Viernes
10 de Julio de 2020
Sociedad

Diez cosas buenas de la cuarentena

Autor: Isabel Cristina
Fotos: Jorge Ricardo
Fecha: 26 de Mayo de 2020

1- Estar en casa nos ha hecho volver al pasado y reconstruir la historia familiar. Entonces desempolvamos viejas fotos de la infancia, las cartas de amor de nuestros padres, las medallas de nuestros abuelos, la única tacita que nos queda de aquella vajilla de porcelana que nos legó la bisabuela. Descubrimos con sorpresa cuánto hemos envejecido, pero decimos que estamos igualitos y nos reímos a carcajadas por lo flacos que estábamos todos en el Periodo Especial.

2- Ahora las palomas se posan en mi balcón y los gorriones entran hasta el cuarto a despertarme. Entran las mariposas, las abejas, las lagartijas y las arañas tejen hermosas redes que brillan con el sol. Ya no se sienten los ruidos de claxon, ni el humo de Boyeros se levanta sobre los techos. Ahora el sonido de la naturaleza es más fuerte y el cielo más azul y los olores de la mañana se parecen más a los del campo.

3- Muchos nos hemos reconectado con viejos amigos que, en la rutina de la vida, se van quedando relegados. Ahora hemos creado grupos de WhatsApp con los compañeros de la secundaria, con los primos lejanos, con los del barrio, con los socios del equipo de pelota.

4- Las creaciones culinarias son cada vez más insólitas. Volvemos a NitzaVillapol y la mezclamos con los tutoriales de YouTube y las recetas de nuestras abuelas, y aprendemos a hacer más con mucho menos que antes. Aunque las kilocalorías a veces sean insuficientes, la decoración y la innovación de los platos son de alta cocina. Tal vez la escritora e investigadora culinaria Silvia Mayra Gómez Fariñas escriba un libro con el nuevo estilo Cocina de Cuarentena.

5- Las relaciones entre padres e hijos se han vuelto más estrechas, más creativas, más sinceras. Los niños ayudan más en las labores de la casa y los padres juegan, cantan y bailan más. Los abuelos son más felices con los nietos en casa. El odio y el amor se mezclan todo el tiempo, pues cuando está cayendo la tarde ya odias a tu hijo que te cae arriba más gordo y más pesado que nunca, pero lo despiertas temprano porque lo extrañas y tu amor se cargó hasta el 100 durante la noche.

6- Nuevas formas de ejercitar el cuerpo y la mente afloran en nuestras casas. Así están los que hacen yoga, los que hacen planchas con sus niños en la espalda, los que bailan con los Van Van, los que saltan suiza, los que meditan y los que hacen el amor en todas las habitaciones de la casa siguiendo las indicaciones de un Kama Sutra tropical que aún está por escribirse.

7- Como ya no podemos salir a jugar futbol, bolas o a empinar papalotes porque tenemos que quedarnos en casa, viejas formas de entretenimiento han resurgido. El coronavirus ha significado la resurrección de los juegos de mesa. Y los niños se fascinan con las cartas, el scrabble, el parchís, el dominó, el cubilete, las damas y otros tantos juegos olvidados que estar en casa nos ha hecho rescatar.

8- Las limpiezas generales que solo se hacen para fin de año ahora están de moda. Arreglar armarios y vitrinas es una labor purificadora. Así encontramos aquella estatuilla china que se perdió en el año de la bomba y recuperamos la blusa chea que usó nuestra madre en los 90 y que ahora puede ponerse nuevamente en boga. Algunos botan las cosas viejas y hacen espacio para la cacharrera del futuro, otros volvemos a guardar los viejos trastos a los que les tenemos cariño y los armarios vuelven a quedar, después del arreglo, «como Dios pintó a Perico».

9- Algunos escuchan radio habitualmente, pero otros están iniciándose a partir de la pandemia y descubren esa compañía especial. Y seguimos a locutores, periodistas, músicos, pero también encontramos a gente común que nos atrapa con sus comentarios como Panchita la de Luyanó o el niño de Jíquima que saluda a los médicos con un poema escrito en una hoja de libreta.

10- En tiempos de crisis la gente se crece, emergen la creatividad, el amor y la inventiva. Surgen nuevas canciones, nuevos lazos se fomentan y aprendemos a valorar las cosas buenas que tiene esta Isla, eso que nos distingue y nos hace eternos campeones de un juego en el que venimos de abajo.

 

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