate

La producción literaria de la segunda mitad del siglo XX, enmarcada dentro de lo que se ha dado en llamar posboom, encuentra en la novela —al igual que en la poesía— un espacio propicio para desarrollarse. Las obras insertas dentro de esta corriente se caracterizan, en primer lugar por una esencial actitud humanista. Su intención principal es mirar al hombre y sus problemáticas más inmediatas. Mas no es al «héroe trágico», ni a la «mujer fatal» a quienes dirigen su mirada; su enfoque va a figuras y personajes comunes, poco atendidos hasta el momento.

No obstante los temas habituales de la literatura ­mantendrán su espacio; el amor, la muerte, ahora abordados, quizá, con más delicadeza. Otros tópicos, antes considerados tabúes encuentran un tratamiento pleno. Tal es el caso de la situación de la mujer dentro de la sociedad. Los escritores buscan en la cotidianidad los escenarios de sus historias. No hay un interés por lo trascendental, sino más bien se busca calar en el hombre y sus emociones más comunes: duda, temor, esperanza, amor, error, virtudes, defectos… Por otra parte se evidencia un rechazo hacia las actitudes injustas. Se critica todo autoritarismo y los prejuicios impuestos.

Las obras recrean historias con un conflicto bien marcado, no para darle solución, sino para mostrar lo real, lo cotidiano, despojado del tradicional encanto y los finales felices. Su interés es reproducir la contradicción viva del ser humano. En cuanto al lenguaje, los nuevos novelistas conceden gran protagonismo al habla coloquial, a la oralidad. Se rescata la palabra callejera y se echa a un lado la exuberancia cultista de la etapa anterior.

Dentro del corpus de escritores del posboom destaca una mujer cuya impronta revela gran parte de los elementos antes mencionados. Su obra acentúa, sin lugar a dudas, por la forma sui generis de reflejar las historias.

Laura Esquivel nació en México en el año 1950. Su primera novela, Como agua para chocolate (1989) la colocó en un lugar importante dentro de  la literatura del siglo XX. Luego La ley del amor (1995) se alzó como la primera  novela multimedia, al mezclar la lectura con la escucha de temas en momentos específicos. A estos dos grandes éxitos siguieron íntimas suculencias (1998), Estrellita marinera (1999), El libro de las emociones (2000), Tan veloz como el deseo (2001) y Malinche (2006).

Como agua para chocolate cuenta la historia de Tita, una joven que domina a la perfección el arte de cocinar. A partir de distintas recetas elaboradas da a conocer sus estados de ánimo, sentimientos y emociones, de ahí que la estructura de la novela muestre la peculiaridad de parecer un recetario de cocina. Sin embargo el estar relegada a la cocina no resulta un problema para ella. Su verdadero dilema se debe a una tradición familiar: por ser la menor está condenada a la soltería mientras viva su madre, pues debe ocuparse de ella dejando de lado su propia vida. Lo triste de la historia es que Tita está enamorada, mas no puede consumar ese amor: Pedro.

Llena de tensiones no resueltas, la novela se desarrolla a la par de la cocción de los alimentos en las distintas recetas. La Esquivel logra mostrarnos el interior de un hogar mexicano, de los más tradicionales, donde lo cotidiano es reflejado, en buena medida por medio de un lenguaje popular, coloquial, diríamos. El amor, que aunque en toda novela «rosa» es la única solución a los males de la protagonista, no resuelve su problema. Su alivio real lo encuentra en la cocina y en la invención de nuevos sabores y recetas.

En esta novela, donde el espacio «cocina» deviene protagonista de la historia, se evidencia una denuncia al rol de sumisa que ha ocupado la mujer a lo largo de la historia. Tita, al igual que miles, ha debido encontrar en la cocina un remedio, un calmante para su situación.

Sumida en las recetas olvida por momentos que no es dueña de su vida, que no puede decidir por sí misma porque se debe a retrógrados paradigmas e injustas tradiciones. Aparentemente la historia se colorea de ese calificativo «rosa», bajo el cual se encuentran obras ligeras, de entretenimiento, donde priman los finales felices. Sin embargo, esa aparente sencillez en el lenguaje y en la trama, encierra toda una crítica a la situación de la mujer, asociada históricamente a la cocina, vista como objeto del hogar, del cual dispone tanto el hombre, marido, como la madre, figura en un peldaño superior.

En el prólogo a la edición digital de la novela, Lourdes Ventura afirma:

«…Si Laura Esquivel ha regresado al espacio tan femenino y anteriormenteenclaustrador de la cocina, no ha sido para condenar a Tita a la aceptación de un destino de renuncias, sino para enfrentarse a la vida de las mujeres limitadas a una acción que solo será expresada mediante los esfuerzos para saciar a los demás. La fuerza del amor de Tita y su afirmación personal convertirán el rito de la nutrición ajena en un ritual mágico cargado de rebeldía…».

En efecto, Tita no está inconforme con su labor de cocinera dentro del hogar; sin embargo, todo lo otro que rodea su vida carece de una solución, al menos desde sus manos.

Obra de «fácil» lectura, Como agua para chocolate, ocupa un lugar privilegiado dentro de las letras mexicanas y latinoamericanas, en sentido general. Su estructura atrapa, desde el primer momento, por el encanto de cada receta. Las palabras se consumen como el más suculento plato, se degustan, quizá, con el mismo placer con que se bebe una taza de humeante chocolate.

 

 

Comentarios

Thais (no verificado)
Imagen de Thais
11 Septiembre 2014 - 11:31am
Ya vieron la peli? genial....es de esas que reflejan exactamente la novela y que dan placer al verla....no he tenido al oportunidad de leer la novela pero se con certeza que si la peli estaba tan buena, la novela será cuatro veces mejor...

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