Jueves
19 de Octubre de 2017
Opinión

¿Deporte o show televisivo?

Autor: Por Rodolfo Romero Reyes
Fecha: 7 de Agosto de 2017

El deporte desde sus inicios involucró a un gran número de fanáticos. Con el paso del tiempo la difusión de sus diferentes manifestaciones no se limitó a los asistentes a un estadio; los periódicos, la radio y después la televisión, se convirtieron en el medio ideal para llevarlo  a las casas de millones de aficionados en todo el mundo.

Con el desarrollo tecnológico las transmisiones deportivas se han perfeccionado. En el caso específico de la televisión, los índices de audiencia se «disparan» en tiempos de Olimpiadas y mundiales de fútbol. Sin duda, las nuevas tecnologías en el mundo de la comunicación audiovisual han propiciado una mayor rapidez y facilidad perceptiva de estos eventos.

Acorde con el mundo actual globalizado y hegemónico, en el que todo es mercancía y predomina el interés comercial, el deporte no ha escapado de las leyes del mercado. Tampoco su transmisión televisiva ha evadido este fenómeno. La centralización de cadenas de televisión, el dinero que corre detrás de cada uno de los canales y los grupos capitalistas que invierten millones en dicha transmisión, han ido convirtiendo las transmisiones deportivas en un verdadero espectáculo. 

Hasta los años setenta el deporte poseía cierta autonomía. Después de iniciarse las transmisiones en directo los medios fueron los verdaderos protagonistas del deporte. Ya no cumplían su rol de intérpretes o meros informadores; su misión se fue mucho más allá.

El deporte por su lado comenzó a suministrarle a la televisión una fuente inagotable de información. La variedad de sus propuestas, las altas audiencias, la «necesaria» publicidad, entre otros factores, hicieron de ello un negocio muy rentable.

El desarrollo tecnológico en la transmisión televisiva de los eventos deportivos trajo ventajas inigualables. De esta forma al espectador no se le escapa ninguna de las interioridades. Las gráficas virtuales y el uso de cámaras ajustadas, de control remoto o en soportes inimaginados, son sólo algunos ejemplos.

¿O acaso vamos a negar la calidad de la transmisión de las pruebas de atletismo en las olimpiadas donde se usan más de cuarenta cámaras?

Pero estas ventajas que posibilitan la repetición de jugadas, el uso de la cámara lenta y otros efectos de filmación, montaje y edición, si bien hicieron más completa la transmisión, también se hicieron portadoras de prácticas sensacionalistas.

¿Acaso el cabezazo que propinó Zinedine Zidane en la final del mundial de fútbol, Alemania 2006, no fue una de las más difundidas en las grandes televisoras? ¿No había jugadas geniales para atrapar a los aficionados?

Sí, existían, pero ocurre también que la audiencia educada en esas prácticas sensacionalistas disfrutó también de ese show televisivo. 

Y es que así funciona este espectáculo: un incidente de pocos segundos en un partido permite a la televisión mantener un alto índice de audiencias por un tiempo determinado dando un «seguimiento periodístico» a todo el escándalo originado por Zidane.

La noticia hoy, ya no es el rendimiento del Real Madrid en la Liga Española. Las primeras planas ahora son ocupadas con: La nueva adquisición del Madrid, Cristiano Ronaldo vendido por 96 millones, Pepito Pérez firmó contrato con Adidas, etc. En este estilo, la televisión es el promotor por excelencia.

No sólo de estas artimañas se nutre el sector televisivo. El principal patrocinador es la publicidad. Por eso no tiene el mismo impacto una entrevista de Lionel Messi llevando una camiseta a rayas, que si el jugador del FC Barcelona lleva su habitual camiseta Nike. La forma de construir la noticia televisiva debe tener en cuenta hasta estos mínimos detalles.

Fórmulas hay miles. Grandes equipos multidisciplinarios integrados por diseñadores, comunicadores, productores, son contratados por las grandes cadenas televisivas para experimentar y construir el espectáculo.

Los mundiales de fútbol, pero más aún los Juegos Olímpicos son, en este sentido, un campo de experimentación fundamental en la historia de las innovaciones tecnológicas de los medios de comunicación en general y de la televisión en particular. Si bien el deporte ha transformado la forma de hacer televisión, la transmisión televisiva también ha impulsado cambios en el deporte.

La  adaptación de los calendarios deportivos nacionales e internacionales a las exigencias de la programación televisiva  y la adaptación de los horarios del deporte a las exigencias o prioridades horarias de los «mass media» figuran entre ellos. La hora en que se inaugura una Olimpiada debe decidirse teniendo en cuenta, el horario de los países donde radican las principales cadenas de TV y las audiencias más grandes y poderosas, es decir, los mayores ingresos monetarios.

