Lunes
06 de Abril de 2020
Sociedad

De la serie: Acciones que cuentan... Escaramujo y la investigación de la resiliencia adolescente

Contribuir al desarrollo psicosocial deniñas, niños y adolescentes en Cuba es la intención fundamental de este proyecto que ha hecho del arte de preguntar y preguntarse sobre el mundo circundante, una herramienta para transformar las realidades sociales. La investigación ha sido otra de sus fortalezas durante sus ya casi 10 años de existencia.

Autor: Lisandra Ronquillo Urgellés
Fotos: De la autora
Fecha: 16 de Diciembre de 2019
Juliette a la izquierda y Ana a la derecha, durante uno de los debates acerca de la investigación en Escaramujo. Ciego de Ávila, 2015. Foto:  De la autora

Desde su fundación, el 10 de enero de 2010, el proyecto universitario Escaramujo busca, a través de la metodología de la Educación Popular, no solo contribuir a la transformación del entorno social de los adolescentes, sino también otorgarles las herramientas necesarias para liderar ellos mismos el cambio en su perspectiva de vida, sus círculos de amistades y el barrio.

Si bien en los 61 talleres impartidos por jóvenes universitarios en Pinar del Río, La Habana, Matanzas, Villa Clara, Camagüey, Holguín y Santiago de Cuba, no ha aparecido la varita mágica que hace desaparecer las contradicciones y estereotipos a los que se enfrentan los adolescentes, Escaramujo ha logrado sumar a sus espacios educativos a más de 688muchachas y muchachos de Escuelas de Formación Integral, secundarias básicas y preuniversitarios.

Este proyecto, que combina las capacidades de distintas disciplinas como la Psicología, el Periodismo, la Medicina, el Derecho, la Pedagogía y la Sociología, también ha devenido espacio de investigación académica e intercambio de saberes colectivos que impulsan el estudio de estas realidades.

Así lo corrobora la profesora de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, Ana Hernández Martín: «El proyecto se constituye fundamentalmente en una plataforma metodológica. Los universitarios entonces deben formarse en la concepción de Escaramujo y articular sus necesidades docentes o investigativas a las lógicas de los talleres. Eso es todo un reto profesional pues implica aprender a usar la investigación como medio y no como un fin en sí mismo. Eso por tanto significa que hacen más que lo que les toca,terminan conectados de tal modo que siguen formando parte del proyecto, incluso, después que culminan la tesis».

Su ingreso a Escaramujo fue totalmente intencional. Para el año 2014, Ana buscaba trabajar con adolescentes transgresores para poder desarrollar su práctica profesional en concordancia con la actividad docente.

«Son muchas las causas por las que un adolescente ingresa a una Escuela de Formación Integral — de conducta—, fundamentalmente la de ser portadores de una herencia social marcada por una inclusión desigual en sus espacios de socialización, dado por relaciones disfuncionales. Un acumulado de carencias afectivas importante en el ámbito familiar y educativo, naturalización de prácticas, conductas antisociales y delictivas en su vida cotidiana facilitan la expresión de valores y comportamientos aparentemente legitimados en la sociedad, pero con contenidos distorsionados normativamente. Ellos dicen ser valientes, pero eso significa no tener miedo a nada, ni límites para mostrar su hombría. Son leales y, en nombre de esa lealtad, cometen hechos delictivos y son encubiertos por la familia o los amigos».

 

De acuerdo a la ponencia La práctica educomunicativa del proyecto Escaramujo: su dimensión investigativa, expuesta por Rodolfo Romero Reyes en el X Encuentro internacional de investigadores y estudiosos de la información y la comunicación (ICOM 2019), las investigaciones del proyecto inician desde la carrera de Periodismo (2010) y tienen su continuidad inmediata en Comunicación Social (2013, 2014, 2015). «La mayoría se adscriben a las disciplinas Comunicación e información para el desarrollo, aunque también se han realizado desde Comunicación institucional y Periodismo Audiovisual. Por su parte, los estudiantes de Psicología, aunque se vinculan al proyecto desde 2012, no es hasta 2015 que comienzan a desarrollar investigaciones desde esa rama de las ciencias sociales, mayoritariamente desde las disciplinas de Psicología educativa y Psicología social. Sin embargo, son ellos quienes han logrado mayor sistematicidad (2015, 2016, 2017, 2018) y cantidad de tesis defendidas que en el resto de las carreras».

Para Ana Hernadez Martín existe más trabajo realizado invisibilizado que reconocido.«Al menos en un inicio desde mi facultad no siempre hubo un reconocimiento, se veía más el cuestionamiento hacia la ausencia de una investigación tradicional con categorías "puramente" psicológicas. Pero en los últimos años ha ido cambiando la percepción. En Escaramujo se reconoce un trabajo profesional, científico, a estudiantes sensibilizados y comprometidos con una realidad compleja de su país y, por otra parte, cada vez más la institución de menores, en cualquiera de sus instancias, nostoma en cuenta para su actividad con los adolescentes».

