Sábado
16 de Enero de 2021
Opinión

Diana está en las palabras

En las palabras de su gente, la gente del gremio periodístico y literario que se resiste a creer que alguien, tan lleno de luz, deje de brillar de pronto.

Autor: Redacción Alma Mater
Fotos: Tomada de Cubadebate
Fecha: 10 de Diciembre de 2020
Diana Lío Busquet

Diana no se fue.

Es cierto que no la veremos más entrar a las oficinas de la Editora, saludando, sonriendo, trayendo buenas y mejores noticias; echar su pasillo y tomar una cerveza en las fiestas de la UPEC; peleando a «capa y espada» por los sueños de las juventudes a quien siempre le abrió las puertas.

Pero, aunque duele no verla, escucharla, respirarla, sentimos que sigue aquí, con su gremio, con su gente, con su familia. Y lo sabemos con certeza absoluta por algo tan suyo: las palabras.

Jesús Arencibia Lorenzo: «Las puertas de Abril siempre estarán abiertas para ti, por lo menos mientras yo sea la custodio principal», me dijo, y otras cosas que guardo en el corazón. Y yo, que la conocía desde mis años de colaborador primerizo en Alma Mater, agradecí y admiré aquel gesto hasta el infinito. «En épocas en que otros cierran puertas, sobre todo cuando uno decide ser coherente con lo que piensa, es un gesto de una valentía y fraternidad admirable abrirlas», contesté.

Paquita de Armas Fonseca: Yo, a fuer de honesta, te digo muchacha, así siempre te dije, que te prefiero ausente que sufriendo en una cama por ese cáncer que te llevó en poco tiempo. En mis oídos está aún tu ultimo «cuídate» dicho por teléfono, porque no te llamaba para no molestar. Sabía de ti por nuestros colegas. Pero ese día de nuestra última conversación compartiste un post sobre un premio a Juventud Técnica. Lo vi, te llamé y saliste al teléfono. Si, muchacha, me estoy cuidando, sigo tu último mandato.

Alexis Díaz-Pimienta: Diana Lío Busquet fue -ha sido- mi editora durante casi 20 años. Mi editora y mi amiga en la Casa Editora Abril, de Cuba. La de recibirme a cualquier hora y colarme café, a mí que «no tomo» (ahora me doy cuenta de que cuando voy a Cuba solo tomo café en dos situaciones: cuando viene mi madre a casa y, religiosamente, cuela; cuando visito la editorial Abril y Diana Lío manda a colar e invita). Diana Lío actuaba conmigo como si hubiéramos sido amigos de la infancia. Heredó, creo, esa relación casi familiar que yo tenía con la anterior directora de la editorial Abril, nuestra Niurka Duménigo. Y heredó, por supuesto, el universo Chamaquili. Nuestra amistad y cariño comenzó y continuó, con Chamaquili, gracias a él, por él, y se extendió al resto de mi literatura y a la vida. Ahora mismo, Diana Lío tiene en su poder cuatro de los próximos libros que quiero que salgan publicados en Cuba: dos novelas (una juvenil y otra para adultos), uno de cuentos para adultos y un poemario para niños (sí, otro Chamaquili). Y en eso trabajábamos, y de eso hablábamos constantemente por Messenger. Era tan entusiasta de mi literatura que en 20 años nunca dijo que no, nunca dudó, sobre ninguna de mis propuestas. O me proponía ella, directamente. Diana Lío era, es, esa editora que todo escritor merece, que todo escritor quiere tener cerca.

Lys Alfonso Bergantiño: Esta inmensa mujer entró a mi vida abriéndome las puertas de su casa Abril; se batió duro en mi defensa hasta el final y me dio un espacio para crecer y crear; protegió a los suyos (que también son míos) siempre con garras y dientes. Por ella soy caimanera, zunzunera y miembro de la familia Editorial. Todo eso me basta para llorarla un mar. En eterno agradecimiento, algún día cercano, nuestra hija se llamará Diana.

Ronquillo Bello: Y la tristeza que sentimos no es solo por su juventud, que ya causaría pesar. También por esa humanidad linda, exquisita, que tantos admirábamos, y por su capacidad para atraer a los demás a los empeños más honrosos y gratificantes.

