Miércoles
15 de Julio de 2020
Universidad

Cuando dar el paso al frente se convierte en vocación

Autor: Rodolfo Romero Reyes
Fotos: Yoandry Ávila
Fecha: 27 de Mayo de 2020

Para un diálogo breve y preciso, ella tiene habilidades innatas. En síntesis, explica que «la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) es una organización para participar, que se construye todos los días, tiene una misión transformadora y se esfuerza por parecerse cada día más a los jóvenes cubanos, ya sean militantes o no».

Ante la pregunta: ¿Por qué estás aquí?, ofrece una respuesta breve: «Me siento útil y entiendo que el trabajo que realizo es necesario». Y si se nos ocurre pedirle un mensaje para la juventud, invita a «que sean parte; que se den la oportunidad de participar en los procesos y que se animen a construirlos desde adentro».

Estas breves líneas podrían darnos pistas de cómo piensa la joven que recién asume como Segunda Secretaria del Comité Nacional de la UJC. Pero una primera opinión no basta, así que decidimos escudriñar un poco más. Nos recibe con el nasobuco puesto, en la sede de la organización juvenil. La cita se había confirmado para la tarde porque venía de regreso de una reunión en Matanzas. Al llegar y darse cuenta que nos habíamos adelantado al horario convenido, enemiga de protocolos — y de forma espontánea — no nos hace esperar, nos invita a su modesta oficina en la que, desde sus ventanas, se puede apreciar una vista privilegiada de la ciudad.

Primero se lava las manos, desinfesta la mesa, la carpeta que también ha protagonizado el viaje interprovincial y, guardando la necesaria distancia, se quita el nasobuco y empieza este diálogo entre contemporáneos.

¿Cómo describes tus primeros años de militancia en la UJC?, le pregunto para romper el hielo.

«Cuando me hicieron el proceso especial de crecimiento, estudiaba en noveno grado en una secundaria básica en Caimito. Recuerdo que el carné nos lo entregaron en la Tribuna Antimperialista José Martí. Tremenda emoción. Así que mi militancia comenzó tres meses después en la Escuela de Instructores de Arte “13 de Marzo” en San Antonio de los Baños, donde fui secretaria de mi Comité de Base, que pertenecía a la especialidad de Dirección Coral. Después, en el 2005, sin dejar a un lado las tareas como militante, asumí como presidenta provincial de la Brigada José Martí de la, en aquel entonces, provincia Habana».

Aylín salió embarazada de su primer hijo, Diego Alejandro, y a su regreso de la licencia de maternidad, empezó su vida como cuadro profesional de la organización. En breve tiempo, transitó por varios cargos, primero como instructora, luego como miembro del buró y, finalmente, como Primera Secretaria del Comité Municipal de la UJC en Caimito.

«Allí estuve un año y cinco meses. Caimito es un municipio pequeño, con alrededor de 70 organizaciones de base. Al ser un pueblo de campo, la actividad fundamental que desarrolla es la agricultura. De ahí que parte importante de su militancia está ubicada en cooperativas y actividades relacionadas con la ganadería. Militantes muy nobles y entregados».

Por los méritos en su desempeño, la enviaron a un diplomado en Dirección Política, que duró cinco meses. En ese momento, nació su segundo hijo, Álvaro Daniel. Evidentemente los procesos de maternidad no han sido un impedimento para que Aylín continuara sus tareas en la organización juvenil. Por el trabajo realizado en Caimito y su constante superación profesional, fue propuesta como Primera Secretaria, ahora del Comité Municipal del municipio Playa, en La Habana. Ahí empezaría una nueva etapa en su vida, que duraría un año y ocho meses.

«Esa impronta profesional de la superación constante se multiplicó al llegar a un municipio como Playa, que tenía más de 300 organizaciones de base. Cuando en Caimito dirigía a 6 cuadros, ahora trabajaba con 21. A lo que había aprendido de arte, en mis tiempos de instructora, o de agricultura, en Caimito, debía sumarle ahora temáticas relacionadas con la Ciencia, porque allí está ubicado el Polo Científico y muchos de los militantes son precisamente jóvenes científicos. El trabajo implicaba una dosis adicional de preparación para sentirse más cercano a ese universo de jóvenes que uno debía representar y liderar».

Escenarios distintos, jóvenes diferentes. Aylín debió crecerse, y según los resultados obtenidos, lo hizo muy bien.

«Las preocupaciones de la militancia en Caimito eran cómo poder aportar más al país en la economía, en la producción. En Playa, aunque no era tan distinto, los jóvenes tenían una manera diferente de asumir sus proyectos de vida. Agradezco mucho el haber pasado por ambas experiencias, crecí mucho y conocí personas muy valiosas en el ámbito profesional y personal. En Playa, esa propia dinámica que me llevó a estar constantemente aprendiendo, fue la principal herramienta que utilicé para aclimatarme a un escenario que no era el mío; yo era una muchacha de pueblo — que no he dejado de serlo — , pero cuando llegué aquí fue un poco difícil el cambio».

