Viernes
18 de Septiembre de 2020
Sociedad

El deseo de mi abuela

Autor: Camilo Polanco Pérez, (@polanco.camilo), estudiante de segundo año de Comunicación Social.
Fotos: Danna María Márquez Salgado, estudiante1er año de Periodismo
Fecha: 3 de Agosto de 2020
La organización y enrollado de periódicos era el primer paso del trabajo. Foto de Danna María Márquez Salgado, estudiante1er año de Periodismo

Los recuerdos llegan a mi mente, siempre alegre, jovial y cariñosa. Qué tiempos aquellos cuando pasaba a verla por las tardes después de la escuela. Me esperaba con una merienda y un beso tierno. Consentía a todos sus nietos por igual, pero yo siempre pensaba que conmigo era especial. Así era mi abuela.

Cuando no estaba malcriándonos o metida en la cocina, se le veía con un periódico en las manos. No pasó muchos grados de enseñanza, pues nació antes del triunfo de la Revolución. Sin embargo, logró aprender a leer y escribir.

No había quien la superara en una sopa de letras o quien le porfiara algo de la actualidad noticiosa. Fiel lectora del periódico Granma, aunque también le gustaba mucho el Juventud Rebelde dominical, ese que yo siempre hurtaba para leer la cartelera semanal.

Hace unos meses la noté acongojada. Después de descartar sus achaques de la vejez, me di cuenta de la razón. «Desde hace semanas», me dijo, «no viene el periódico». No lo creí muy relevante. Incluso antes de ser azotados por la pandemia del coronavirus, el periódico solía retrasarse un par de días. Ella me aseguró que era distinto.

Mi padre y yo quisimos buscarle la prensa reciente. De esa manera, la complaceríamos con algo tan preciado para ella. Fuimos a una sucursal de Correos de Cuba en Plaza de la Revolución. Ahí nos dijeron que el cartero encargado de repartir los periódicos de la zona no podía seguir con su faena debido a la suspensión del transporte público. Este hecho impedía su traslado usual desde el municipio de Boyeros.

Pudimos comprar los periódicos, pero yo me sentía insatisfecho. ¿Y si ese problema de no recibir la prensa por semanas no solo le sucedía a mi abuela? Su deseo, entonces, se convertiría en el de otros muchos viejitos cuyo único hobby era leer y estar informados.

A finales de abril, comencé a trabajar voluntariamente en el recinto de Correos de Cuba más cercano a mi hogar. Repartí periódicos cada día a más de 40 casas de la barriada del Vedado y apoyé en la entrega a domicilio de la asistencia social a sus respectivos beneficiarios.

Muchas veces los propios suscriptores salían a recibir los periódicos.

El muchacho del nasobuco y los espejuelos, el pelotero fallido del equipo Cuba, o simplemente Camilo. Así me nombraron en el barrio durante mi labor inagotable de llevar a la puerta de la casa la noticia del día, el crucigrama de Bohemia o el gustado Hilo Directo del diario Granma.

Lo que me emocionó de ese gesto comunitario fue la sonrisa y el agradecimiento genuino de las personas beneficiadas con mi humilde trabajo. Sin obviar las medidas de seguridad contra la COVID-19, muchos lectores brindaron sus más sinceras muestras de gratitud. Café, agua, alambres para los propios periódicos, frases conmovedoras y hasta ademanes de esperanza. Ellos mismos hacían que tuviera más ganas de volver cada día.

Los apartamentos altos recibían la prensa en sus balcones.

En aquellas jornadas, me tomé el atrevimiento de llevarle los periódicos a mi abuela. Su alegría regresó, y con ella un nuevo deseo. «Quiero que esto del coronavirus se termine ya, ¡ya!», replicaba. Una semana antes del comienzo de la etapa 1 de recuperación, la ingresaron en el hospital. No pasó mucho tiempo y supe la triste noticia de su fallecimiento. Con el luto aún latente y el inicio de la primera fase, puse fin a mi tarea en el correo de 23 y C.

Me siento feliz de haber aportado un granito de arena en esta difícil situación. Los periodistas que, aún en estas circunstancias, escriben y editan los periódicos, también merecen un aplauso cada noche. Les compete a ellos la veracidad en las noticias en estos días convulsos. Me complace que puedan llegar a las casas de los más ávidos de información, la inmediatez y la certeza del periodismo.

Varios centros de trabajo estatales se beneficiaron con el reparto diario de la prensa.

Mientras estemos informados, solo nos quedará luchar desde los distintos frentes. Solo así alcanzaremos, más temprano que tarde, el deseo de todos.

 

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