Mayra García Cardentey: Yo llegué a la EditoraAbril de la mano de Diana. Yo fui directora de la revista Alma Mater durante cinco años porque ella creyó en nuestro trabajo, defendió nuestro periodismo de investigación, apoyó nuestras líneas incómodas. Yo quise y quiero a esa revista y a esa Editora, en buena parte, porque ella juntó pie en tierra con nosotros. Nos defendió de molinos, y apoyó en todo a ese sexteto de revistas que allí crecen cada día. Dianita fue directora, colega, amiga de cervezas y debates periodísticos…

Yoerky Sánchez Cuéllar: Me decías «mi sol» desde aquellos tiempos en Alma Mater, sin darte cuenta de que quien me alumbraba eras tú. Ahora te marchas, pero se queda tu luz. Hasta siempre, amiga Diana.

Racso Morejón: Salí del elevador, cantando. Pasé por delante de la subdirección, cantando. Atravesé el pasillo con rumbo al comedor, cantando. Al pasar por el almacén su voz me interrumpió desde el recodo de la oficina a la altura de mí: «…presiento que, tras la noche, vendrá la noche más larga… »

-Salí a ver quién cantaba «Al alba», me voceó desde su inigualable y flanqueada sonrisa,

- No te reconocí la voz Racsi. Dijo mientras nos aproximamos.

Y por unos segundos, después del abrazo, conversamos sobre la canción, Aute, el amor y la muerte, la tristeza y la vida.

Kaloian Santos Cabrera: Dianita siempre con su sonrisa, con su humanidad y con tantas ganas de parir nuevos libros contra viento y marea. También con una sonrisa fue un pilar para un par de mis sueños cumplidos al publicar mis dos libros de fotografías cuando nadie, absolutamente nadie, apostaba por hacer un libro de fotos de un principiante. ¡¡¡¡Y Dianita lo hizo!!!!

Dailene Dovale: Ella siempre estaba ahí, para ayudar y enseñar con su rostro dulce. Fue quien me ayudó a trasladar cosas de la tesis de Venezuela a la Habana. El primer mensaje después de cualquier buena noticia era suyo, porque estaba atenta a todos, era amable e inspiraba a crear. Una vez, solo una vez, le confesé que se aprendía mucho de mujeres inteligentes y empoderadas como ella. Debí decirlo muchas tantas veces: el orgullo de conocerle y saberle Maestra. Hoy me siento un poquito desamparada y pienso en todos sus familiares y amigos que ahora están más solos.

Jorge Legañoa: La sonrisa de quien hizo el bien, no se apaga… La vida de quien se entregó a la palabra con devoción, no se borra…El amor de quien amó, no se olvida. Gracias por todo Diana Lio Busquet.

Rafael Grillo: Hoy se me ha muerto, se nos ha muerto, a mi tribu del Caimán Barbudo, a todos los colegas de la Editora Abril, un ser especial, muy íntimo, amiga, jefa, compañera de todos, alguien que duele hoy y todavía mañana seguirá doliendo. Con agradecimiento infinito, por la vida que diste, querida Diana. Las condolencias a familiares y amigos. 2020 nos había quitado mucho. Y ahora nos quita lo mejor…

Iramis Alonso Porro: Anda, corre donde debas ir, anda, que te espera el porvenir, vuela… A nuestra directora, nuestra amiga, nuestra hermana Diana. Gracias por tanto que nos diste.

Jorge Sariol: La vida es bella y ella lo supo; será fugaz, pero la vivió con intensidad.

Joaquín Borges Triana: Para el equipo de El Caimán Barbudo se nos ha ido una caimanera más, miembro de nuestra familia en las buenas y en las malas y que por tanto asistía por igual a las reuniones de trabajo de la revista que a las pachangas que con frecuencia solemos armar. No diré en paz descanse, porque no creo en tal tipo de afirmación y solo me quedaría por añadir que en lo personal me siento plenamente orgulloso de poder expresar que Diana Lío fue mi amiga y así la recordaré hasta que me llegue el turno de partir.

 

 

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