Al concluir la experiencia en Playa, pasó a atender la esfera de Educación, Salud y Deporte en el Comité Provincial, donde pronto fue promovida a Primera Secretaria de La Habana. En ese tiempo, la organización desarrolló un diálogo con grupos de jóvenes que interactuaban en redes sociales y además convocaban a encuentros físicos en diversos lugares de la capital.

«Ese proceso lo viví como una gran oportunidad. Sus resultados hablan de cómo tenemos que atender a nuestros adolescentes. Algunos de ellos manifestaban conductas distintas a los valores y principios que promueve la UJC, pero no por eso debíamos rechazarlos. Estaban carentes de alguien que los escuchara, que los atendiera, algo que muchas veces en su familia no encontraban. Durante el proceso de diálogo con ellos, manifestaron que no tenían opciones de recreación en sus municipios. Nos vinculamos como organización y también invitamos a los ministerios formadores, porque la mayoría de estos muchachos hacen su vida en nuestras escuelas. Propiciamos espacios de recreación en los que no se ingerían bebidas alcohólicas y había que participar con una vestimenta adecuada. Les ofrecimos un espacio y funcionó. Fue una oportunidad de influir, de acompañar, de ser parte y de ser cercanos a esos jóvenes que, aunque no son militantes, son también nuestra responsabilidad».

Precisamente, su labor en la capital la hizo más cercana a las dinámicas internas de distintas universidades. Por eso, quise preguntarle por los desafíos y los retos que implica para un universitario ser militante de la UJC.

«Dentro los principales retos que tienen nuestros universitarios está prepararse para ser buenos profesionales que puedan aportar al país, sin importar en qué sector de la economía se encuentren después. Tienen que ser jóvenes revolucionarios comprometidos con su Patria y prestos, como lo han demostrado en estos días, a responder al llamado de acompañar al pueblo y a la Revolución en el enfrentamiento a las más difíciles circunstancias. Es un orgullo contar con una organización como la FEU que sigue haciendo historia de la mano de la UJC y del resto de los jóvenes cubanos».

Al estar al frente de la organización en la capital, Aylín pasó a ser miembro del Buró Nacional. Con más responsabilidades y más poder de decisión, la invito ahora a recordar aquellas insatisfacciones o cuestionamientos que se hacía cuando solo dirigía 70 organizaciones de base en un municipio como Caimito.

«Algo que en aquel momento hubiera deseado cambiar, es quizás lograr lo que ha sucedido en los últimos años y que tiene que ver con la construcción colectiva en los procesos y la participación de todos para poder lograr un objetivo común; desde lo que somos, y que lo que hacemos se parezca a los jóvenes cubanos. Los dirigentes juveniles debemos ser fieles representantes de sus intereses».

Como periodista, coincidí con Aylín en varias ocasiones durante el último año, la mayoría de las veces en actividades que se desarrollaron como parte de los preparativos del onceno congreso. La propagación de la pandemia provocó que la cita prevista para el 4 de abril no pudiese efectuarse, sin embargo, ya habían sucedido los procesos más importantes del cónclave, dado que su diseño no se circunscribió a dos o tres días de debate nacional, sino a un proceso que se vino desarrollando meses atrás.

«El onceno congreso no se suspendió, se materializó en la base, se concluyó en todas las provincias y se consultó la candidatura de los 103 miembros al Comité Nacional en cada provincia con los delegados previstos para el encuentro nacional. A partir de la situación de aislamiento social, el país no estaba en condiciones de poder hacer el congreso que habíamos soñado. La mejor manera de aportar era entender que no podíamos realizar las sesiones finales y decidimos darlo por concluido. Del proceso desarrollado se generaron 53 objetivos. Estos fueron analizados por el ya constituido Comité Nacional; se acordó darles seguimiento como plataforma de trabajo de la organización en la próxima etapa».

La crisis actual, si bien impidió la reunión física de parte de la vanguardia de la organización, ha propiciado su protagonismo en el enfrentamiento a la Covid-19. Quizás para que los lectores no se centren en su sacrificio personal, mi entrevistada prefiere hablar de otros tantos que, en tiempos de crisis, están dando lo mejor de sí: «jóvenes que se han incorporado de manera voluntaria a las tareas en los comités de defensa municipales, estudiantes de Ciencias Médicas que realizan las pesquisas, los que han pedido incorporarse a la zona roja donde se libra una batalla entre la vida y la muerte, los que se vinculan a la producción y a los servicios, los que han acompañado los sistema de atención a la familia y llevan a casa de ancianos medicinas y comidas. Ha sido la oportunidad para manifestar esas esencias positivas que tiene nuestra juventud».

