Sábado
08 de Agosto de 2020
Sociedad

Diario de un periodista deportivo fuera de juego

Autor: Duanys Hernández Torres
Fotos: Tomada de cubaperiodistas.cu/
Fecha: 23 de Junio de 2020
Diario de un periodista deportivo fuera de juego

Los periodistas deportivos, como todos los de círculos especializados, aman sus parcelas, y resulta muy difícil verlos alejados con sus propuestas de los batazos, canastas y goles. Pero una pandemia todo lo trastoca…

Confieso que no me veía como un reportero todo terreno para cuanto sector apareciera. No, que va. Creía que eso no era lo mío, que había nacido para hacer únicamente periodismo deportivo. Iluso.

Pero se es periodista, un oficio que se siente hasta la médula, y que nos impone retos más allá de la zona de confort. ¡Y qué retos!

Mi diario fuera del juego provoca hasta la risa más intensa. Les cuento…

Primera cobertura: a una fábrica de croquetas. Yo que de croquetas solo entendía por los ponches en el béisbol, sobre todo debido a algún que otro grosero que he recibido en el softbol de la prensa, como aquel en el zonal central celebrado en Camagüey.

Protocolo, traje, gorro y croquetas… ¿Qué hago aquí? Quería que la tierra me tragara… Hay que aportar en todo lo que hace falta, y que venga el reportaje sobre croquetas.

Si los expedicionarios del Granma tuvieron su bautismo de fuego en Alegría de Pío, el mío fue en la UEB «El Tigre», perteneciente a la Empresa Cárnica Habana.

Al llegar al Sistema Informativo de la Televisión Cubana con mi primera batalla entre croquetas me solicitan que fuera al siguiente día para el Hospital Naval a entrevistar al director del centro.

¿Zona roja? Y la vida fue tan generosa con este guajiro que ama el periodismo que apareció la historia de Antonio Ante, uno de los dos primeros casos críticos que salía de alta por pura casualidad.

Un anciano de 70 años que rebasó el umbral de la muerte, y con su ¡Viva Cuba, coño! le sacó las lágrimas a este cubano en plena labor e hizo que amara aún más a esta profesión.

Después llegaría un trabajo sobre la Empresa de Refrigeración y Calderas del Ministerio de Industrias. Apareció de carambola el recuento sobre los 56 años de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado para sustituir mi llegada tardía a una cobertura de minindustrias.

O una visita a la Base Nacional de Urgencias Médicas, decisiva también en el enfrentamiento directo a la pandemia. Incluso reporté sobre el reordenamiento del transporte estatal en la capital cubana.

Otra vez caló mi sensibilidad una cobertura, y esa fue la visita al Hogar Materno «Doña Leonor Pérez Cabrera» de La Habana Vieja. Ver los desvelos de la doctora Yeylin Pereira por las embarazadas o conocer de primera mano la historia de Daniela Giro, policía santiaguera de 20 años, quien espera trillizos, hacen que este periodista reafirme su sabia decisión de apostar por esta profesión.

Y hasta puedo graduarme en la prevención contra incendios. Aprendí sobre las medidas que se toman para que no ocurran siniestros en el Ministerio de Energía y Minas, así como en el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología.

Nuevamente como bateador emergente me tocó la prevención contra el mosquito Aedes Aegypti. Tuve que recurrir a la asesoría de una doctora aunque mi hermano epidemiólogo me recriminara desde Sagua la Grande porque no pensé en él.

La Empresa de Gases Industriales fue otro de los lugares que me tocó conocer en días de pandemia donde pude palpar la importancia de una labor anónima indispensable para la salud cubana.

La visita al centro de aislamiento ubicado en la zona 6 de Alamar, en el municipio Habana del Este, reafirmó mi admiración por esos héroes anónimos, protagonistas en la retaguardia de esta gran batalla.

A estas alturas del juego ya ni se lo que soy. ¿Periodista deportivo?

Sencillamente se es periodista, un oficio que se siente hasta la médula, y que nos impone retos más allá de la zona de confort. ¡Y qué retos!

 

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