¿Dónde estamos? ¿a dónde vamos?

Durante el curso 2014-2015 fueron acreditados 46 programas de la enseñanza superior cubana. Dos instituciones —la Universidad Oscar Lucero, de la provincia de Holguín y la Universidad de Ciencias Médicas de Villa Clara— recibieron certificación. ¿De qué depende, en qué consiste y cuál es el protocolo de procedimiento para evaluar la calidad en este nivel de enseñanza? ¿Existe un patrón para la valoración dentro del contexto internacional?
La Dra. en Ciencias Marcia Esther Noda Hernández, secretaria ejecutiva de la Junta de Acreditación Nacional (JAN), ofrece elementos de juicio para entender ranking, estándares, criterios y un concepto llamado calidad.
«En el año 2000 —dice— nace la Junta, como agencia gubernamental especializada para evaluar la calidad de la Educación Superior cubana. Su creación tiene muchos argumentos y uno de ellos es la promoción de una base para que otros te reconozcan. Y empieza por un sistema sólido de evaluación y acreditación en favor de la calidad de nuestros profesionales y de sus propios títulos; para ser reconocidos en la mayor cantidad de países, así como en el intercambio de estudiantes».
«Partimos de los llamados ranking, una manera de evaluar, según un determinado grupo de criterios internacionales. Así que, de manera general, los cánones son internacionales, aunque trabajemos dentro de una línea iberoamericana, a la cual pertenecemos.
«Desde este punto, vale aclarar que tomamos en cuenta las mejores experiencias pedagógicas e históricas concretas de la enseñanza superior cubana. Nuestro país tiene por atributo darle mucha importancia a la formación humanística y a los valores que ha preservado siempre la Revolución. Esto, aunque no es común en el ámbito internacional, no significa que en muchas universidades del mundo no tengan presencia valores humanistas.
«De modo que cuando decimos “tal carrera es de excelencia”, tiene que serlo en Cuba y en el mundo, o siempre adaptándolo a nuestras experiencias, pues no es común en otros ámbitos analizar la labor educativa.
«Hay un detalle que no quiero pasar por alto: universidades de algunos países no exigen a los estudiantes extranjeros llegar de carreras acreditadas; en Argentina y Brasil, por ejemplo, sí, tal y como lo hacemos nosotros, porque tienen un sistema de Educación Superior de calidad.
«Por otro lado, Cuba no admite estudiantes extranjeros que vengan a recibir programas que no estén acreditados. Da igual si vienen de academias privadas, estatales o si insisten en hacerlo por su cuenta y riesgo. Eso va con maestrías y doctorados».
¿Todas las universidades cubanas entran en juego?
«Cuando hemos divulgado los patrones de calidad que defendemos, para los cuales, dicho sea de paso, buscamos consenso en cada una de nuestras academias, intentamos incluir a todas. Sucede por ejemplo con la Universidad de las Artes (ISA) para la cual se han estudiado equivalencias de escuelas superiores de formación artística, incluso integradas a una red.
«Eso permite que los resultados de las evaluaciones dadas a nuestros programas e instituciones, reciban reconocimiento por parte de esas agencias con las cuales tienen relaciones.
«Ya la aceptación de título en el ámbito internacional es otra cosa, entra en juego el concepto de la calidad demostrada. Y las exigencias incluyen la categoría del centro de donde se proviene. A veces con los graduados de Medicina en Cuba han existido ciertas aprensiones políticas, que no guardan relación alguna con la excelencia en la formación».
¿En qué consiste y cuánto puede durar un proceso de acreditación?
«Los centros de Educación Superior hacen sus autoevaluaciones, a nuestro juicio un proceso capital, diría que el más importante; en él intervienen la comunidad universitaria, en el análisis de sus fortalezas y sus debilidades.
«En algunos centros el proceso de autoevaluación dura casi un año. En las maestrías debería realizarse cuando concluye cada edición y en las carreras cuando finaliza una etapa importante. Y ocurre a partir de una solicitud del rector a la Secretaría de la Junta, que conlleva entrega de documentos y la fijación de una fecha.
«Una cuestión que precisa de análisis en la experiencia cubana es que en un claustro vale tanto la publicación de una obra o premios obtenidos, como la incorporación, en el caso de la enseñanza artística, de un creador de renombre, como Frank Fernández. Otro criterio pudiera ser que un profesor universitario, especialista de segundo grado en Medicina, sea tan importante o más que alguien que tenga un doctorado en Ciencias Médicas.
«Es un tema que puede provocar debate, siempre a partir de argumentos sólidos.
«Hoy el 50% de las carreras cubanas están acreditadas con la categoría superior. Insisto en el término porque parten de un nivel mínimo de calidad, las consideradas autorizadas, y a partir del proceso de evaluación alcanzan categoría máxima de acreditación: certificadas y de excelencia. Recientemente surgió una que va entre la autorizada y la certificada, que se denomina avalada y puede obtenerse por una sola vez. Es transitoria, un punto de partida para una condición superior.
«La JAN tiene la obligación de escuchar y evaluar esas peculiaridades, de incluirlas en la aprobación final y a partir de ahí, sobre la base de estándares nacionales, emitir un dictamen.
«El proceso de comprobación transcurre en una semana, en el cual ocurren evaluaciones a estudiantes y controles a clases; se entrevistan empleadores, a la comunidad, a pacientes, —en el caso de Ciencias Médicas— en fin a todos los que puedan dar una idea.
«A partir de allí elaboran un informe que va al comité técnico y a la Junta Nacional, a su pleno, que sesiona dos veces al año».
¿En que se traduce finalmente?
«Significa un salto de calidad, expresa resultados a partir de un esfuerzo».
¿No presupone financiamiento, otorgamiento de recursos y posibilidades materiales?
«Debería ser así; sería lo justo, hoy no es un tema totalmente logrado. Debería significar la consecución de créditos internacionales, incluso. Eso forma parte de la estimulación; se está estudiando. Es justo que existan reconocimientos desde el punto de vista material. Hoy significa una satisfacción moral de las personas».
¿No cree que el Estado y el Ministerio de Educación Superior deberían poner énfasis en aquellas universidades que mejores resultados tengan?
«El tema es complejo. No puede ser que prioricen las de mayores y mejores resultados y olviden las otras, pues la Educación Superior cubana es un sistema integral.
«Sin embargo, no puede haber una universidad que quiera acreditarse, si todos sus programas no lo están. Eso lleva un problema. Para conseguir acreditación hay que tener condiciones; puede parecer el clásico cuento del huevo y la gallina, pues el tema material pesa. Lo cierto es que tenemos en el país el más valioso capital, que es el recurso humano».
La Junta de Acreditación Nacional (JAN) de Cuba forma parte de la Red Iberoamericana de Acreditación de la Educación Superior (RIAES), ámbito en el que opera el intercambio de las buenas prácticas en el área. Tiene un presidente y una Secretaría Ejecutiva, integrada por los presidentes de los comités técnicos evaluadores de carreras, especialidades, maestrías doctorados e instituciones. Cada comité técnico tiene 20 personas, propuestas por diferentes universidades y ministerios, a partir de la capacidad demostrada y el prestigio. Todo culmina en el pleno de la entidad, que analiza las políticas de trabajo, las aprueba y está compuesto por 34 miembros, de entre lo más destacado de los profesionales. El pleno se renueva cada cuatro años. Existe además una comisión de apelación, compuesta por tres personas, para la solución de conflictos. Algunos asocian a la JAN con el Ministerio de Educación Superior, y, aunque en verdad está dirigida por el ministro, Dr. Rodolfo Alarcón, no es una entidad de este ramo.







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