Martes
12 de Noviembre de 2019
Sociedad

Cronista del pueblo

Autor: Dainerys Mesa Padrón
Fotos: Cortesía del entrevistado
Roger es Doctor en Ciencias de la Comunicación y actualmente trabaja como Profesor titular en la Universidad.

Lector apasionado. Amante del cine. Profesor del primer año de Periodismo desde 1992. Roger Ricardo Luis asume y vive su carrera como una religión.

Para muchos graduados de la Facultad de Comunicación a partir de 1992, su rostro fue la primera cara del Periodismo.

Desde la época en que nos tomaba la asistencia y nos alentaba a las lecturas de Vargas Llosa, García Márquez, Pablo de la Torriente y otros, supimos que siempre sería el maestro. Aun cuando en la universidad se use «profe».

La sinceridad de sus opiniones, la modestia en la ­exposición de su trabajo, la comprensión más allá de los 45 minutos del turno, y ese aire de «palestino-holguinero» buena gente, distinguen —según consenso grupal—, al tremendo tipo que es Roger Ricardo Luis.

Si bien se declara un periodista alejado de la «gran escena», en sus 27 años de carrera ha vivido grandes momentos de la historia latinoamericana.

«Como reportero de temas nacionales en el diario Granma tengo la satisfacción de haber seguido los acontecimientos más importantes del país desde 1976 hasta 2004. También el placer de las salidas con el Comandante en Jefe, y en oportunidades, haber conversado con él. El seguimiento de los huracanes, que por ser uno de los más jóvenes fui a los lugares más devastados, allí donde duele más.

«Hice la cobertura de la catástrofe natural en Venezuela en 1999. Acompañé entonces a las primeras  brigadas médicas.

«Esta carrera me dio la oportunidad de conocer la Revolución cubana, parte de la Sandinista y la Bolivariana. Además, participar y reportar desde adentro sus hechos más trascendentales».

A la sombra de Peleando con los milicianos, de su «mentor profesional y político» Pablo de la Torriente, Roger fue corresponsal-combatiente en Nicaragua y Angola. Sin lugar a dudas, estas experiencias conforman el peldaño más elevado de su vida laboral.

«Y un crecimiento humano muy importante. «En un conflicto, cuando las cosas se ponen malas, o uno sale siendo mejor persona o se convierte… en otra cosa.

«La mayoría de los cubanos internacionalistas, de una manera u otra, nos hicimos grandes seres humanos. Este fue el sueño de mi generación, pues resulta el escalón más alto, como decía el Che».

¿Qué fuiste más, periodista o soldado?

En Cuito Cuanavale, Angola, durante una de sus misiones como corresponsal de guerra.
En Cuito Cuanavale, Angola, durante una de sus misiones como corresponsal de guerra.

«Las balas no saben leer, ni distinguir quién es quién. Tanto en Nicaragua como en Angola me moví con el uniforme de combatiente y estuve en los mismos lugares que ellos.

«El corresponsal de guerra va a informar. Sin embargo, para conocer o transmitir la magnitud de la guerra, hay que estar en la zona de conflicto. Es allí donde se siente y se vive la realidad. De todas maneras, tuve preparación, pues formé parte del primer grupo de periodistas en un curso de un año en la Academia militar Máximo Gómez.

«¡Claro que viví aprietos! Uno va con la tropa a reportar, pero en un combate no te puedes meter debajo de una piedra. No obstante, tomo las palabras de García Márquez: “vivir para contarlo”.

«En medio de la acción hay que registrar los hechos importantes y no quedarse con la versión personal ni del alto mando; entrevistar, sobre todo, a los combatientes».

La crónica, la entrevista y el reportaje son los géneros preferidos por Roger para narrar, desde los escenarios más insospechados, increíbles historias de vida.

«En Granma siempre estaba inventando ir para la ­Sierra Maestra. Le avisaba a Marta Rojas, mi jefa en aquellos momentos. Y salía acompañado de un fotógrafo, ­generalmente Liborio Noval o Ismael González.

«Cuando se va a estos lugares uno no se puede bajar de un carro y venir con la grabadora en las manos listo para la entrevista. Con estas personas, de una tremenda grandeza humana, hay que convivir.

«Por eso dejábamos el carro en un poblado cercano y partíamos loma arriba. Dormíamos en sus casas, conversábamos, ayudábamos a recoger café…, compartíamos nuestras vidas con ellos y ellas. En ese ámbito, sacábamos el néctar de los trabajos.

«Me gusta acercarme a la gente de abajo, los campesinos, pescadores, obreros, gente humilde. La mayoría de las historias bellas, maravillosas de la vida, las viven y cuentan estos hombres y mujeres de pueblo.

En 1986 recibió la réplica del machete mambí del Generalísimo Máximo Gómez, el mayor galardón que entregan las Fuerzas Armadas Revolucionarias a personalidades de la cultura cubana.
En 1986 recibió la réplica del machete mambí del Generalísimo Máximo Gómez, el mayor galardón que entregan las Fuerzas Armadas Revolucionarias a personalidades de la cultura cubana.

