Domingo
22 de Septiembre de 2019
Nuestro credo

El color de la libertad

Autor: Mayra García Cardentey
Fotos: Ilustración de Arístides Hernández Guerrerro (ARES)
Fecha: 14 de Mayo de 2016
Ilustración de Arístides Hernández Guerrerro  (ARES)

José Martí fue, previsoramente, antirracista. No solo como acusador de los oprobios de la esclavitud, sino como fiel defensor de la igualdad entre todos y todas sin distinción por color de la piel.

Martí lo entendió desde temprana edad. Con apenas nueve años se percató de la crueldad del régimen esclavista cuando sintió, como dolor propio, el sufrimiento de un negro. Años más tarde escribiría:

«¿Y los negros?

¿Quién que ha visto azotar a un negro no se considera para siempre su deudor?

Yo lo vi, cuando era un niño, y todavía no se me ha apagado en las mejillas la vergüenza, (...)

Yo lo vi y me juré desde entonces su defensa».

Para él no había distinción ni inferioridad alguna entre blancos,negros o mestizos. Aunque empleó con frecuencia el término raza, ya en desuso por los actuales acercamientos teóricos, —e incluso denominó así uno de sus principales artículos, «Mi raza» publicado en 1893— siempre hubo en el Maestro una evidente postura en contra de cualquier tipo de prejuicio y segregación.

Pensó y predicó que toda manifestación de exclusión era una forma eficaz de dividir a cubanos y cubanas. Sus palabras sirvieron para entender que es en el carácter mestizo de las civilizaciones del Nuevo Mundo donde está el punto de partida de los rasgos que identifican a nuestros pueblos. Por tanto, renunciar a ello, denegar el mestizaje era un delito social… histórico.

«Todo lo que divide a los hombres, todo lo que los específica, aparta o acorrala es un pecado contra la humanidad», decía.

Ya lo resumía: «Hombre es más que blanco, más que mulato, más que negro».

Fue entonces Martí un enérgico antirracista; para ello esgrimió siempre un análisis profundo y fundamentado contra la discriminación.

Su concepción de justicia social llega hasta nuestros días, con ese afán de emprender a favor de la unión de los hijos e hijas de esta Isla, en pos de la tarea conjunta de lograr una nación cada vez más justa.

En tiempos donde las diferencias por el color de la piel toman matices camaleónicos y se disfrazan de contemporaneidad, hay que andar con lupa martiana. Porque la igualdad en temas legales, para hombres y mujeres, sin ningún tipo de distinción, no garantiza, exactamente, la eliminación de inequidades sociales y económicas que varios siglos de esclavitud y discriminación arrastraron consigo.

Martí estaba convencido, y lo debemos estar todos y todas por igual, de que la única disimilitud proviene de la condición humana, de quiénes somos y cómo somos.

Alma Mater se suma a este pensamiento, desde nuestras páginas defendemos un espíritu inclusivo y de equidad, donde solo prevalezca un color, el color de la libertad.

 

Deje su comentario

*(Campos requeridos)