Lunes
13 de Julio de 2020
Deporte

Dopaje, dinero, y corrupción en el deporte

Autor: Jorge Gorgoy
Fotos: De archivo
Fecha: 13 de Septiembre de 2016

El soborno, el dopaje, la evasión fiscal y la venta de juegos son algunos males que laceran el deporte desde hace muchos años. Aunque no todos los días se tenga noticia de nuevos casos, estos, cuando «explotan», estremecen a millones de personas.

Hoy es casi imposible para alguien ser una estrella mundial sin tener más de un sponsor, aunque se juegue como amateur. El costo de los implementos deportivos, los gimnasios y la vida que llevan las grandes estrellas del mundo deportivo ciegan a muchos.

Ejemplos sobran de cómo quienes tenían millones acaban sin nada por acciones de las cuales se arrepienten por el resto de sus días.

Instituciones y deportistas pierden patrocinadores por declaraciones indebidas, acciones violentas o uso de sustancias prohibidas.

El boxeador filipino Manny Pacquiao se quedó sin la jugosa tajada que obtenía de Nike, al declarar en enero de este año, que los gays y las lesbianas «son peores que los animales, porque los animales distinguen entre machos y hembras». La reacción por sus palabras fue inmediata y la firma deportiva le retiró todo apoyo financiero.

El ciclismo profesional tiene un caso ejemplarizante en el norteamericano Lance Armstrong, ganador siete veces consecutivas del Tour de Francia, de 1999 a 2005 con innumerables desmentidos cuando era acusado de doparse.

Cuando al fin explotó el engaño, agravó sus problemas financieros  vertiginosamente. En pocos días perdió 75 millones de dólares, así lo confesó en una entrevista con la periodista estadounidense Oprah Winfrey.

A Nike se le unió la Fundación Livestrong, de lucha contra el cáncer, que se nutría de su prestigio. Después de destapado el escándalo se alejaron de su lado la empresa cervecera Anhauser Busch, el fabricante de bicicletas Trek, el de electrónica Radio Shack, el de bebidas energéticas FRS, el de productos alimenticios Honey Stinger, y la empresa de cascos de ciclismo Easton Bell.

Como si eso fuera poco para Armstrong, en 2015 tuvo que desembolsar diez millones de dólares a la compañía SCA Promotions Inc. que lo había bonificado con cinco millones por ganar el Tour de 2004.

Ninguna compañía quiere ver manchada su imagen y rompen relaciones rápidamente con sus pupilos ante declaraciones indebidas, casos de dopaje, violencia familiar, escándalos sexuales, infidelidad conyugal, corrupción, y hasta accidentes.

Un ejemplo de caer en desgracia por manchar su imagen pública es el del golfista Tiger Woods, quien perdió todo apoyo al conocerse en 2009 sus casos de infidelidades y por haber perseguido el auto de su esposa con un palo de golf en las manos. Tiger no ha logrado recuperarse ni en lo económico, ni en lo deportivo.

El hombre, quien poseía mil millones de dólares e ingresaba más de 75 millones anuales, entre torneos y patrocinios, vio cómo lo abandonaban Gatorade, Gillette, la consultora internacional Accenture, AT&T, y solo Nike le sigue brindando patrocinio.

La FIFA explota y salpica

Hace años en Cuba se transmitió una telenovela brasileña donde uno de sus personajes decía: «La imagen del político es lo más importante». Todo parece indicar que no se vio en las oficinas del máximo ente futbolístico.

El escándalo de corrupción protagonizado por los correligionarios de Joseph Blatter, de lo cual él debía estar enterado, le abrió un gran agujero a las finanzas de la Federación. En 2014 la aerolínea Emirates y la compañía Sony dejaron de ingresarle 200 y 300 millones de dólares, respectivamente.

El 2015 no fue menos desastroso, algunos de los sponsors de segundo grado comenzaron a retirarse, entre ellos Castrol, la compañía de neumáticos Continental y la sanitaria Johnson & Johnson, los que en total aportaban más de 500 millones al año.

Ese mismo año la Fiscalía de Estados Unidos, lanzó su grito de guerra contra la FIFA acusándola de corrupta; muchos fueron detenidos y están a la espera de sus juicios, mientras otros se vieron obligados a renunciar a sus puestos. El hecho dio la voz de alarma para que los patrocinadores norteamericanos se retiraran en estampida y no eran marcas despreciables: Coca-Cola, Visa, McDonald’s y Budweiser, aportaban millones todos los años al ente rector del fútbol mundial.

El nuevo presidente de la FIFA, el italiano Gianni Infantino, le está reclamando a la fiscalía americana que le devuelva los 190 millones de dólares que tiene incautados por los procesos de corrupción que se llevan contra exfuncionarios de esa organización, a la par que reconoció que bajo los mandatos de Joao Havelange y Joseph Blatter existió la compra de votos en elecciones para las sedes de los Mundiales.

Pero la pesadilla de la FIFA extiende su mano hacia otros personajes y a cada rato aparecen titulares de casos de corrupción, arreglos de juegos o evasión fiscal, como el que envuelve al hondureño Alfredo Hawit.

Hawit, exvicepresidente de la FIFA y presidente interino de la Concacaf, por seis meses el pasado año, aceptó sobornos por la venta de derechos de comercialización de torneos con empresas de la Florida y Argentina, pagaderos a cuentas controladas por él y su familia.

Hawit enfrenta una condena de hasta 20 años de prisión, tendrá que resignar 950 000 dólares cuando se dicte sentencia y arrastra tras de sí a más de 40 personas que se «salpicaron» con el dinero mal habido en varios países.

La corrupción, la obtención de ganancias sin pagar impuestos, el uso de sustancias prohibidas, o los escándalos familiares, entre otros, son males de la sociedad contemporánea, ¿Por qué creer que el deporte está fuera de ellos, si quienes lo practican son representantes de la sociedad?.

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