Miércoles
27 de Mayo de 2020
Sociedad

Discriminación racial 60 años después

«En la isla no existe discriminación racial como sistema, pero hay factores estructurales, coyunturales y subjetivos que hacen que los prejuicios sigan aflorando», sostiene Pedro de la Hoz, vicepresidente de la Uneac y quien lidera en esta entidad, la Comisión José Antonio Aponte.

Autor: Lisandra Ronquillo Urgellés, estudiante de segundo año de Periodismo
Fotos: Elio Mirand
Fecha: 22 de Enero de 2019
Discriminación racial en Cuba.  Foto de Elio Mirand

Tatiana tuvo el camino libre para entrar a aquel bar con fama de ser «para blanquitos». Se recogió el cabello crespo azabache que caía sobre los hombros café y caminó entre el gentío que se movía al ritmo de un reguetón bien cubano, en contraste con la refinada decoración del sitio.

Ya tenía referencias del lugar, de cuando su hermana lo visitó y terminó pagando, a pesar del mal trato recibido, tarifas más caras que el resto de los clientes. También del sitio web donde se promocionaba bajo un curioso llamado que la llevó hasta allí: «Se busca camarera negra».

Pese a lo raro de la oferta, aceptó la plaza. Por eso en su primer día, la mulata contratada, no entró para disfrutar, sino para repartir bebidas y platos de primera categoría.

Hoy, luego de 60 años, parecieran imposibles situaciones como las de Tatiana; no obstante, los prejuicios por el color de la piel resurgen en la contemporaneidad. Bien lo sabe Pedro de la Hoz, periodista e intelectual cubano que ha abordado la racialidad en diversas ocasiones. El vicepresidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) promueve, desde la Comisión Aponte, una serie de acciones en favor de la igualdad racial.

¿Podemos hablar de racismo en la Cuba de hoy?

«En nuestro país no se manifiesta un racismo institucional como antes del triunfo de la Revolución; entonces las playas eran privadas y existían clubes segregantes. A partir del 1ro. de enero, como parte de las transformaciones sociales, se proclamó la igualdad de todos los cubanos. Sin embargo, con una historia de discriminación de tantas décadas, de siglos incluso, los prejuicios raciales siguen vigentes. En la Isla la discriminación como sistema no existe, pero hay factores estructurales, coyunturales y subjetivos que hacen que los prejuicios sigan aflorando. El racismo es una construcción cultural».

¿Cómo se manifiestan estos prejuicios en la vida cotidiana?

«La crisis de los 90 reconfiguró la sociedad cubana. Lo primero que había que hacer era sobrevivir y la gente comenzó a vivir del rebusque, el negocio, el contrabando. Eso exacerbó manifestaciones que tienen que ver con prejuicios raciales de la actualidad. También es común la situación en la que una muchacha lleva a su casa un novio negro o mulato. Entonces, los padres lo rechazan. Se mantiene la vieja cuestión del «atraso» y «adelanto» de la raza».

¿Podemos hablar de racismo en la Cuba de hoy?

¿Es cierto, que muchos negros discriminan a los blancos?

«Esto se ha convertido en un círculo vicioso. Históricamente ante la hegemonía blanca, se genera este tipo de discriminación que mencionas. Sin embargo, es más una reacción que una acción. Hay otros fenómenos sobre la mesa. Por ejemplo, en el último Censo de Población y Vivienda (2012) ocurrió algo que denominamos «corrimiento»: muchos negros se reconocían como mestizos y, a su vez, muchos mestizos se registraban como blancos».

Algunas indagaciones revelan que ha decrecido el número de personas negras y mestizas que acceden a los niveles de educación superior. ¿Qué causas le atribuye a este fenómeno?

«Aun cuando muchos acceden a la educación superior y de posgrado, principalmente en profesiones liberales como médicos, abogados,  periodistas; la mayoría de la población negra y mestiza vive en barrios marginales, o como prefiero llamarles, lugares de vulnerabilidad social.

