Miércoles
27 de Mayo de 2020
Sociedad

«Dígase hombre y ya se han dicho todos los derechos»

Autor: R. G. M.
Fotos: Tomada de La Voz de Galicia
Fecha: 17 de Mayo de 2020
Ya han pasado nueve años desde que uno de mis amigos, de los que siempre están, se sentó a mi lado y me hizo la famosa pregunta: — ¿tú eres gay?... Ilustración tomada de  La Voz de Galicia

Me he tardado en escribir este texto — y que conste, me han insistido — porque mi experiencia no es, ni por asomo, de las más traumáticas ni mucho menos, pero creo que a veces, es necesario contar la cara de la moneda menos conocida. Como no podía ser de otra forma, entre retazos de historias será inevitable colar (en estos tiempos de colas) alguna opinión personal acerca del tema tan recurrente cada mes de mayo.

Soy de quienes no gustan adornar las palabras. Y creo, con todas las fibras de mi ser, que la palabra de orden es RESPETO, sí, en mayúsculas. Pienso que hay temáticas que no llevan adornos ni celebraciones, porque ciertamente no hay nada de ello en etiquetar el amor que, al fin y al cabo, es lo que por muchos años se ha estado haciendo.

No creo tener — ni lo pretendo — la respuesta correcta, porque no creo que exista. La vida de cada persona es como una crónica. Piénsenlo. Vamos escribiendo con palabras cada camino, decisión, persona o momento que conforman nuestra existencia. Y cada uno debe ser autor de esa crónica.

Imagínese que a su crónica le faltan palabras en muchas oraciones, porque alguien las ha borrado o la presión ha hecho que nunca sean escritas. Así se sienten las personas que, por una razón u otra, han sido víctimas de discriminación de cualquier índole.

Ya han pasado nueve años desde que uno de mis amigos, de los que siempre están, se sentó a mi lado y me hizo la famosa pregunta: — ¿tú eres gay? Desde entonces me ha resultado difícil entender que la sexualidad necesite ser etiquetada. No recuerdo haberle preguntado nunca a nadie o verlo con un cartel en la calle que dijera: «yo soy heterosexual».

Pero sí, lo soy. Y tampoco soy de quienes lo gritan a los cuatro vientos, porque creo que los procesos sociales no se violentan ni se toman por la fuerza. Ya de eso estamos sobrados en este mundo convulso que vivimos hoy. Pero a veces se necesita un empujoncito desde lo legal o desde el accionar sobre todo si estamos construyendo — como siempre decimos — una sociedad más justa e igualitaria «con todos y para el bien de todos».

Debo decir que he sido una persona con suerte. Desde la universidad hasta hoy, en todos los espacios en los que he convivido, ser homosexual no ha sido un factor, ni un tema a tratar. Antes, en las etapas inferiores, suele ser cierto que los niños pueden ser muy crueles, incluso más que los adultos. Y esas son las marcas que se quedan para toda la vida y forman al individuo.

Educar desde la diversidad debiera ser uno de los principios fundamentales a explotar, ya que estamos intentando formar a un hombre o mujer justos, capaces de anteponer sus principios y el respeto a cualquier atisbo de discriminación o injusticia.

Porque de eso se trata: RESPETO. ¿Por qué habría de importar a quién amas dentro de las cuatro paredes de tu casa? Si en sociedad sigues siendo un buen profesional, hijo, nieto, amigo, compañero y ser humano, la sexualidad es solo un factor más que complementa al ser y, ni remotamente, tiene que influir en el comportamiento social del individuo.

Mis amigos han sido mis confidentes, incluso cuando aún no había reunido el valor para sentarme con mi familia y conversar acerca del tema. Aunque ahora lo diga muy fácil, siempre me aterró hacerlo, no porque pensara que era algo reprochable, sino por tantas historias de conocidos que sus familias rechazaron y eso los marcó para toda la vida.

Sin embargo, fue todo lo contrario, hoy las reuniones familiares son de esos espacios que más disfrutamos, conversamos de cualquier tema. Es interesante ver como mis padres, aun siendo educados con otras nociones e influidos socialmente por más tiempo, han asumido mi sexualidad como algo que solo me concierne a mí. Una vez más: RESPETO.

¿Quién decide qué está bien o mal? ¿Quién tiene la capacidad para opinar sobre la vida de los demás? ¿Por qué alguien debiera tener ese poder? ¿Por qué permitir que opiniones preconcebidas decidan sobre la vida de muchos?

Mi vida no ha estado marcada por estas preguntas, y nunca permitiré que lo estén. La vida es muy corta como para dejar que prejuicios o pensamientos de otros influyan en mi felicidad. No creo estar pidiendo nada trascendental, solo RESPETO.

Y vuelvo a Martí en este círculo que he intentado escribir, porque en él siempre encuentro las respuestas, sobre todo para esta sociedad más justa que queremos construir: «Dígase hombre y ya se han dicho todos los derechos».

No encuentro slogan más poderoso que ese.

 

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