Lunes
03 de Agosto de 2020
Deporte

El deporte universitario no es igual para todos

Autor: Jorge Gorgoy
Fotos: De archivo
Fecha: 31 de Octubre de 2016

Estudiantes universitarios ganan millones de dólares anuales como deportistas y no los disfrutan, y otros se ven obligados a abandonar sus estudios para seguir una carrera deportiva. Así es de complejo el deporte universitario en el mundo.

Una audiencia que supera los 140 millones de espectadores amparados en más de 600 millones de dólares por derechos de televisión, aseguran la supervivencia de un campeonato de baloncesto, cada año, en los Estados Unidos. Y no estamos hablando de la NBA, el Super Bowl o de un evento profesional, nos referimos al March Madness.

¿Qué es el March Madness? Es el evento deportivo universitario más grande que se realiza en la primavera en ese país, y agrupa a los 68 mejores equipos de las casas de altos estudios norteamericanas, en una eliminatoria a vida o muerte. Es esta la cantera de los grandes equipos de la NBA, pero a la vez, el escenario del mayor despojo que sufren los jugadores de baloncesto de la nación norteña. De los cerca de mil millones que recaudó este año el torneo los protagonistas no recibieron directamente ni un centavo.

Unos 150 mil estudiantes-atletas anualmente se benefician, en esa nación, de la astronómica cifra de más de 2 700 millones de dólares procedentes de los derechos televisivos, la venta de productos (merchandising), las entradas a estadios y pabellones, los donativos y las cuotas que pagan las universidades para inscribir a sus equipos.

Esa ayuda sirve para pagar, de manera total o parcial, la Universidad, el seguro médico y a los entrenadores deportivos, incluidos uniforme y equipamiento. Pero la Asociación Nacional de Atletas Universitarios (NCAA, por sus siglas en inglés), considera a estos atletas «amateurs» y es muy rigurosa en el cumplimiento de este principio, llegando a imponer severas sanciones o hasta expulsiones a los infractores. Tal fue el caso de LeBron James, sancionado por aceptar «regalos» a una edad en la cual era estudiante universitario.

La NCAA solo les permite recibir recompensas no mayores de cien dólares como «amateurs», aunque logren tener a millones de personas atentas al televisor con cada partido. Ello provoca que los mejores exponentes solo permanezcan unas pocas temporadas en los equipos de su universidad y luego den el salto al profesionalismo, a la par que entraña otro desafío: concluir una carrera y prepararse para su vida laboral. Las estadísticas muestran que solo uno de cada 16 mil deportistas logra vivir realmente del deporte.

Las universiadas son para todos

Universiadas. Así son llamados los Juegos Mundiales Olímpicos que cada dos años tienen su edición a la cual asisten estudiantes-atletas de los cinco continentes. El órgano que los representa es la Federación Internacional del Deporte Universitario (Fisu, por sus siglas en inglés), una entidad que posee logo, bandera e himno, los cuales se utilizan en la ceremonia de premiación de los atletas.

Actualmente son cuatro las organizaciones deportivas en las cuales se agrupan las diferentes naciones del orbe: La Federación Europea de Deportes Universitarios, la Federación Asiática de Deportes Universitarios, la Federación Africana de Deportes Universitarios y la Organización Deportiva Universitaria Panamericana.

La muestra de cómo funciona el deporte universitario en los Estados Unidos no es la norma para el resto de las naciones desarrolladas, y ni hablar para los países pobres.

Entre las naciones europeas, por ejemplo, no existe uniformidad para la práctica y ejecución de los programas deportivos en sus universidades. Tomemos a dos de esas naciones desarrolladas, Francia y España. En la primera, el sistema de universidades públicas tiene muy bien estructurados los programas deportivos, con una asistencia sólida por parte del Estado. Los galos dedican el 20% de su PIB a la educación.

En la nación ibérica, por su parte, sus propios medios de prensa reseñan que el deporte en la Universidad es «un subsistema dentro del modelo deportivo español» y, por ende, toda competencia queda bajo la supervisión del Consejo Superior de Deportes y el Comité Español de Deporte Universitario.

Así las cosas, los españoles aún no han definido si el deporte en la Universidad es parte del programa de estudio o un servicio extensible a todos los universitarios. A ello se agrega que no cuentan con un sistema competitivo interuniversitario propio y autónomo en su gestión financiera.

Si el mundo desarrollado anda así con este tipo de deporte ¿cómo será en las naciones en desarrollo? Miremos a la vecina Colombia. Allí ocurren algunos fenómenos que la prensa denuncia y juzga. Por ejemplo, el sitio digital El espectador reseña que los Juegos Universitarios Nacionales Costa Caribe casi no se difunden, a pesar de transitar por varias ciudades, haber tenido fases previas en 300 centros educativos, y convocar a más de 3 000 estudiantes atletas, en un país donde el deporte universitario se ha considerado recreativo, un acicate para la promoción y enseñanza de la actividad física.  

El sitio College sports360, a su vez, analiza y refrenda la importancia de las instituciones universitarias en la formación integral de los deportistas de entre los 16 y 23 años, etapa en que están consolidando sus cualidades de profesionales. Para tal fin ponen el ejemplo de las 282 medallas ganadas en Londres 2012 por deportistas de diferentes países, que pasaron por las universidades norteamericanas en calidad de becados.

La realidad es que el deporte universitario mundial, aunque dedica ingentes esfuerzos y capital hacia lo competitivo, hasta ahora no abandona la visión secundaria de tal actividad como simple promoción del ejercicio físico para mejorar la calidad de vida de los estudiantes. ¿Seguirá así la tendencia en lo sucesivo o sucumbirá este movimiento de atletas estudiantes ante la comercialización desenfrenada?

 

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