Miércoles
04 de Diciembre de 2019
Universidad

Dinamizar la universidad

Autor: Jorge Sariol
Fotos: Elio Mirand
Fecha: 3 de Diciembre de 2015

«Es tarea de la FEU, desde la convocatoria al diálogo y el debate, seguir legitimando el modelo de la enseñanza superior cubana».

Conversación con Jennifer Bello Martínez presidenta del Secretariado Nacional de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU).

La actual presidenta de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) es una joven matancera de 23 años, estudiante de quinto año de la carrera de Pedagogía Psicología.

Se define a sí misma como muy extrovertida, alegre y compartidora; amante de las artes, de niña le apasionaba la actuación, intentó incluso entrar en la ENA; entusiasta por el béisbol y seguidora del equipo de su provincia. Y le gusta vivir a plenitud.

«Sucede —dice— que una debe adaptarse a las circunstancias y, al asumir responsabilidades mayores, tiene menos tiempo para recreaciones como leer o ver una buena serie».

En medio de los complejos tiempos que vive la educación superior cubana y por extensión la realidad nacional, asumir la presidencia de la FEU es un lance espinoso. Sobre todo si se está en proceso de preparación de la tesis de grado. Agreguemos a esto que el tema de investigación propone un sistema de herramientas psicopedagógicas para ese profesional de la educación que tendrá la misión de instruir a sus estudiantes y orientar a la familia e incluso a los directivos de la escuela. «El maestro es un ser humano que, además de sus deberes profesionales, los tiene como individuo y puede tener dificultades como cualquiera. También necesita de un mayor diapasón espiritual para cumplir luego su cometido».

Jennifer acepta el reto de responder un cuestionario sobre escenarios, perspectivas y contradicciones que encuentra la organización que ahora dirige en medio de un propósito actualizador de la vida nacional.

El secretariado, cuya composición mayoritariamente es nueva, la tendrá difícil por los muchos y continuos cambios que suceden en la educación superior y en la sociedad cubana. Entre tantas prioridades por delante ¿cuáles tendrán que jerarquizar?

«Diez nuevos miembros suma el secretariado. Significa un reto porque van a necesitar de un tiempo para ganar experiencia en esta estructura y nivel de trabajo.

«Primero porque tienen la misión, casi un principio, de mantener activado el posicionamiento de la organización, incluso en los estados de opinión que pesa sobre ella, que se confíe en sus procederes, algo logrado tras el VIII Congreso.

«Vamos a iniciar un proceso de discusión para dinamizar la universidad. No será volver a hacer un congreso; sino poner a discutir al estudiantado sobre los temas prioritarios de la sociedad cubana, sobre sus propias inquietudes y la forma de participar en la actualización.

«En esta etapa ha avanzado el proceso eleccionario que, luego de dos años de modificación, necesita fortalecerse, porque el proceso de integración de las universidades ha cambiado muchas percepciones.

«Un elemento importante es el funcionamiento de la horizontalidad, en el sentido de la capacidad de decidir cómo organizar las estructuras, desde la elección misma de los dirigentes. Que desde la brigada salgan los cuadros, por elección y no por designación.

«Tenemos el caso de la Universidad de Oriente (UO), la más grande que tendrá el país luego de la integración. Significa que los dirigentes estudiantiles deberán tener muy presentes la pluralidad y la heterogeneidad, porque liderarán a estudiantes de diferentes perfiles y especialidades.

«Así como cuando comenzó el proceso de municipalización y la FEU tuvo que adecuarse a las nuevas estructuras, ahora toca actualizarnos en los nuevos contextos. Incluso desde Secretariado Nacional. No se trata de homogeneizar, sino de atemperarse. Con autonomía e independencia, pero no podemos desconocer la realidad».

¿Dependerá de un buen liderazgo de los cuadros o de la organización en general?

«No dependerá del liderazgo de una persona, sino del trabajo de un equipo. Siempre habrá líderes y con un peso importante; pero la responsabilidad colectiva es muy grande y cada cual deberá hacer su parte en la tarea de guiar a la membresía.

«Eso, ¡claro que depende también de las personas! Los reglamentos influyen, además está así escrito: un colectivo de año no debe reunirse a tomar decisiones si el presidente de brigada no está presente y puede defender los reclamos de los estudiantes; pero ese dirigente debe ganarse el respeto de ser escuchado con argumentos y disciplina.

«Y así como son muchos los cambios, son muchas las inquietudes a escuchar, para después transmitirlas y canalizarlas en el lugar adecuado.

«Flexibilizar la educación superior dependerá también de las preocupaciones de los estudiantes.

«Es tarea de la FEU seguir legitimando el modelo de la enseñanza superior cubana y requerirá protagonismo verdadero».

¿Cuál será la estrategia de la FEU para incidir en los cambios a partir de las inquietudes de los estudiantes?

«Hemos logrado mantener comunicación con la membresía, desde las encuestas hasta los criterios que circulan en las redes sociales, de saber qué piensa, cuáles son sus expectativas.

