Viernes
21 de Febrero de 2020
Opinión

¿Darle cuerda al celular?

Autor: Yisell Rodríguez Milán
Fotos: Archivo
Fecha: 7 de Octubre de 2013
¿De dónde sacan los estudiantes el dinero para comprar líneas cuyo costo dobla el salario promedio mensual de un obrero?

A finales de 2013 Cuba contará con casi dos millones de líneas celulares y en los próximos cinco años, según ETECSA, esa cifra se elevará hasta cuatro millones. La noticia tuvo eco en varios medios de prensa nacionales, pero no la recuerdo porque el número fuera particularmente alto (no lo es si lo comparamos con países más pequeños e igual de subdesarrollados pero con más tiempo usando la tecnología) sino por el impacto que eso pudiera tener entre los universitarios.

¿De dónde sacan los estudiantes el dinero para comprar líneas cuyo costo dobla el salario promedio mensual de un obrero? ¿Cómo hacen para mantenerlas si todavía la inmensa mayoría no trabaja? No es eso lo que nos ocupa ahora sino las repercusiones sociales que tiene el uso irracional de celulares en los espacios universitarios.

Como adictos se comportan muchos de quienes los portan, revisándolos cada cinco minutos, usándolos todo el día y de todas las formas posibles: como despertadores, cronómetros, agendas, para tomar fotos y videos, escuchar música, jugar, leer y hasta como recordatorio de lo que no somos capaces de confiar a nuestra memoria biológica. El celular, en estos tiempos, es un canal de fuga, una fuga de cuanto nos aburre o cansa, aunque sea instructivo.

¿Consecuencias? Un conjunto de pequeños trastornos que, al acumularse, nos enajenan del mundo. Sí, porque aun cuando ayude a acortar distancias, mantenernos localizados y sea una suerte de «todo en uno» por sus múltiples servicios, también provoca ensimismamiento, desconexión de la realidad, soledad y desmotivación por otras formas de entretenimiento debido al alto grado de dependencia tecnológica.

El móvil ha modificado el estilo de vida a una parte del estudiantado cubano. Se usa, por ejemplo, para calmar los nervios antes de un examen, para entretenerse durante las clases, para entablar conversaciones, invitar a una cita, fotografiar los textos que se supone debemos leer y hasta etcétera…

A veces, incluso, los estudiantes no logran convencerse a sí mismos de la necesidad de apagarlos o tenerlos en modo de vibración en salas de conferencia, conciertos u otros actos culturales, para no interrumpir, y lo atienden lo mismo en un parque, que cruzando una esquina o en medio del tránsito.

Las rutinas de esta generación no se parecen a las de quienes hace diez años tenían su misma edad. Medio en broma, medio en serio, el portal de Educación argentina publicó al respecto que los finales de la década de los 90 debieron conocerse como «Mi mamá me llama» porque el uso de los celulares solía limitarse a esto, el 2000 fue el año del intercambio de mensajitos, el 2004 el del «contagio» debido a su uso masivo, y el 2005 el de la aceptación del móvil como un objeto casi tan personal como el cepillo dental.

Claro que en Cuba las cosas no pasaron así, o por lo menos no en esos lapsos de tiempo. Fue en el 2008 cuando se autorizó el acceso de los cubanos a la telefonía celular, un servicio que hasta ese momento y desde 1991 solo usaban extranjeros y algunos nacionales gracias a sus trabajos.

Lo que pasa hoy con los jóvenes y los celulares no es exclusivo de Cuba. Por lo general, el fenómeno es más visible en zonas desarrolladas del mundo, donde los universitarios —según una encuesta internacional publicada por la organización Salzburg Global Seminar— desatienden los estudios para comprar en línea o interactuar en las redes sociales.

Como sea, allá o aquí, es obvio que el descontrol en el uso del artefacto puede acarrear contratiempos evitables con algo de moderación. Todo está en impedir esclavizarnos por él.

Parafraseando a Julio Cortázar en el texto Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj, piensen en esto: cuando te regalan (o te compras) un celular te dan un pequeño infierno florido, un calabozo de aire. No te dan solamente el teléfono sino un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo.

Te dan la necesidad de usarlo, la obsesión de atenderlo, el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo. Te dan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te dan la tendencia a compararlo con los demás celulares. No te dan uno, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del celular.

Comentarios

lester (no verificado)
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7 Mayo 2014 - 2:06pm
El teléfono móvil se ha convertido en una necesidad así como las computadoras!!!!!!! No podemos negar el progreso, que cada cual le de el uso que quiera y estime conveniente, que para eso lo pagó (y bien caro)
Maydelin Cala Ramos (no verificado)
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30 Noviembre 2013 - 12:05pm
En cuanto al dinero, cualquiera puede tener algunos ahorros destinados a este fin, no necesariamente tiene que estar relacionado con alguna ilegalidad o algo de lo anteriormente insinuado...Creo que hay muchas cosas que son más caras que comprar una línea telefónica y sin embargo mucha gente tiene acceso a ellas.
Miyalis Matos Pérez (no verificado)
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28 Octubre 2013 - 12:08am
No coincido con las conclusiones expuestas en el artículo. El teléfono móvil por el sin número de funciones que posee puede servir de inmensa ayuda para el estudiantado cubano, como lo es también para todos los estudiantes del mundo. En cuanto al dinero, cualquiera puede tener algunos ahorros destinados a este fin, no necesariamente tiene que estar relacionado con alguna ilegalidad o algo de lo anteriormente insinuado...Creo que hay muchas cosas que son más caras que comprar una línea telefónica y sin embargo mucha gente tiene acceso a ellas.

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