Estos cambios se hicieron más visibles a partir de los años noventa. El aumento de los tiempos técnicos en los partidos de la NBA, el color azul de los kimonos en el Judo, el cambio de camiseta obligatorio después del intermedio en deportes como el fútbol y la implementación del sistema rallypoint en el voleibol, son algunos de los más evidentes.

Otra tendencia impulsada por la televisión ha sido la internacionalización del espectáculo deportivo. Sin que desaparezcan las transmisiones de deportes locales y regionales, las cadenas, los canales y los diferentes programas deportivos priorizan los eventos internacionales y los deportes más «espectaculares».

La popularidad ya no está determinada únicamente por el espectáculo deportivo propiamente dicho, sino por la preponderancia de sus imágenes televisivas. Esto trae como consecuencia negativa, la poca difusión de algunas manifestaciones deportivas y el desconocimiento de importantes eventos regionales.

Como consecuencia directa del dominio ejercido por las cadenas anglosajonas y europeas están teniendo lugar en países del tercer mundo y del hemisferio asiático una proliferación de los deportes occidentales. Por todo esto, hasta la selección de las sedes de los grandes acontecimientos deportivos pasa por el aseguramiento, no sólo de las instalaciones y el hospedaje, sino por el aseguramiento de transmisión (específicamente televisiva) de los sucesos del certamen en cuestión.

Poner el deporte en función de los medios no es un capricho de la era moderna. Los medios constituyen una de sus principales fuentes de financiación para los clubes y las federaciones deportivas. Sin dinero se ha demostrado que el deporte no camina.

En la actualidad las principales entidades deportivas no sólo se preocupan por el rendimiento de los atletas o las nuevas marcas a imponer. Desde el punto de vista económico, tanto el deporte como las asociaciones competitivas, necesitan que los métodos empleados ofrezcan resultados notables; por ello el marketing es un aliado en esta parte del cambio, es una herramienta que acoplada correctamente al mundo del deporte puede lograr grandes resultados pero a un costo ético muy cuestionable.

Todo esto ha traído logros positivos como una mejor calidad de transmisión e inmediatez periodística y a la vez, se ha logrado una amplia difusión de los eventos deportivos más importantes, resultando de ello un mayor proceso de identificación de los aficionados y un aumento en los sentimientos nacionalistas relacionados con el deporte y la programación deportiva.

Pero, lamentablemente también tiene serios elementos negativos. Ahora los deportes estrellas son el fútbol, el baloncesto y quizás algunas pruebas de atletismo, la jerarquización no depende de la maestría deportiva sino del show televisivo que se pueda montar.

Las transmisiones deportivas son dirigidas por monopolios informativos que responden a los patrocinadores y tienden a reproducir los esquemas verticalistas y antidemocráticos. La televisión es dependiente de los patrocinadores y de la publicidad.

Asistimos a un show montado para satisfacer sus intereses comerciales. El «deporte espectáculo» protagonizado por hombres es el referente básico de la presencia del deporte en la televisión. El deporte femenino ocupa un papel muy secundario. Las referencias al deporte para todos o al deporte aficionado son muy limitadas, por no decir inexistentes. Las prácticas deportivas no ocupan el centro de las transmisiones, y sí lo hacen en cambio los escándalos, chismes y la vida íntima y privada de las principales estrellas deportivas.

Con posiciones a favor y en contra de esta situación, es una realidad inevitable, hay que asumirla y superarla. La televisión de alta definición, los procesos de digitalización y multimedia determinarán nuevas formas de apreciar el deporte, incrementando así la espectacularidad y, probablemente, las audiencias de las transmisiones deportivas.

Exigirles un rigor ético, informativo, democrático y participativo es la función social que tienen aquellos que deciden y que pueden sacar a las transmisiones deportivas del juego mediático, espectacular y sensacionalista en el que están insertadas.

Series como One Tree Hill, utilizan el básquet para ganar adictos. En Rusia el poder político vuelve líder de opinión a uno de los más famosos ajedrecistas del mundo. En Cuba es noticia la exposición plástica de un boxeador que pinta con las manos. Y estos son sólo tres ejemplos.

El reto es grande. No es sólo el deporte. La televisión hace de todo un espectáculo. Los periodistas le seguimos el juego a aquellos que les pagan un salario. Ojalá, que algún día en el deporte se cambie esta realidad y los que más goles anoten no lleven necesariamente un pulóver de la Nike o una camiseta Adidas.

 

 

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