Martes
22 de Agosto de 2017
Sociedad

Cuando los primeros pasos resultan prematuros

Mención en género Crónica. Concurso Manolito Carbonell

Autor: Merlyn Barroso Hernández, estudiante de Periodismo
Fotos: Ilustración de Yaimel
Fecha: 20 de Marzo de 2017
Embarazo precoz en las adolescentes cubanas.  Ilustración de Yaimel

Karla nunca se graduó de abogada (su sueño desde pequeña), no fue a las fiestas de la mayoría de sus compañeros de aula ni pudo tomarse más refrescos sentada en el malecón mientras caía la tarde. Su vida se redujo a la casa, a esperar a su joven «marido», a ser una «mantenida» por sus padres y a la educación que tanto le costó brindarle al hijo.

Con casi 15 años dio a luz a Carlitos, un niño hermoso, pero que hoy presenta retardo en el aprendizaje. Quizás fue por la breve edad con que lo tuvo su madre, una adolescente inexperta quien, con el aviso de unos cuantos vómitos, una intensa somnolencia cada mediodía y el lento ensanchamiento de su cuerpo, se puso alerta frente a un embarazo ya irremediable.

Actualmente esta es una situación frecuente en muchos hogares cubanos. Se ha convertido progresivamente en un problema que afecta no solo a parte de nuestra población, sino a numerosos países del mundo.

Según investigaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), 16 millones de adolescentes de edades comprendidas entre los 15 y 19 años dan a luz anualmente, lo que representa el 11 por ciento de los nacimientos a nivel mundial.

El miedo a ser rechazadas por la sociedad, la incomprensión de la familia, el no reconocimiento del niño por parte del padre, el tener que renunciar a la educación y al esparcimiento propio de esta etapa de la vida, reduce la autoestima de quienes por error o irresponsabilidad, dieron vida a bebés que muchas veces sufren de malformaciones congénitas o trastornos psicológicos.

Afirman los expertos que la edad comprendida entre los 20 y 35 años es la más apropiada para dar a luz, pues en la adolescencia no se está preparada ni física ni mentalmente para ello. Pasada la edad ideal, corren riesgos tanto la madre como el bebé.

Si no cuidamos la salud, y atentamos contra nuestro porvenir, entonces, cómo velar por un niño que requiere de tiempo y dedicación continuos.

Con los disímiles métodos anticonceptivos existentes y numerosas maneras de documentarnos para una mayor protección y conocimiento, no hay que llegar a afrontar, entonces, el embarazo no planificado. Tampoco, como muchos deciden, acudir al aborto para evadir el problema. Ese «método» constituye otra manera de arriesgar la vida.

En nuestro país se realizan diversas campañas para la prevención del embarazo precoz y las enfermedades de transmisión sexual, guiadas por el Ministerio de Salud Pública (Minsap) y otras organizaciones creadas para ello. Audiovisuales, proyectos educacionales y boletines informativos, son algunas de las iniciativas que se llevan a cabo para tal propósito.

Pensemos también en las familias de los jóvenes, que si, con suerte, aceptan el embarazo, tendrán compleja tarea: adjudicarse el rol de padres cuando realmente son abuelos, pues los hijos no suelen estar aptos para ocuparse ni económica ni educacionalmente de los recién nacidos.

¿Habrá sido suficiente jugar a las casitas unos años antes o la costumbre de pasear nuestra mascota todas las tardes, para asumir la responsabilidad de brindar amor, seguridad, sustento, cuidado y educación a un ser humano?

No solo es la salud la que ponemos en juego, es, además, la estabilidad económico-social de una nueva familia que en ocasiones solo conforman madre e hijo, siendo este un pequeño que comenzará a gatear al lado de una joven que aún da sus primeros pasos.

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