Lunes
03 de Agosto de 2020
Cultura

Daniel Santoyo, un coral y el otro retrato de una cotidianidad

Autor: María Lucía Expósito
Fotos: Cortesía del entrevistado
Fecha: 17 de Junio de 2020

¿Tú lo dejas irse así? ¡Respóndeme! ¡Respóndeme!

¿Qué tú crees que yo estaba haciendo cuando tenía tu edad? ¿Asaltando? ¿Cogiendo sereno por gusto? ¿Cortando caña? Ah, sí, claro, porque todos los viejos cortamos cañas.

Bueno, como que la juventud está perdida. Más o menos lo mismo…

La sinopsis habla claro: Javier y Roberto son asaltantes nocturnos. El modus operandi es diferente para ambos, propio de sus generaciones. Para el joven es casi un juego. Para el padre es una forma de transmitir conocimiento.

Daniel Santoyo es parte de un nuevo grupo de realizadores cubanos. Vive los aires de estudiante de 4to año de Dirección en la Facultad de Arte y los Medios de Comunicación Audiovisual (Famca). La Muestra de Jóvenes realizadores rompió el hielo del principiante. Su corto de ficción Flying Pigeon fue uno de los proyectos seleccionados en la 10ª edición de Haciendo Cine. Hace unos meses, el veredicto del Festival Internacional de Cine de La Habana mencionaba el corto dentro de su selección oficial.

Días antes de hacerse público el premio, alguien le enviaba un sms:

-Oye, el Coral de Corto de Ficción eres tú. No sé si lo sabes ya.

-No, no sabía. Bueno. Ojalá sea. Gracias por decirme.

La noche de premiaciones del festival, Daniel subió a buscar el coral sin habérselo creído. El discurso no llegó a veinte segundos. Bajó corriendo las escaleras del escenario. No ha ganado ni un kilogramo de peso desde el rodaje (hace un par de años).

¿Qué referentes llevaron a hechos el filme?

«Los referentes, en cuanto a forma, fueron muchos y el proceso de preproducción estuvo principalmente enfocado en tratar de construir un retrato verosímil y a la vez diferente de la marginalidad. Tuvimos que pasar mucho tiempo observando comportamientos, formas de vestir y otros códigos en la realidad a la vez que contrastábamos esos descubrimientos con la revisión de películas y sus diferentes aproximaciones a lo marginal.

«Por otro lado, el corto surgió como una necesidad escolar. En la asignatura de Puesta en Escena, nos pedían como trabajo final realizar un cortometraje dándole cierta importancia al contexto. Desde hacía tiempo quería hacer algo en exteriores y esa fue la oportunidad. Entonces, recordé un pasaje real en el que estuve en la posición del asaltado. Escribí un primer borrador. A esa anécdota inicial le agregué otros elementos de asaltos e historias de este tipo que fui recopilando y poco a poco fue apareciendo el conflicto generacional».

La Muestra Joven fue, oficialmente, el primer espacio de exhibición del filme…

«La Muestra Joven se mantiene siendo el principal impulsor del cine independiente en Cuba. Flying Pigeon salió del Haciendo Cine y por tanto debía estrenarse en la Muestra. Al acabar la proyección, la reacción del público fue muy positiva, más de lo que esperé. Muchas personas se me acercaron con comentarios y puntos de vista muy diferentes. Esta diversidad de criterios termina haciéndote entender mejor las particularidades de tu propio trabajo».

¿Cuál, si existe, es el desafío de mostrar un contexto tan tratado como el cuadro de marginalidad juvenil en Cuba?¿Cómo reubicar los hilos para conseguir una historia relacionada pero diferente?

«Tratar el contexto marginal fue un desafío. Sabíamos que emular los recursos utilizados comúnmente no era el camino idóneo. Sobre todo, porque el regodeo en la miseria y la suciedad tienden a englobar la marginalidad como un fenómeno de áreas poblacionales específicas en Cuba. La marginalidad existe en muchas instancias que no siempre son vistas ni tratadas en el audiovisual.

«Partiendo de esta idea, creo que la forma de reubicar la mirada es tratar el tema desde ese punto de mira que no depende directamente de la solvencia económica del personaje para justificar sus acciones o su moral. En el corto intentamos que el vestuario no diera una idea explícita de pobreza, así como evitar los espacios de miseria visual, y de ahí, la decisión de filmar en Nuevo Vedado, que por su arquitectura de bloques y construcciones posrevolucionarias nos pareció un punto medio entre lo interesante y lo verosímil».

Mario Guerra y el binomio con Milton García. ¿Siempre pensaste en ellos para ponerle rostro a los personajes?

«Desde que el proyecto comenzó a gestarse estuve seguro de que eran ellos dos los idóneos para ambos personajes. De hecho, la carpeta de producción ya contaba en su primera versión con una página de propuesta de casting en la que aparecía la imagen de Mario y de Milton. Ellos no tenían conocimiento alguno del proyecto, ni existía ningún arreglo previo, solo figuraban en un sentido ideal y por suerte se pudo concretar.