Hace apenas tres semanas Aylín fue elegida como Segunda Secretaria. De sus experiencias nos confiesa, han sido bien intensas. «Es una responsabilidad bien grande, uno tiene preocupaciones y temores. A la segunda secretaría del Comité Nacional se subordinan dos aristas importantes: la economía y la vida orgánica de la UJC». Sabe que debe llevar las dos cosas de una manera equilibrada: «La organización existe porque existen los militantes. Hay que prestarle atención a los procesos propios, al crecimiento. Debemos lograr que la influencia en lo político y en lo ideológico con nuestros militantes sea el resultado de ese trabajo diario, de esa conexión permanente».

Con espíritu inagotable, pasada la primera media hora de la entrevista, no para de generar nuevas ideas: «En los próximos meses, a partir de que se irá restableciendo una “normalidad” que no será esa a la que estamos acostumbrados, los jóvenes nos vamos a incorporar a polos productivos que se han identificado en cada una de las provincias y que será parte de nuestro aporte a la producción, teniendo en cuenta que se reducirán al mínimo las importaciones. Nos espera un año muy duro en el que la juventud cubana seguirá apoyando en lo que sea necesario».

Retomo la idea de los procesos propios de la organización. Una parte de los militantes de la UJC cuando llegan a los 30 o 35 años deciden no ingresar al Partido Comunista de Cuba, a pesar de que militan en la organización juvenil de dicho Partido. ¿Preocupa esto a la dirección de la juventud? ¿Qué han analizado al respecto? Son preguntas que trascienden mi conversación con Aylín y que darían pie a trabajos periodísticos y de opinión mucho más extensos. No obstante, le comparto esas inquietudes, no solo como periodista sino también como militante.

«El proceso de crecimiento al Partido en los últimos dos años ha sido de las acciones que más ha preocupado y ocupado a la organización. Debe ser un proceso natural, a partir del momento mismo en que identificamos a un joven para ser militante de la UJC, porque somos la organización juvenil del Partido, y así tenemos que dejarlo claro. La militancia en la juventud es un porceso de preparación y formación para de manera más madura, asumir la militancia partidista. La continuidad no solo se expresa en la superestructura, sino en lo que hacemos todos los días».

La primera vez que Aylín recuerda haber dado el paso al frente para asumir alguna responsabilidad, fue en cuarto grado. «Siempre fui una pionera muy dispuesta, me sumaba a las tareas o me inventaba cosas y volvía cómplices a los que tenía a mi alrededor. En mi aula, había unos niños que eran muy indisciplinados y por eso no rendían como el resto. A mí siempre me ha gustado ayudar a los demás y a ellos nadie los quería en las casas de estudio. Me acuerdo que se los metí a mi mamá allá en la casa; hacíamos juntos los trabajos prácticos; yo ponía un pizarrón en un cuarto que había en mi casa y prácticamente les volvía a dar las clases. Después las mamás de ellos estaban súper agradecidas. Eso fue de las primeras cosas locas que hice, mi mamá me quería matar porque aquello le ponía a mi casa una dinámica tremenda».

Esa vocación de servir, de ayudar, no la ha perdido nunca. Tampoco su afición por el arte que empezó en los festivales de pioneros aficionados y que continuó hasta su licenciatura en la especialidad de música. ¿Extrañas tus tiempos de instructora de arte?

«Muchísimo. Sobre todo porque a mí me encanta la música, el arte, las cosas hechas con belleza; me gusta ponerle sentimiento a todo. Esa forma de pensar y de sentir me ha ayudado mucho en mi vida política: trato de llegar a un lugar y transformarlo. Debemos sentirnos inconformes con lo que vemos todos los días y tratar de convertirlo en algo más bonito, cercano, más atinado a lo que necesitan los demás. Estoy en la UJC porque entendí que era necesario en aquel momento y porque sus cuadros proceden desde distintos sectores de la sociedad; también en el arte hay jóvenes comunistas».

Pronto el rostro de esta joven aparecerá en distintos medios de comunicación. De verla tantas veces, la empezaremos a identificar como un «cuadro juvenil», como la Segunda Secretaria, como alguien que se dedica al trabajo político e ideológico. Cuando ese momento llegue, los invito a que recuerden que ella, además, es una joven cubana, instructora de arte, amante de la música y madre de dos niños de 10 y 4 años. Aylín es una joven como ustedes, como nosotros que, desde que tiene 9 o 10 años ha asumido como vocación el arte de ser útil.

 

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