Adolescer las realidades complejas desde la investigación

A la licenciada en Psicología Juliette Ortiz Gómez fue la profesora Ana la que la insertó en el proyecto. Después de asistir como observadora a las reuniones mensuales de Escaramujo, se vinculó a trabajar con adolescentes de una secundaria básica en la Habana Vieja, para entonces casi finalizaba el tercer año de la carrera.

«Creo que la Educación Popular (EP) es uno de los pilares básicos en el trabajo con estos adolescentes, porque nos permite incidir sobre procesos en los que tradicionalmente no se tocan. Utilizar la EP en el trabajo con estos adolescentes nos brinda la posibilidad de acceder a sus historias de vidas, pero también desde una mirada diferente, crítica, desde otra perspectiva. Además, permite fomentar la participación de los mismos durante todo el proceso, el trabajo en equipo, la confianza en el otro, las habilidades comunicativas, procesos auto valorativos y de la autoestima, la capacidad de resiliencia, contenidos de la identidad personal, aspiraciones futuras, entre otros. De este modo, la Educación Popular nos permite influir en los procesos de transformación social de estos adolescentes».

Los talleres de las EFI difieren un poco de los que se realizan en la enseñanza secundaria y preuniversitaria, debido a los entornos sociales y las complejidades etarias correspondientes a cada etapa de la vida.

«La experiencia es diferente, al ser distinto el contexto, entre otros elementos igualmente importantes. Pero el hecho de no estar en esas escuelas, de no estar en un proceso de internamiento, quizás pueda jugar un poco en contra de la dinámica de los encuentros, porque ya no solo depende de que estén en la institución escolar y de que accedan participar de la experiencia, sino también de otras cuestiones que tienen que ver con sus dinámicas cotidianas del barrio, de sus amigos, de la familia, de sus propios intereses, de cuánto puedan conectarse en los encuentros. Yo creo que en ese sentido demanda más de nosotros como proyecto, porque tenemos que tratar de motivarlos aún más, de conectarlos más con todos estos procesos de los que te venía hablando; siempre, por supuesto, con la misma responsabilidad, compromiso, ética y respeto».

Como explica Juliette el paso por la EFI es en sí mismo el proceso de reinserción social. Luego de su egreso y a partir de las acciones que se llevan a cabo desde la propia EFI, los adolescentes se vinculan a la escuela o al trabajo, según sea su edad. Sin embargo, en estos lugares quizás no siempre son recibidos y tratados de la mejor manera, de una forma en que no influya negativamente sobre sus procesos identitarios, expectativas o aspiraciones.

«Esto nos habla de la importancia de la capacitación de todas las personas encargadas del trabajo directo con estos adolescentes; una capacitación que tiene que ir más allá de la actual, a tratar problemáticas y características de la adolescencia como periodo del desarrollo psicológico, temas de exclusión social, vulnerabilidad social, capacidad de resiliencia, identidad, consumo cultural, habilidades comunicativas, prejuicios y estereotipos y cómo los mismos dañan los procesos identitarios.

Estos adolescentes presentan potencialidades, recursos tanto internos como del contexto, sobre los cuales se puede trabajar de manera intencionada, en aras de potenciarlos. Por ejemplo, desde el punto de vista interno presentan determinadas habilidades comunicativas tales como expresar emociones, defender las opiniones y las buenas relaciones con los coetáneos, al menos en las dinámicas del proyecto; aspiraciones futuras orientadas a la esfera profesional que no están vinculadas a la actividad delictiva; capacidad de autocrítica, conocimiento de sí mismos, reflexiones en torno a sus propios comportamientos, disposición a cooperar y a apoyarse mutuamente. En cuanto a factores del contexto, podemos mencionar la existencia de un marco jurídico protector de derechos, tanto a nivel macro social como del micro medio donde se desarrollan, en este caso de la EFI y de la percepción que poseen de la institución escolar y de sus familias».

La investigación ha sido uno de los pilares básicos de este proyecto. Inclusive, como iniciativa de seis jóvenes universitarios surgió en 2015 el Evento Académico Adolescer, un encuentro anual dedicado al debate científico y académico sobre las adolescencias en Cuba.

Contribuir al desarrollo psicosocial de niñas, niños y adolescentes en Cuba es la intención fundamental de los universitarios y profesores que han hecho del arte de preguntar y preguntarse a sí mismos sobre el mundo circundante, una herramienta para transformar las realidades sociales, fundamentalmente de aquellos y aquellas que viven en condiciones de vulnerabilidad. Escaramujo es un proyecto que como tararea la canción de Silvio Rodríguez es la pupila asombrada que descubre como apunta, y es todo lo que se junta para vivir y soñar.

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