Desafíos en los tiempos de CUC
Obviamente una de las noticias que anda rebotando con más picante en el debate nacional —y es de suponer que lo será por muchos días— es la que hace poco anunció la apertura del proceso de unificación monetaria en Cuba.
Vayamos por parte y entendamos como lógicas las encontradas reacciones criollas ante una nota oficial, que no por esperada desata menos polémicas.
El hecho es que en cualquier punto de la geografía nacional se anda desgranando opiniones que van, desde inteligentes, imaginativas y audaces, hasta las más disparatadas y totalmente ajenas a la realidad del país y de un poco más allá.
Unos hacen autopsias sobre lo que dice la noticia; otros, sobre lo que la noticia no dice y debiera decir; los hay que la interpretan a su manera y los que andan ofreciendo fórmulas y recetas callejeras, para que a más tardar un próximo jueves cualquiera, nuestro amado peso «sato» tenga el valor que merecemos.
Todo va siendo a tal punto, que algunos bromistas tienen ya pensado proponer para premio Nobel de Economía, al equipo gubernamental que le toque armar —y sobre todo llevar a buen término— el proceso.
Y en verdad, el asunto se las trae.
Pero seamos realistas. No será fácil ni veloz, ni puede ser improvisado.
El propio texto que comunicó la decisión del estado lo advierte cuando reconoce que «la unificación monetaria y cambiaria no es una medida que resuelve por sí sola todos los problemas actuales de la economía, pero su aplicación es imprescindible a fin de garantizar el restablecimiento del valor del peso cubano y de sus funciones como dinero, es decir de unidad de cuenta, medio de pago y de atesoramiento».
Tal vez, como uno de los efectos que muchos quisiéramos ver sería ¡por fin! —y esto es, a mí juicio, muy importante— la medición correcta de la calidad, porque en el punto de partida de muchos cambios deberá estar el reconocimiento a quienes ejercen actividades de más trascendencia, más trabajan y mejores resultados tienen, sea la modalidad que sea.
Sin embargo, todos sabemos que no funciona de este modo. El largo trayecto por delante ha tenido solo un primer paso dentro del también largo proceso de la actualización del modelo económico, que deberá ser dialéctico en su constancia y en su visión a largo plazo.
Si es cierto que por algo hay que empezar, lo inteligente es comenzar por el principio׃ si importante es eliminar la dualidad monetaria, tan importante es eliminar la economía dual, aquella en la que, entre otras cosas, si laboras para el Estado, recibes menos que quien, sentado en su casa, se adentra en el lucrativo mercado negro —y que algunos llaman elegantemente «informal»—, por poner solo un ejemplo.
El proceso tendrá que elaborar estrategias que consigan que el salario recupere su valor, que se revalorice el trabajo y aumente la productividad —ojalá en ese orden—, aunque esto siempre lleva más de una lectura, algunas opuestas.
Si las soluciones son de economía política, vendrán con la actualización del modelo económico —que presupone innovaciones estructurales en la economía—, si la cuestión es vivir bien, no será, en todo caso, con un simple clic.
Al recordar la frase de que el viaje más largo comienza con el primer paso, puede uno desear que las cosas vayan más rápido y más contundentes, pero la realidad no es un laboratorio ―no debería ser― por el método de prueba/error o una obra de teatro que lleva ensayos previos.
Y sobre todo, aunque parezca un ritornelo abusivo, precisamos recordar que cada paso debe estructurarse bajo el principio del socialismo, porque ―no nos engañemos, no hay tercera vía― de lo contrario todo sería más sencillo… ¡Sálvese quien pueda!
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