«Trabajar con ellos fue un proceso de aprendizaje completo. Ambos son actoresque creo podrían hacer cualquier personaje y defenderlo a cabalidad: Mario, en primer lugar, suele proponer mucho, entiende su trabajo y al personaje con una profundidad increíble, así como cuestiona sin dudarlo, lo cual siempre es bueno para el trabajo actoral. Por otro lado, Milton es un actor natural, que en ocasiones pareciera que no está siquiera actuando por la fluidez que logra. La química entre ambos facilitó en buena medida el rodaje que se terminó en tiempo récord. Además, gracias a las facilidades actorales de ambos, pude trabajar la improvisación. Recuerdo que grabamos secuencias largas de cada escena, de punta a cabo y sin cortar, permitiendo que los actores dijeran el diálogo como lo sentían y no textualmente. La naturalidad y fluidez que logran alcanzar en varios momentos del corto.

«También me parece justo mencionar la participación de Manuel Romero. Para este personaje no había una propuesta previa y se hizo un casting. Manuel resultó seleccionado y a pesar de que el viejo del guion era mucho mayor que él, supo defenderlo con mucha profesionalidad y logró fluir muy bien con todo el proceso de improvisación».

La historia va guiada por un espacio de diálogo entre padre e hijo. ¿Es esto un señuelo para ubicar el concepto del hombre nuevo y la actualidad?

«Sí. Los conflictos generacionales están claramente presentes en el corto. Las nociones del hombre nuevo han mutado a un nuevo tipo de hombre. Los intereses son diferentes ahora y dentro del corto están mostrados a partir de la aparición de un objeto con diferentes grados de significación para cada personaje. Para uno la herencia histórica del objeto pesa y su accionar se mueve en este sentido, mientras para el otro es simplemente un objeto. Sin querer generalizar, a partir de este supuesto podemos pensar que lo que no se vive en carne propia puede ser entendido o tratado desde otros intereses».

En ciertas transiciones de este corto de ficción aparece un grupo de adictos a las bicicletas antiguas. ¿Real o instinto de ficción?

«El clan es real. Cuando Flying Pigeon se presentó al Haciendo Cine en la Muestra Joven era un proyecto muy diferente al que terminó siendo. En aquel momento, las bicicletas formaban parte de la trama, pero más como una justificación narrativa que como el eje temático que acabó siendo. Aproximadamente un mes después de cerrar el Haciendo Cine, una profesora canadiense llamada Jennifer Hosek me llamó diciendo que había escuchado del proyecto y le interesaba reunirse conmigo. Por supuesto accedí. Ella me mostró un documental que había producido par de años antes y que trataba el tema de las bicicletas «chinas» en Cuba y sus diferentes usuarios y aplicaciones creativas en la vida cotidiana. Entonces, en uno de los bloques del documental, apareció el grupo de adoración a las bicicletas.

«A partir de ahí, el resto fue surgiendo por sí solo. Decidí incluir una nueva línea narrativa con el clan y comenzamos a intentar contactarlos. Como curiosidad, logramos encontrar a uno de estos grupos en Arroyo Naranjo, relativamente cerca del lugar donde nací y los invitamos a participar como figurantes y ellos mismos facilitaron las bicicletas para el rodaje».

Desde una visión de estudiante y realizador. ¿Qué sucede con los espacios de recepción y movimiento de las obras?

«La labor que está llevando el ICAIC con respecto a revitalizar el cine nacional y a la integración de los jóvenes y el sector privado en este proceso es algo muy necesario. Como nunca antes me parece posible aproximarme esta institución y ser escuchado, algo que antes parecía cercado por cierto hermetismo institucional. Creo que los jóvenes tienen ahora la posibilidad de hacer, y en ese supuesto vendrán muchos más cambios, de recursos formales, de contenidos, de visiones. En general, creo que nuestra principal responsabilidad como grupo es diversificar nuestro cine e intentar recolocarlo en la posición de relevancia que anteriormente tuvo.

«Todavía hacer cine en Cuba es muy difícil y esperamos que eso pueda cambiar en los próximos años. Sin embargo, los espacios de recepción y movimiento todavía son pocos y están reducidos solo a festivales y muestras. Este año, por primera vez se realizó un estreno en el Cine Infanta de materiales de la muestra, por iniciativa del ICAIC, esto está bien, pero idealmente me gustaría que el cortometraje se exhibiera en televisión, que es un medio que todavía en nuestro país sigue siendo uno de los de mayor alcance y sé que por motivos editoriales esto aún es poco probable».

Daniel andaba en otras producciones cuando supo lo del festival. No ha dejado de estar ocupado. Por ausencias, le pagó con un año de más a Famca.Con Flying Pigeon, la fauna virtual mediática ha hecho silencio después de diciembre y en lo que la crítica va haciendo sus ovaciones preliminares, él sigue haciendo cine de «a pulmón», con el coral en los bolsillos.

 

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