«Las coberturas con las FAR y el MININT me propiciaron también escribir desde la brigada de la frontera, en unidades militares, con las tropas guardafronteras, ante amenazas de agresión. Pero en cualquier tema el ser humano devenía centro de mis redacciones».

Esta filantropía quiso tomar cuerpo en libros; casi lo hace en la Arquitectura; y lo anheló en la realización ­cinematográfica. Para suerte de alumnos y lectores se hizo verdad en tinta y papel.

«El Periodismo es como mi religión, una religión muy linda. De niño revisaba las revistas Bohemia de mi papá. Era uno de mis mayores entretenimientos. Crecí escuchando la radio. Y cuando aprendí a leer descubrí un mundo fascinante. Gracias a mi tío Renán, maestro al fin, he sido un fiel lector hasta ahora.

«En la secundaria y el preuniversitario me ponía a escribir y resultaba organizador de boletines. Mas, como fui fundador de las escuelas vocacionales, que en aquel momento preparaban para carreras de ciencias exactas y técnicas, no opté por nada de Humanidades.

«Hice el examen de ingreso para estudiar Arquitectura. Lo aprobé, y hasta terminé primer año con buenas notas. Decidí entonces presentarme a las pruebas de Periodismo, y aquí estoy.

«Al principio me alentaba el sueño de ser escritor, luego el cine me enamoró. Era fan de los noticieros ICAIC y ferviente admirador de Santiago Álvarez».

¿Te has arrepentido alguna vez de tomar este camino?

«Nunca. Lo primero es que te guste la profesión y convertirla en una fiesta, en una aventura. Siempre lo estudiaría y sería reportero.

«Fui el primer recién graduado en Granma. Allí me formé profesionalmente. Agradezco a este órgano y al equipo tan extraordinario que fueron mis compañeros y maestros. A ellos les debo mucho. Puedo citar a: Elio Constantín, Joaquín Oramas, Evelio Tellería, Mirta Rodríguez Calderón, Agustín Pí Román…

«Después el periódico se convirtió en mi familia. Allí también trabajó mi esposa Iraida. Las primeras salidas de mi hija a la calle, tras su nacimiento, fueron a la redacción.

«Esta carrera es pasión. Y ser apasionado comporta riesgos, felicidad, errores; no obstante, hay que asumirlos. Debemos aceptar que nuestra razón de ser está enraizada en la sociedad; así como leer mucho, buscando ­continuamente la superación; y por encima de todo, ser buenas personas».

A través de los éxitos y los errores de sus alumnos — los primeros o los últimos— vive Roger el día a día mediático.

«Cuando uno tiene un estudiante se siente responsable de su trabajo aunque hayan pasado los años. Vivo la profesión mediante ustedes. Es esta una manía de viejo maestro».

¡¿Viejo?!

Roger junto a su esposa Iraida, su hija Patricia y su nieto Ignacio.
Roger junto a su esposa Iraida, su hija Patricia y su nieto Ignacio.

«Fui alumno ayudante de Historia e Historia de la Filosofía durante la carrera.

«Una vez graduado, impartí clases de esta última y de Marxismo, en la Colina. Debo admitir que desde el principio anduve rondando la asignatura de géneros periodísticos; pero lo pospuse hasta encontrarme en plenas capacidades para mostrar una obra que respalde la teoría impartida.

«Es así que desde 1992 integro el Departamento de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Inicialmente como adjunto, más tarde como Profesor Titular.

«En la docencia universitaria el pensamiento del profesor debe estar en consonancia con el de los alumnos, para acompañarlos y debatir a su altura. En mi materia estamos en medio de la realidad, de la vida, y así se debe llevar al aula. No creo ser un academicista. Si tengo que parar la clase para aclarar y explicar un tema de actualidad, pues ya recuperaremos el tiempo perdido…»

Con los ojos húmedos Roger agradece a su familia por el apoyo en la vida; sobre todo a su esposa Iraida, quien ha debido renunciar a importantes empresas en su carrera, con tal de apuntalar sus sueños. Es ella la misma que lo alienta, corrige, e imprime «el sello de calidad» a sus obras antes de publicarlas.

 

* Entre otros reconocimientos, Roger ha sido laureado en dos ocasiones con el Premio Latinoamericano de Periodismo José Martí.  Ha publicado también diversos títulos entre los que se encuentran: Prepárense a vivir; Guantánamo, bahía de la discordia y Venezuela después del diluvio.

Comentarios

Imagen de Pedrito Guzmán
24 Noviembre 2015 - 8:16am
Roger Ricardo Luis, un ser humano excepcional, tiene una hoja de vida impecable, digna de imitar! Nos conocimos en Managua en la época dura y desde entonces hemos conjugado el mas noble de los sentimientos, la amistad! Me siento orgulloso de este titán de acero, un verdadero Maestro. Felicito a los editores de Alma Máter y a la periodista Dainerys Mesa Padrón. Abrazos desde la tierra de Máximo Gómez Báez

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