«Es más fácil para una familia blanca de clase media, con una educación media, acceder a otros niveles de educación, cultura y de ascenso social que para aquellos que parten de una desventaja histórica por las condiciones de vivienda, por tradición familiar, por no tener los ingresos suficientes para pagar un repasador, incluso, la alimentación adquiere determinada influencia».

En el mundo existen organizaciones que abogan por las llamadas políticas afirmativas: otorgamiento de créditos, becas y determinados puestos de trabajo a minorías  discriminadas. ¿Son aplicables a nuestro contexto?

«Nosotros estamos en contra de las políticas afirmativas, no han dado resultados y en Estados Unidos son una falacia. Es necesario intencionar la promoción de negros y mestizos de acuerdo a nuestra realidad. El país se tiene que parecer más a su composición etnosocial y etnocultural.

«Dentro de la Comisión Aponte las investigaciones de la genetista Beatriz Marcheco demostraron que en Cuba todo el mundo tiene una pizca de todos los lugares, no hay nadie genéticamente puro. También estamos combatiendo contra el criterio de razas, es color de la piel. La raza humana es una sola y Cuba es un país totalmente mestizo».

Especialistas del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (Cips) han alertado sobre las formas de racismo que emergen con las nuevas formas de propiedad en la Isla. ¿A qué podría atribuirse esa tendencia?

«Las nuevas formas de propiedad no influyen, sino que se asocian, de cierta manera, a estas prácticas. Este es uno de los últimos temas que hemos investigado en la Comisión Aponte. En algunas de las nuevas formas de gestión de la propiedad, principalmente en las no estatales, ocurre un fenómeno: el derecho a admisión, donde a las personas no les gusta que trabajen negros en su negocio y, sin embargo, los contratan de porteros, de seguridad o en la cocina.

«Además, comenzaron a publicarse en internet anuncios racistas y sexistas. Hicimos una crítica muy fuerte, el gobierno nos entendió perfectamente y se está actuando contra estos comportamientos. Lo que no quiere decir que hayan desaparecido. Ahora lo hacen solapadamente porque saben que son objeto de crítica y censura pública».

Parte de las inquietudes de los sectores más pobres se reflejan en la música. De ahí el ascenso en la Isla de géneros como el reguetón, el trap y el más reciente traptón. ¿Considera legítimas estas formas musicales y de expresión social?

«Existen, a veces, criterios tópicos de que «la rumba es cosa de negros, el rock es cosa de blancos, esa música es de reparteros». Donde más se arrastra este tipo de prejuicio es en el chiste: «esa negra es como si fuera una blanca»; o formas más americanizadas, como «Nigga». Yo no legitimo ni una forma de música ni otra.

«Como crítico musical, soy del criterio que las músicas tienen distintas calidades. Algunas, como el trap, son execrables, casi siempre la letra es muy soez, vulgar. Todo forma parte de productos y procesos musicales determinados».

La Comisión Aponte de la Uneac fue creada para combatir la discriminación en el ámbito cultural. ¿En qué medida ha logrado ese objetivo y mediante cuáles mecanismos?

«Los prejuicios están en la cabeza de la gente. Naturalizar las relaciones armónicas de una sociedad es lo más complicado de hacer, pero debe hacerse. En el año 2010 se creó la Comisión José Antonio Aponte para luchar contra los prejuicios raciales. Desde la cultura, la Uneac trabaja en función de discutir también estas problemáticas con ministerios y organizaciones gubernamentales. Interactuamos con otros grupos de esta naturaleza como la Red Barrial Afrodescendiente.

«Una de las principales vías para luchar contra la discriminación es promover el valor de la cultura heredada de África, porque Cuba no se explica sin ella. Aun cuando hubo una época en que se minimizó la cultura afrocubana o se consideró solamente folklórica, África está en el centro mismo de nuestra cultura. Y se han tenido grandes pruebas como las misiones internacionalistas, donde fueron cubanos de todos los colores a luchar por ese continente. Pero eso fue otra generación, las nuevas generaciones son mucho menos prejuiciosas».

 

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