Jueves
06 de Agosto de 2020
Cultura

El discurso de las partículas momentáneas

Ideas peregrinas para tiempo de cuarentena.

Autor: Jorge Sariol
Fecha: 8 de Mayo de 2020

La cuarentena que andamos sobrellevando, entre otras promociones nos lleva a la compulsión igual por reciclar, sin remedio, conocimiento de albañilería, electricidad y recetario de cocina, que pedagogía infantojuvenil y convivencia socio-familiar.

Del mismo modo debía re-motivarnos por la lectura. Pero no todo es tan sencillo. Hay cosas que precisan de ilustración anticipada, también en la era digital.

Una década hace ya que agrupaciones como el Open E-Book Organization, anunciaban que las E-pub, serían el mp3 de los libros digitales. Y dieron en el clavo, pero no tanto. Solo precisan de un pequeño detalle: como los de papel, los libros digitales necesitan ser leídos y eso es,ahora mismo,como resolver el dilema de un cascabel, un gato y un montón de ratones sofistas.

Los libros —los físicos y los virtuales— con su carga de bondades y defectos, siguen atesorando un caudal para no despreciar.

En mi caso leo hoy más en la plataforma digital[1] que en papel —y tengo 65 años— pero además de sms, twits, posty tips, trasiego textos de la profesión y literatura, que creo buena; atesoro una biblioteca digital de 600 libros, cuatrocientos más que mi estante de libros «viejos».

Vivo apegado a las tecnologías, pero soy realista. Dicen que los e-books además de leídos, pueden ser «oídos» y esa es una gran ventaja, si la atención prestada es tal que el acto no sea como «oír llover». Son más baratos y rápidos de producir, lo que es cierto si obviamos el hecho de que como los de papel también hay que escribirlos, corregirlos, editarlos y diseñarlos digitalmente. Por algo Macluhan[2] advertía en el siglo pasado que el medio importaba ya más que el mensaje.

Es cierto que los e-book no ocupan espacio y los de papelsí. Los primeros no se deterioran, ni pierden.Ciertamente disminuyen costo de impresión y «tiradas» —papel, tinta, encuadernación—, almacenamiento, transportación: por consiguiente, los precios de las unidades bajan, pero ¿se está leyendo más porque valen menos?

El libro digital no acumula polvo y si lo pierdes,puedes recuperarlo de la nube; los e-rider son adaptables: pueden ajustar el tamaño y color de la tipografía e incluso tonalidad de la pantalla, peroel índice no siempre coincidirá con lanumeración de páginas. Y casi todos incorporan diccionarios.

Los e-booksprecisan i-rre-me-dia-ble-men-te de un dispositivo —smartphone, e-rider,tablet, PC—, precisan de recargas y, aun cuando en los e-rider la llamada tinta electrónica —e-ink— y sus display reflejanluz, pero no emiten, a la larga cansan más la vista que los de papel.

Y luego están las cualidades subjetivas, pero no menos importante. Los sentidos del olor y el tacto del papel, tan apegados a la nostalgia, no debieran ser desestimados.

La lectura no puede ser un gusto arcaico. Leer (literatura) como placer también sirve como canon cultural.

«El espíritu parece volverse digital»[3] escribió Hervé Fischer en su libro —electrónico— El Choque Digital. Para el sociólogo francés «No hay que confundir educación con difusión de información (…) no hay que mezclar enseñanza con surf, aunque sea digital».

Tal vez por ello escribiera «Las 30 Leyes de la Paradoja Digital»[4]. Y si en la primera afirma que «La regresión de la psiquis es inversamente proporcional al progreso de la potencia tecnológica», en la última es más categórico, si cabe: «El lenguaje visual sofisticado de lo digital se enlaza con los iconos y la pictografía del lenguaje primitivo».

Alguien dijo hace más de medio siglo que los humanos íbamos hacia la genialidad en especialización y hacia la estulticia en las cosas generales.[5]

En el ciberespacio, por su propia condición «libertaria» —libertaria en usar la herramienta, no la de asumir la responsabilidad debida—, se hace más confusa la avalancha de información y contenidos y hasta hipócrita la transmisión de opiniones como hechos.

Educarnos para distinguir «las voces, de los ecos» y la paja del trigo, pareciera ser a la vez el cascabel y el gato.



[1] Personalmente prefiero Aldiko, paraAndroid e iOS. Es cuestión de gusto; hay, al menos, ocho e-pub “líderes” rebotando en internet.

[2] Herbert Marshall McLuhan fue un filósofo, erudito y profesor canadiense, de literatura inglesa, crítica literaria y teoría de la comunicación.

[3] Capítulo 16: La Escuela conectada y la Universidad virtual

[4] Capítulo 23: Las 30 Leyes Paradójicas de lo Digital.

[5] El Vaticano clama por una ética de internet. Ningún sacramento puede realizarse on-line y menos el acto de confesión.

 

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