Viernes
14 de Diciembre de 2018
Universidad

Del caribe al plasma. Educación en la pequeña pantalla

De Pueblo y Cultura a Universidad para todos, ¿cuánto ha evolucionado la televisión educativa en Cuba? ¿Ha sido solo clases en la pantalla chica?

Autor: Dainerys Mesa Padrón
Fotos: Ilustración de ALEJ&RO
Fecha: 3 de Abril de 2018
¿Cuánto ha evolucionado la televisión educativa en Cuba? ¿Ha sido solo clases en la pantalla chica?..  Ilustración de ALEJ&RO

Las teleclases llegaron a la educación cubana para quedarse. Transmitidas por televisión nacional o mediante circuito cerrado de algunas universidades, todas proyectan un patrón similar.

Los «hijos e hijas» de este modo de educación y comunicación pasamos por toda la gama de sentimientos al respecto: curiosidad, entretenimiento, rechazo o añoranza.

El modelo de televisión educativa demuestra una ganancia en la forma de transmitir conocimientos; sin embargo, la manera en que se produce y socializa en Cuba no siempre es la más favorable para su aceptación.

Por ejemplo, la visualización de las teleclases es obligatoria, como suplente de la clase presencial. Los escenarios para verla y acceder en repetidas ocasiones a sus emisiones no son los idóneos. Y lo más complejo, que atenta contra su dinámica, mantiene la verticalidad pedagógica donde el maestro está en el centro del proceso educativo.

Ahora bien, ¿cómo surgió la televisión educativa en Cuba?

Orígenes

La fecha registrada como inauguración de la televisión en Cuba es el 24 de octubre de 1950, con una transmisión desde La Habana. Esto incluyó al país entre los primeros de América Latina en poseer tal medio, junto a México y Brasil.

Pero el avance en tecnología no estaba a la par del concepto televisivo, cuando esta «caja mágica» solo fue un repositorio de comerciales y publicidad durante toda la década del cincuenta. Muchos menos avances había en la educación, pues la Campaña de Alfabetización de 1961 enseñó a leer y a escribir a más de 700 mil cubanos.

Por supuesto, ni pensar en el dueto televisión-educación. En medio de una situación política y social tan compleja como la previa a 1959, ni siquiera las personas afectadas percibían su necesidad de ser instruidas.

Por eso apenas triunfó la Revolución las figuras implicadas en la educación, el arte y los medios de comunicación vieron en esta pareja una oportunidad para hacer llegar los conocimientos a quienes pudieran al menos de vez en vez, acercarse a las proyecciones de la pequeña pantalla.

El primer paso fue crear una programación educativo–cultural, conformada por un equipo de maestros y escritores.

En esta alianza colaboraron bibliotecas, equipos de filmación, y un cuerpo de dibujantes. Y lo que pretendía ser solo un primer intento de televisión con valores educativos pasó a transformarse en un proyecto de coordinación institucional entre la televisión y el Ministerio de Educación (Mined).

EDUCATIVO+EDUCATIVO 2=ESCOLAR

El camino de la televisión educativa amplió su orientación en cuanto transmitió contenidos enfocados en materias específicas, y a partir de ahí definió su evolución sobre las tres etapas que condicionan el desarrollo de la educación cubana.

La primera fue el proceso de alfabetización, en el cual se emplearon, como elementos adjuntos de trabajo, los propios medios de comunicación.

Con el fin de elevar el nivel cultural de la población, en 1960 el Ministerio de Educación dictaminó resoluciones para disponer el desarrollo de planes educacionales y culturales, así como para el establecimiento de la Comisión Educacional para Radio y Televisión, adscrita al Mined. Esta organización contaba con la dirección de los pedagogos Raúl Gutiérrez Serrano y Dulce María Escalona Almeida, además de Alejo Carpentier.

A partir de estos preceptos salieron al aire programas como: Aprendiendo en TV, con emisiones dirigidas a los maestros; Seminario y Revolución (1962);  Curso Secundario de Educación Obrera y Campesina (1963), con asignaturas de Matemática Recreativa, Biología Aplicada, Español, Física y Matemática (curso 1965-1966); y El Instituto Tecnológico Popular (a partir de 1967).

No obstante, en 1977 cesaron las transmisiones para secundaria básica y el preuniversitario y la televisión educativa se redujo al empleo del circuito cerrado, como se hizo en el departamento de Televisión Educacional, del Instituto Pedagógico Enrique José Varona en 1975.

La suspensión de las teleclases masivamente se debió, en buena medida, a la escasez de condiciones materiales óptimas en el país.

Luego, aunque se mantenían las proyectadas en circuito cerrado, apareció la Empresa Productora de Cine y Video Educativo (CINED), y de nuevo este concepto adquirió relevancia para el público, pues comenzaron a producirse algunos spots de corte educativo.

Las emisiones con fines educativos disminuyeron cada vez más y la intención solo quedó en la publicidad de bien público. Hasta que llegó el modelo actual de televisión educativa.

Tuvo su génesis en diciembre de 1999. La Unión de Jóvenes Comunistas (UJC)  dirigió el Grupo Nacional del Programa Audiovisual (PAV), con la responsabilidad de la estructuración, coordinación y distribución del equipamiento necesario. Así, el 27 de enero del 2000 los estudiantes cubanos recibieron, a través de los telecentros de todo el país, una programación educativa.

De acuerdo con los empeños de la llamada Batalla de Ideas, y con el fin de elevar el nivel cultural del pueblo, en octubre del año 2000 inició el programa Universidad para Todos.

Los cursos transmitidos como parte de este proyecto han abordado temas tan disímiles como los idiomas, el ballet, la meteorología, la apreciación de las artes plásticas, la biotecnología, el ajedrez… Estos espacios se mantuvieron al aire por los canales Cubavisión y Tele Rebelde, hasta que el 9 de mayo de 2002 abrió sus puertas a la televisión cubana el Canal Educativo y dos años más tarde el canal Educativo 2. Actualmente mantiene sus salidas al aire con cursos que intentan socializar los conocimientos a todos los públicos nacionales.

CLASES EN LA TV

Los aportes y el concepto de televisión educativa aplicados en la Isla proyectan una cualidad que no siempre resulta favorable. Mientras se homogenizan los contenidos y llega «todo de igual manera a todos», la educación se convierte en un compendio de información para determinados segmentos escolares. Justo en estos tiempos, cuando desde el contexto latinoamericano se aboga porque cada vez la instrucción sea más inclusiva y particularizada a cada sujeto.

En los casos en que las teleclases resultan protagonistas de la enseñanza, teniendo el profesor una intervención mínima, los estudios han demostrado  cómo la audiencia pierde la posibilidad de reconstruir los significados aprendidos y compartidos mediante las teleconferencias.

La dinámica del medio audiovisual, si bien provee recursos valiosos, también demerita el intercambio, los cuestionamientos, las dudas que suelen interrumpir la alocución del personal docente y que enriquecen los saberes y aprendizajes del estudiantado.

Al no expresar los alumnos el papel activo que requiere su proceso de educación y comunicación, pues tampoco logran sostener la concentración, comprensión, apropiación, satisfacción e interés durante los 45 minutos que duran las sesiones televisivas.

La recomendación en cuanto al uso de la televisión educativa se sostiene en su apoyo al proceso presencial con materiales audiovisuales atractivos, dinámicos, que aporten nuevos elementos a lo que dice la figura docente en el aula. No con el abuso de clases convencionales filmadas y luego transmitidas en masa, como ha ocurrido con algunas experiencias cubanas.

 

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