Jueves
09 de Abril de 2020
Humor

El héroe de Santos Suárez

Fotos: Ilustración deYaimel
Ilustración deYaimel

Él siempre tuvo dos grupos de amigos. Los primeros, los legendarios, compañeros de mil batallas, guardaban celosos como los miembros de alguna cofradía, los cuentos del preuniversitario, del servicio militar y de las peripecias callejeras acontecidas en los predios de la calle Santa Catalina.

Los segundos, más recientes, eran aquellos amigos periodistas con los que había compartido cinco años de universidad y con los que después de tres años de graduados, mantenía contacto al menos una vez al mes; eso sí, siempre acompañados de un dominó, una botella de ron y alguna novia insistente que aparecía en aquellos encuentros casuales de jerarquía masculina.

El primero de los grupos estaba integrado por los personajes más singulares de Santos Suárez. Además de su hermano menor, conocido por el «Pichi», había otros dos que eran los titulares, uno apodado el «Chino» y otro conocido como «Atila» (todavía muchos investigan si ese es su nombre real). Ambos, además de ser su compañía preferida, eran, de todos, los más leales.

La membrecía del segundo estaba constituida por un atlético periodista deportivo, un artista de la AHS, un militar con vocación de chivatón, un macho Alfa y un cuasi calvo coleccionista empedernido de «cine documental», nombre bajo el cual el piquete bautizaba los mejores títulos de la pornografía audiovisual.

Él, nuestro personaje, era el punto que propiciaba la unión entre ambos grupos. Sin la presencia de aquel veterano de cara abultada y panza menuda, nunca hombres tan distantes se hubiesen encontrado para compartir una singular amistad donde la risa, el chucho, las casas en la playa, los conciertos y los «safaris» por discotecas del Vedado, eran los ingredientes predilectos.

Su nombre no es lo más importante. Su apodo, en cambio, hacía temblar a los choferes de los autos más veloces de La Habana. Todos lo conocían por el «Tota». El tipo, a sus casi 30 años, representaba el clásico héroe moderno al que todos quieren parecerse.

Un día confluyeron ambos grupos en una fiesta interminable en uno de los parques más céntricos del Vedado, ubicado en H y 21. Allí, el también legendario Atila, decidió desclasificar, aprovechando la ausencia del «Tota», dos o tres de sus cuentos más graciosos de la etapa preuniversitaria.

Aquella tarde los miembros de ambos grupos supieron que, en los tiempos en que estuvo becado, el protagonista de estas líneas era el más respetado Jefe de Albergue. Diariamente amenazaba con introducirles una litera de forma rectal a aquellos que no quisieran limpiar los baños, tender la cama o salir temprano del dormitorio.

Así se fue ganando el respeto de sus coetáneos. Excepto aquella vez que tuvo que correr por todo el parque Dolores, nunca mostró ante sus compañeros ni una pizca de miedo. Y el suceso del parque realmente ameritaba la loca carrera.

Habían robado los zapatos del «Tota» y él había golpeado al ladrón. Una semana después amigos, tíos y parientes del golpeado fueron al parque Dolores armados de piedras y palos. «La fuga era lo más sensato», comentaba Atila mientras seguía desclasificando historias.

De esta manera, todos los reunidos en H y 21 conocieron cada detalle de la vida anterior del héroe de Santos Suárez, un tipo duro entre los duros, pero que como todo héroe tenía su talón de Aquiles, talón que fue revelado por Atila después de unos tragos más. En aquel instante todos comprendieron que la heroicidad también es relativa.

Contó que el «Tota» había tenido un altercado con un adolescente recién llegado al albergue y explicó que lo había «llamado a contar» al cubículo, rodeado de todos sus escoltas, en un intento de intimidación.

Para sorpresa de los presentes, el novato le habló fuerte, en tono insolente y, al marcharse, pateó la taquilla de nuestro héroe.

Entonces el «Tota» le preguntó en tono desafiante: «Oye, asere, qué te pasa». El nuevo volteó la espalda y le gritó en tono burlón: «ME DA LA GANA». El silencio reinó en el lugar. Atila tomó en la mano un palo para ofrecérselo como arma a su líder, el Chino subió a la litera para no estar en medio de la temible bronca que de seguro se armaría de un momento a otro.

—¡Repítelo, si eres hombre!—, gritó poniéndose de pie.

—ME DA LA GANA—, y ante tal insolencia, y dejando a todos atónitos,

el «Tota» puso fin a la discusión, cuando, en un tono alterado y visceral le ripostó:

-PALANGANA

Comentarios

webmaster (no verificado)
Imagen de webmaster
30 Enero 2014 - 12:01pm
Amigo: En estos momentos no disponemos de un correo directo a la página por lo que usted puede escribirnos a: almamater@editoraabril.co.cu y hacernos los comentarios y sugerencias que desee aunque no tenga que ver con lo publicado en el sitio web. Si lo desea puede suscribirse en nuestro club de amigos. Saludos.
NewBoy (no verificado)
Imagen de NewBoy
30 Enero 2014 - 12:30am
Donde me puedo registrar como usuario del sitio.

Deje su comentario

*(Campos requeridos)