Miércoles
17 de Julio de 2019
Sociedad

Cultura agraria. Lo que fui…lo que soy…lo que seré

Sobre un caballo un campesino cubano va arreando un pequeño ganado. Lleva espuelas correspondientes, pero en vez de sombrero alón, se cubre con una gorra del team Cuba de pelota. Y en el rostro luce unas esplendorosas Ray Ban[1]. En un alto del camino, ante una llamada insistente que recibe en su móvil, responde: «¿Dime, Cacho?…trankilo…ya voy con el “ganao” camino a lo de Emelino…sí…tá bien…Dale».

Autor: Jorge Sariol
Fotos: De varios medios
Fecha: 27 de Junio de 2019
Foto tomada de www.radiorebelde.cu

La globalización es tan inevitable como indiscutible. Y no todo es negativo, aunque sean las tradiciones los primeros rasgos de la cultura de los pueblos, las que pierden lustre y corren el riesgo de disfrazarse de folklorismo de pasarela.

La cultura campesina, sus tradiciones y rasgos indentitarios son, tal vez, los que primero se tambalean. Lo agrario retrocede ante la tecnología; lo cultural, ante la inmensidad de la estandarización de los patrones y las tendencias.

En Cuba, el renacer de la música campesina va extendiéndose con discreción, aunque el empeño por sostenerla cobra adictos y promotores, incluso entre niños. La agricultura ecológica insiste, con menos éxitos, en regresar, con ciencia y tecnologías, a muchas raíces, casi olvidadas.

Sin embargo, muchas costumbres campesinas, incluidas las conductuales, se van diluyendo y no es posible saber a cierta cuánto hay de carencias, olvido, confort o dudoso afán de modernidad.

La investigadora espirituana Daysi Pilar Martín Ciriano ―cabaiguanense para más señas―, ha estudiado el fenómeno. Bajo el título «De las Costumbres Campesinas y otras Añoranzas», va reuniendo un inventario de esencias de la zona que se conservan, que desaparecen, que se transforman o cobran nueva dimensión.

Algunas prácticas se siguen aún al pie de la letra, según la investigadora, como son «la tala o desmoche de árboles, nunca fuera del cuarto creciente y algunos árboles como el Bienvestido ―muy usado, para postear las cercas―, nunca se cortan florecidos[1]; la cañabrava, al contrario, se corta en cuarto menguante».  

Foto tomada de www.5septiembre.cu
Foto tomada de www.5septiembre.cu

Pero la mayoría de las costumbres va a la baja: la tinaja, el granero para guardar maíz, el arado de madera o metálico, el pilón para pilar, descascarar o trillar arroz o café.

«Hoy se va perdiendo entre la gente de campo, la costumbre de sembrar en pequeñas áreas alrededor de la casa ―incluso en jardines―, plantas de ñames, para los buñuelos de fin de año, de mucho mejor sabor que los de yuca», dice la investigadora espirituana.

El 15 de mayo, día de San Isidro, se consideraba también el día de los bueyes. Esa jornada no los hacían trabajar, aunque fuera lunes.

Foto tomada de www.cubahora.cu
Foto tomada de www.cubahora.cu

La modernidad trajo los funcionales tappers industriales ―los famosísimos pozuelos plásticos―, y el uso del porrón da paso a los cómodos pomos de agua Ciego Montero, congelados del día anterior.

En verdad, muchas cosas cambian ¿es posible sustraerse a las ventajas de la tecnologías? ¿Qué sí y qué no? ¿Toda modernidad es per se buena o adecuada?

Las populares jabitas de nylon «shopping» ―y los pomos plásticos―, parecían lo máximo en tiempos de su invento, pero hoy la vida anda demostrando que no eran la solución. Ahora, la ciencia y la tecnología buscan desesperadamente «solucionarlas».

Tradiciones, costumbres, usanzas, modernidad y tecnologías, todos caben en el mundo.

El quid está en el juicio crítico y el sentido común.

 

Las cabañuelas y otros antiguos misterios

«Las cabañuelas eran las formas rudimentarias que tenían los campesinos de establecer patrones meteorológicos para el año. Comenzaban el primero de enero. Muchos campesinos anotaban detrás de cuadros, en paredes o en hojas sueltas, las características de cada uno de los doce primeros días del año, y según se manifestara la naturaleza ―lluvia, temperatura y vientos―, preveían el clima en los doce meses siguientes. «Hoy pinta mayo», era la expresión para significar que una lluvia en el quinto día del año, vaticinaba un mayo lluvioso. Por el contrario al cuarto día, si era un día seco, la consabida expresión era «Lo que nos espera en abril». Al llegar el día 13 de enero, contaban entonces las Cabañuelas al revés, durante los 11 días restantes hasta el día 24 caracterizaban cada jornada correspondiente a diciembre noviembre, octubre, septiembre…las coincidencias suponían el estado del tiempo, vital, para la siembra, atención de los cultivos y cosecha. No era raro escuchar cómo se consultaban unos a otros para establecer patrones.

(Cortesía de la investigadora Daysi Pilar Martín Ciriano)

 



[1] Muchos campesinos tenían sus propias colmenas que «castraban» un poco antes de diciembre, para la miel de navidad. Las flores de los bienvestidos dan a la abeja material para una miel muy sabrosa. La lógica «decía» no cortar un bienvestido florecido.

 

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