Domingo
22 de Septiembre de 2019
Nuestro credo

Dos criterios y un mismo deseo

Autor: Mayra García Cardentey
Fotos: Tomadas de varios medios
Fecha: 9 de Enero de 2019
Juventud cubana.  Foto tomada de http://www.tiempo21.cu

Mi padre y yo queremos dos Revoluciones distintas. Parecen la misma, pueden ser incluso la misma. Y cada una tiene su propio valor.

Mi padre tenía apenas cuatro años cuando llegó enero del 59, así que prácticamente creció con los cambios más radicales del proceso que recién iniciaba. Vivió la salud gratuita, la educación para todos, la amplia política cultural. Dejó de vender granizados; estudió en capitales y ciudades que en su pueblo natal no conocían los nombres; se hizo universitario, y máster, y profesional.

Pero mi padre también vivió las crisis, los desgastes, las escaseces: los panes con hamburguesa por carnet de identidad, la libra de arroz a más de 120 pesos, la penalización del dólar, la emigración en balsa, el pantalón único para toda la semana. Mi padre hizo lo indecible para su familia, por este país, por esta Revolución. Y le alegró, y le dolió también.

Porque mi padre quiere a la Revolución, sabe lo que le ha dado, lo que no, saca su balanza, y conoce de qué lado pesa más.

Foto tomada de http://www.cubadebate.cu

Ese valor me lo enseñó con los años, me inculcó el reconocer de dónde vienes, qué eres, qué fueron quienes estuvieron antes de ti.

Pero mi padre sabe que no debemos, no podemos querer la misma Revolución. No podemos aspirar a las mismas cosas; apostar y luchar por las mismas cosas. Aunque las esencias sean las mismas.

No es ingratitud, no es desconocimiento histórico, es la dialéctica de la vida: la Revolución de hoy debe ser mejor, o al menos intentarlo, que la de ayer.

Mi padre ama la Revolución de la Alfabetización, la Ley de Reforma Agraria, la salud gratuita, la emancipación de la mujer, los programas sociales, la cultura y el deporte en cada comunidad.

Lo que fue su meta hoy es mi partida. Pero mi llegada, no puede ser la misma. Si no, no sería Revolución.

Si lo hiciéramos, si hoy yo abogara por lo mismo que él se sacrificó hace tantos años, sería una derrota.

Yo quiero más, quiero sí, salud gratuita y educación para todos, pero también salud efectiva y educación inclusiva; yo quiero, claro, baja tasa de desempleo y ubicación de trabajo segura, pero además anhelo salarios acordes al nivel profesional, y condiciones laborales plenas; yo quiero, por supuesto, medios de prensa al servicio del pueblo, pero también medios de prensa que reflejen en realidad lo que piensa el pueblo; yo quiero políticas públicas de igualdad de género, pero también leyes más estrictas y matrimonio igualitario…

Foto tomada de http://www.cubadebate.cu/

Como yo, parte de mi generación desea más, aunque a la misma vez está consciente y dispuesta a hacer más.

Y no se nos puede culpar el querer más. El querer hacer más. Eso nos mueve, nos impulsa, nos hace desear más Revolución.

Mi padre defiende lo que ya pasó hace años, lo que le permitió ser el hombre que es. Yo defiendo eso, y también defiendo el presente, el futuro, lo que está por pasar, lo que me permitirá ser la mujer del mañana.

Mi Revolución toma de la de mi padre, pero quiere respirar por sí sola. Porque es Revolución. No solo lo que ha pasado hasta ahora, si no lo que seamos capaces de hacer a partir de ahora.

Mi Revolución es de cuestionamiento, disensión, debate, como deben ser las grandes obras que quieran y deseen perfeccionarse.

Mi Revolución y la de mi padre son la misma, y en parte no lo son. La de él empezó en 1959, la mía, la nuestra, empieza ahora.

 

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