«Por lo tanto la primera tarea es mantener la comunicación. Los cambios, en general, son aceptados aunque hay incertidumbres. El tema del idioma inglés y la obligatoriedad de dominarlo para graduarse, es uno de ellos. Ante la posibilidad de que alguna universidad no tenga todas las condiciones en cobertura profesional, el método no puede ser el profesor particular, porque todos los estudiantes no podrán hacerlo».

¡En los tiempos que corren hacer política entre jóvenes pareciera harto difícil!

«Sí, pero la FEU tiene que empeñarse como nunca: se avecinan escenarios ideológicos muy complejos, que no podemos entregar a otros.

«No perder espacios es vital, en la atención al que más desprotegido está, en el acercamiento a los que más lo necesiten y preocuparnos por debatir con los más críticos que no quieren participar.

«Es fuerte el trabajo por delante, hay una marcada intencionalidad de ciertos grupos externos de captación de líderes, incluso de «potenciales líderes», entre los jóvenes, para descaminarlos de la lucha revolucionaria.

«Tendremos que adueñarnos de las redes sociales, desde la convocatoria al diálogo y al debate...».

Pero en términos de las TICs es grande el reclamo entre los universitarios sobre la falta de acceso a los recursos ­artefactuales y de conectividad a internet.

«Hacer política cuesta, es verdad.

«En términos de recursos el país va hacia un proceso de informatización. Pero no es suficiente y lo exponemos en todos los escenarios...».

¿Crees que están siendo escuchados?

«Pienso que sí... Que el primer vicepresidente, Díaz-Canel, se reúna con regularidad con la dirección de la FEU, para dar seguimiento a los reclamos del VIII Congreso, para comunicar proyectos, para saber inquietudes, para pensar en soluciones; es muestra de la importancia que reviste para la dirección del país escucharnos.

«Hay que seguir sensibilizando a la gente en la batalla ideológica. Con lo poquito que tenemos tendremos que seguir haciendo.

«Hay un Proyecto Identidad para dar mejor imagen institucional de la organización. Contamos con una web en perfeccionamiento para atraer a los jóvenes, que establezcan comunicación y expresen allí todas sus inconformidades y propuestas».

¿Tres tareas primordiales a las que se arrima la FEU ahora mismo?

«La primera: convocar a los universitarios a la participación en las distintas esferas de la sociedad. Hay que darles más pensamiento y atención a los muchachos de carreras técnicas, ciencias médicas, agropecuarias y de informática, que van a definir el desarrollo del país. Esto enlazaría mejor al estudiante universitario con la comunidad. No solamente para sensibilizarlos, sino para participar en los cambios.

«Segunda: acercamiento a las tecnologías, invitando en este proyecto a los más entendidos, a los más preparados, a los que mejor puedan ayudar.

«Tercera: el debate universitario. A la universidad debieran asistir personalidades, autoridades políticas e intelectuales, desde un ministro hasta los líderes locales a discutir temas "calientes". Lamentablemente este detalle no es prioridad para algunos.

«Luego del VIII Congreso, porque fue un reclamo, esto se activó de manera muy fuerte, pero ha tenido también etapas de bajas y hay que retomarlo. La FEU debe reactivar, como actividad fundamental poscongreso, el Diálogo de Generaciones.

«Si te sigo diciendo, la cuarta sería no dejar de lado la atención al año terminal y la ubicación laboral, procesos complejos y no siempre bien comprendidos por todos. Hay que mantener la transparencia en las comisiones nacionales de carrera y solucionar las inquietudes y trasmitir con claridad los acuerdos en las decisiones.

«Agregaría este curso, sobre todo, el acompañamiento a los cambios de la educación superior. Y establecer la identidad visual de la organización.

«Más del 50 % los estudiantes universitarios actuales no vivieron el proceso de preparación del VIII Congreso. De modo que tendremos bastante trabajo».

Por último, ¿cómo haces para que tu día tenga más de 24 horas?

«¡Ja, ja! ¿Y eso se puede hacer?».

 

Presidenta de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM), a su paso por ese nivel de enseñanza, Jennifer inicialmente había escogido la carrera de Marxismo e Historia. En 2011 se fue a cumplir el Servicio Militar, como exploradora, en la Brigada de la Frontera y, por razones casi fortuitas, terminó en Pedagogía Psicología, para seguir la saga de su abuela, también psicopedagoga.

«Haber estado en el servicio militar me ayudó a ser más organizada, más concentrada y más disciplinada; desde ser preciosista, incluso a la hora de tender la cama, hasta entender por qué es importante ser reservado con la información en el cumplimiento del deber.

«¿Momentos difíciles? Muchos. Aunque soy hija única por parte de madre, nunca he sido la clásica consentida, pero recuerdo un 31 diciembre, el primero que pasaba sin mi familia y lejos de casa; me sucedió junto a Laurita Labañino, las únicas occidentales del grupo. Sin embargo, nuestras compañeras de armas y sus familias guantanameras impidieron que nos sintiéramos solas. Y del servicio militar aprendí —modestia aparte, tengo buena puntería— los rigores normales, marcados por el hecho de estar frente a la base naval norteamericana, que incluía guardias nocturnas, patrullas en larguísimos recorridos, dolorosas picadas de avispa o adentrarme descalza en un pantano. También aprendí otras cosas impensables en ese ambiente… como hacer pudín.

 

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