Sábado
24 de Agosto de 2019
Sociedad

Cuando un regreso es posible

Autor: Yoandry Avila Guerra
Fotos: Cortesía del entrevistado
Fecha: 1 de Abril de 2019
Lyam nunca pensó irse de Cuba, hoy ve oportunidad en la ida y vuelta.  Foto: Cortesía del entrevistado

Los aviones y un autobús después, estalló en lágrimas e imprecaciones. Dos aviones y un autobús después de la partida de La Habana, buscó a través de las ventanas de la nueva casa algún resquicio de su Guanabacoa natal. No lo encontró. Saltillo, la capital del estado mexicano de Coahuila se le hizo esquiva. A los 15 años vivir sesgado –aunque esta pudiera ser una palabra desconocida para un adolescente– viene con la carga dramática de un angustioso final.

Lyam Toledo nunca pensó irse de Cuba. Su abuelo paterno fue la razón. Cuando era un bebé, su abuelo –científico y docente– partió a México con solo un boleto de ida. No lo conocía en persona, pero las frecuentes llamadas telefónicas afianzaron el cariño entre ambos hasta que un día, de manera abrupta, toda comunicación cesó. El Alzheimer abrió la brecha que primero llevaría a su madre a México a cuidar al progenitor, y luego, tras casi un año separado de ella, a él.

«Salí acabado de terminar la Secundaria Básica. Llegué un viernes y las clases comenzaban un lunes. Solo me dio chance inscribirme en una escuela privada. Después del corte evaluativo del verano matriculé en la preparatoria pública Ateneo Fuente. Allí los profesores se interesaban porque los alumnos entendieran y comprendieran, sobre todo que ese conocimiento se aprovechara también de manera práctica. La educación que me llevé de Cuba era mejorable. Mi tiempo fue el de los profesores emergentes y las teleclases. Pero me sirvió de base».

Poco antes de graduarse, por buen rendimiento académico le otorgaron una beca parcial en la Universidad del Valle de México. Lyam no tenía idea de qué estudiar. La salud de su madre igualmente se resintió en ese tiempo y, ante el estado de ánimo que los embargó, decidieron regresar y que probara estudiar la universidad en Cuba.

***

Un autobús y dos aviones después de su partida de Saltillo arribó a La Habana. En dos ocasiones anteriores había vuelto a su Guanabacoa durante las vacaciones escolares. Esta vez era diferente; este no era un viaje solo para curar nostalgias.

Ya en la Isla, la preparación para las pruebas de ingreso a la universidad ocupó la mayor parte de su tiempo. En su boleta de inscripción, Diseño aparecía en las tres primeras opciones; sin embargo, por unas centésimas de punto, no obtuvo la única plaza disponible por la vía de Concurso: «Era una sola. Alguien lo decidió así y no pude estudiar la carrera».

«En la cuarta opción puse Ingeniería Mecánica que también me gustaba. Llegué a la facultad para inscribirme. Me piden la baja del Servicio Militar. Fui a solicitarla y en lugar de eso me dan de alta. Después, prácticamente me licencian por la vista, soy miope alto. Regresé con el papel a inscribirme. Miré bien la facultad y me di cuenta que no tenía nada que ver conmigo. Le dije a mi mamá que no se estresara. Iba a hacer las pruebas de nuevo el próximo año».

Conoció del Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana, donde se estudia la licenciatura en Gestión y Preservación del Patrimonio Histórico Cultural. Pasó el test de aptitud de esta carrera preotorgada, y luego venció los exámenes de ingreso a la Educación Superior. Ya con un pie dentro de la Institución, tanto él como todos los estudiantes que en la capital se presentaron ese año a las pruebas tuvieron que repetir la de Matemática. Se cometió y detectó un fraude que invalidó los resultados de los miles de jóvenes que rindieron el examen.

Con 23 años y la tesis de grado casi a cuestas, confiesa que todas sus expectativas de estudio no se han cumplido, pues aunque la licenciatura tiene un campo de acción amplio, no se han acercado con profundidad a conocimientos que considera indispensables para los futuros gestores del patrimonio. Por otra parte, –reflexiona–, existen asignaturas que repiten los mismos contenidos desde otros enfoques y pudieran, desde su apreciación, integrarse.

También trabaja en el estudio galería La Marca, ubicado en el Centro Histórico de La Habana. Allí dedica su talento como pintor a convertir en lienzo la piel humana, mediante la realización de tatuajes. La gestión de este proyecto cultural prevé tomarla como tema de sus tesis de licenciatura. Luego, intentará nuevamente estudiar Diseño.

¿Ejercerás tus posibles dos carreras en Cuba?

«Me gusta vivir aquí. No tengo interés de irme a otro lado. Espero que la situación económica se vuelva más favorable. No me interesa divorciarme de esta realidad, aunque no desestimo tener proyectos paralelos en otros lugares. Tengo ideas que me gustaría desarrollar vinculadas al diseño, a lo patrimonial, a las artes plásticas. Dentro de las dinámicas actuales del país los jóvenes deben y tienen que encontrar más y mejores oportunidades para su desarrollo profesional, intelectual y económico».

 

Le sugerimos…

Las migraciones humanas… Autora: Oday Enríquez

Los que nos quedamos… Autora: Lilibeth Alfonso

Quedarse… Autor: Yuris Nórido

¿A dónde vas dómine… y a qué?… Autor: Jorge Sariol

Dejen el Morro encendido… Autora: Susana Gomes Bugallo

Emigrar, ¿es la solución?… Autora: Mayra García Cardentey

Deje su comentario

*(Campos requeridos)