Viernes
18 de Septiembre de 2020
Universidad

DEL LIDERAZGO AUTÉNTICO y otras cosas en peligro de extinción. (I parte)

Autor: José Alejandro Esteve Santos
Fotos: Tomada de https://heraldocubano.wordpress.com/
Fecha: 5 de Agosto de 2020

Deseo aclarar, desde un inicio, que el título del artículo no tiene otro motivo que el de atraer a los lectores; si bien, la idea no supone una verdad común a todos, tampoco es fruto de la ficción personal. Me propongo comentar sobre un hecho que apabulla a no pocos escenarios: la carencia de liderazgo auténtico, y con ello, el limitado poder de convocatoria y de transformación de realidades por parte de quienes dirigen actividades y procesos en las organizaciones estudiantiles y juveniles.

Nótese que hablo de liderazgo, y no de líderes. Existen ponderables diferencias entre ambos sustantivos que van más allá del orden gramatical. Para una mejor comprensión, les invito a revisar algunos conceptos. El primero, liderazgo, se refiere a la circunstancia de liderar; líder, es aquel que por sus virtudes y habilidades tiene las cualidades para conducir una colectividad; y auténtico, es un adjetivo que acredita como cierto, verdadero. De lo anterior se deduce que se puede ser líder, y no necesariamente tener liderazgo, en cambio, no es posible tener liderazgo, sí no se es líder.

Esclarecido el significado de cada palabra me gustaría agregar otro argumento, esta vez científico, de por qué no es prudente aducir la carencia de liderazgo, por la de líderes. Que existan líderes es inherente a la naturaleza, no solo a la humana, sino a la de todos los seres que viven en comunidades, dígase: jaurías, rebaños, bandadas, etc. Es improbable concebir dicha organización de vida sin el componente que las conduce, ejemplo, una bandada de flamencos precisa de un miembro que las lidere, de lo contrario no solo no vivirían unidos, sino que es posible que no existiesen como especie; dado que las circunstancias que los llevaron a juntarse forman parte de su evolución, de los intentos de sobrevivir.

Hay diferencias marcadas tanto en los elementos que permiten ser líder, como en las formas que conllevan al liderazgo. Para ser cabeza de grupo se precisan atributos. Entre la mayoría de los animales es el componente físico el que determina. El homo sapiens desde hace mucho se rige por otros; a lo físico, que no ha dejado de tener su influencia, se le unió lo inteligible, lo razonable. Esto no es una regla, bien sabemos que algunos de los que se enarbolan como líderes poseen mucha materia gris inoperante, es decir, que los atributos que lo llevaron a liderar no son los habituales para la especie, por lo que no sería incorrecto decir, en algunos casos: la manada de hombres.

Ahora, si existen líderes, ¿por qué nuestras organizaciones estudiantiles poseen bajo o nulo poder de convocatoria en varios escenarios? ¿por qué no se siente identificada la masa estudiantil con sus dirigentes? A estas incógnitas me referiré, sin dejar de establecer previamente, que los ulteriores análisis no están sujetos a derechos de autor, pues podrán encontrarlos en un aula o un pasillo de cualquier campus escolar. El solo título de mi artículo da respuesta a las anteriores preguntas, para sostenerlo abundaremos con cierta profundidad elementos que puedan demostrarlo.

Planteamos previamente que no se puede tener liderazgo sin ser líder. Sucede que en ocasiones lo confundimos con los efectos de dirigir. Al organizarnos en sociedad, hemos establecido mecanismos, no siempre correctos, para elegir a nuestros líderes; y no solo eso, los envestimos de responsabilidad y justificamos sus privilegios. Cuando seleccionamos para tal fin a quien no posee los atributos adecuados, se embrolla dirigir con liderar. La ignorancia siempre hace de las suyas, y afecta tanto a quien se contenta con ella, como a quien no.

Si los grupos no son dirigidos por líderes, por los auténticos, todas las empresas que acometan estarán destinadas por la providencia al fracaso, o en el menor de los casos, a la inacción. Justifico que utilizo el término auténtico para no herir sentimientos, pues simplemente se es líder o no; el que no mueve a la masa, no lo es. Las organizaciones ascienden y encuentran el auge cuando en su cabeza se ubican los más capaces. Coincidimos entonces, en que corresponde acordar las vías más idóneas para seleccionarlos.

Cuando una colectividad se rige por derroteros de ignorancia, emergen no solo los líderes, sino aquellos que deliran con serlo, alimentados por el cacareo de los inconscientes. Es más, esta realidad supone un quebranto al papel del liderato, pues entran en disputas lo auténtico y lo hipócrita. En este escenario no creo que se ajuste el adagio que reza «que los pueblos tienen la miseria que se merecen». En cambio, si se atina el pensamiento del Comandante nicaragüense Tomás Borges en entrevista hecha por Ciro Bianchi, en la que afirmaba que «los pueblos, como los hombres, tienen sus momentos de lucidez, y sus momentos de estupidez».

Cuando emerge el que no tiene peso (incapaz), como si se tratara de cumplir leyes naturales, se impone la necesidad de impedir que lo haga el que sí lo tiene (capaz), en un esfuerzo constante por mantenerse y no perder su posición. Nadie mejor que Víctor Hugo para justificar por qué: «Poned a un hombre que contiene ideas entre los hombres que no las contienen y al cabo de cierto tiempo, y en virtud de una ley de atracción irresistible, todos los cerebros tenebrosos gravitarán humildemente y con adoración alrededor del cerebro irradiante. Hay hombres que son hierro y hombres que son imán».

Podemos plantear sin temor a equivocarnos, que la carencia de liderazgos está dada por la saturación en escena de quiénes no lo poseen. Si no eres líder, inexorablemente no puedes tener liderazgo. En contraposición, los auténticos se encuentran entre la masa, si bien son reconocidos como tal, no tienen la posibilidad de ejercer responsabilidades. Si de verdad estamos interesados en avanzar, y darles a nuestras organizaciones el auge que deseamos avoquémonos en la tarea de seleccionar para su conducción a líderes, y entre ellos, a los más capaces.

En virtud de la moderación aristotélica no me extenderé más. Aún quedan cosas por decir, volveremos más adelante para ampliar con otras ideas este interesante tema. Hasta la próxima.

 

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