Sábado
25 de Noviembre de 2017
Deporte

De récord en récord

Autor: Rodolfo Romero
Fotos: Tomada de http://www.elmundodetehuacan.com
Fecha: 3 de Julio de 2017
Foto tomada de http://www.elmundodetehuacan.com

Seguramente se preguntarán hasta qué punto el juego de las 64 casillas, tan popular en muchas de las universidades en Cuba, permite a sus jugadores implantar algún que otro récord. Aunque las marcas más divulgadas generalmente son en el fútbol, el béisbol, el básquet y los deportes de atletismo, el ajedrez también tiene las suyas.

Se trata de un deporte que demora cierto tiempo: una partida con un promedio entre 30 y 40 jugadas puede tener una duración de cuatro horas más o menos. Imagínense cuánto pudo haber durado la partida más larga de la historia si tuvo un total de 269 jugadas. El encuentro ocurrió en 1989 en Belgrado entre Ivan Nikolic (blancas) y Goran Arsovic (negras) para finalmente quedar tablas. La partida demoró 20 horas y 15 minutos.

Para continuar con los demorados tenemos al brasileño Terres Tríos cuando, en partida contra el portugués L. Santos, en el Open de Vigo de 1980, estuvo pensando un movimiento durante 2 horas con 20 minutos. Ante la pregunta del periodista Antonio Gude: «¿por qué ha tardado tanto en responder si solo tenía dos opciones?», el Maestro Internacional respondió: «También yo me lo pregunto».

El récord de la partida más corta ocurrió por vez primera en BelaCrkva, en 1984, entre Zoran Djordjevic (blancas) y Milorad Kovacevic (negras). En solo tres movimientos de las blancas frente a dos de las negras, Djordjevic logró la victoria (1.d4 Nf6 2.Bg5 c6 3.e3 Qa5+). Catorce años más tarde se repetiría la historia en territorio español (Salamanca, 1998) entre Mauricio Vassallo y Antonio Gamundi, con blancas y negras respectivamente. Una situación similar se repitió en 1999 entre Mory y Hareux, pero en esta ocasión las blancas no se resignaron y continuaron el juego hasta hacer tablas por errores estratégicos de las negras.

De la maestría de los grandes jugadores también se han hecho leyendas. Así Paul Morphy lleva el récord de mayor «agilidad mental». Una de sus anécdotas más significativas ocurre cuando Arnous de Rivière y Morphy salían de una ronda en un torneo londinense. Cuando De Rivière comentó: «Mr. Bird me acaba de ganar una partida que ha concluido con un hermoso mate en cinco jugadas, cuando lleguemos al hotel se lo mostraré». Morphy preguntó por la posición de las piezas; entre el ruido de los automóviles en medio de la calle, después de escuchar a su colega, le explicó: «Sí, efectivamente, las blancas pueden dar mate en cinco jugadas así: 1.Td8+ Te8 2.Txe8+ Rg7 3.Tg8+ Rxh6 4.Cf5+ Rh5 5.g4++.

El gambito más casuístico de la historia lo inventó el Capitán William Davies Evans (1790-1892) y pasó a la historia como el Gambito Evans (1.e4 e5 2.Cf3 Cc6 3.Ac4 Ac5 4.b4). Lo más curioso de la jugada no es sólo el hecho de entregar el peón de caballo de dama, sino que el Capitán no pretendía hacer ese movimiento. Una ola que golpeó fuertemente el barco donde jugaba hizo que el peón avanzase dos casillas y no una como quería el marino. De esta forma fortuita pudo crear un gambito que se haría muy famoso y que daría partidas preciosas como la «siempreviva», jugada por Anderssen es un ejemplo de ello.

Para culminar mencionaré el récord del estadounidense Bobby Fischer, quien, con sólo 15 años, 6 meses y un día se convirtió en Gran Maestro. Si esto les sorprende, sepan que ese récord fue batido por siete niños prodigio: los húngaros Judit Polgar (15 años, 4 meses y 28 días) y Peter Leko (14 años, 4 meses y 22 días), después le siguen Etienne Bacrot (14 años y 2 meses), Ruslan Ponomariov (14 años y 17 días) y Teimour Radjabov (13 años, 10 meses y 13 días).

A continuación, aparece el chino BuXiangzhi (13 años, 10 meses y 13 días), el noruego Magnus Carlsen (13 años, 3 meses y 27 días) y en 2003 el joven ucraniano Sergei Karjakin quien se coronó como Gran Maestro con sólo 12 años y 17 meses.

Hasta aquí algunas de las marcas, pero no quisiera terminar sin antes comentar que dentro de los niños «prodigios» nos quedamos con Fischer y Polgar, pues cuando impusieron sus marcas, ninguno de los dos contaba con computadoras ni juegos de videos que le ayudaran a su superación.

 

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