Lunes
03 de Agosto de 2020
Nuestro credo

El igualitarismo no necesariamente significa justicia

Autor: Mayra García Cardentey
Fotos: Archivo
Fecha: 1 de Junio de 2015

A veces, desafortunadamente, Cuba se reduce a cifras. En un intento por promover la inclusión social de todas y todos, no pocos resumen el accionar diario del país en porcentajes que delimitan socialmente raza, pertenencia política, género, discapacidad, creencias….

En el actual devenir de la nación cobran sobrevalorada importancia los numeritos, como si poseerlos en «cantidad adecuada» eliminara la discriminación. Como si tener más representantes femeninas en la Asamblea Nacional del Poder Popular arrinconara, de por sí, los prejuicios en un país de arraigado machismo; como si contar con más cuadros jóvenes en las instancias gubernamentales resarciera el hecho de que no pocos rechazan el tener responsabilidades cual dirigentes; como si exhibir un elevado número de mestizos y negros y profesantes religiosos en diferentes esferas de la sociedad anulara las aún latentes discriminaciones por raza y religión.

El país, el Gobierno ha asumido la política de cuantificar la inclusión en aras de seguir encauzando una lucha de décadas por eliminar y paliar, aún más, segregaciones de diverso tipo. Aplica el análisis porcentual a la composición de cualquier mecanismo ya sea eleccionario, laboral o social.

Pero, en nombre de las buenas intenciones, también puede estar empedrado el camino hacia la marginación.

Distinguir por tales aspectos es igualmente un estado de disyunción, que pondera más las diferencias. Se prioriza la peculiaridad antes que la verdadera destreza, como si ser negro, joven, mujer, creyente o con capacidades diferentes definiera la habilidad de dirección, de liderazgo, como elector o gestor de procesos.

Erradicar estereotipos de siglos no se logra con enumerar cuantitativamente o equiparar porcentajes. No se resuelven problemas de segregación, con formas que lejos de ser incluyentes, excluyen. Ponerle sexo, color, edad y facultad física al encargo laboral, a la posibilidad de elegir o dirigir, es tan discriminatorio como negarlo por tales causas.

El igualitarismo no necesariamente significa justicia, y eso está demostrado. Podemos tratar de brindar analogías numéricas para tener paridad, y sin embargo no ser justos. Quedan fuera todos los que pudieran reunir condiciones pero no poseen estos agregados.

Se presenta cual una discriminación de doble vía, solapada, vestida de loables designios, aunque igual de peligrosa; hija de la necesidad de reconocimiento social de minorías, que no lo son tanto, pero a la vez carente de estrategias  que vayan a la génesis de las causas. Es como querer curar la enfermedad del árbol cortando las ramas, sin mirar en las raíces. Y esa siempre es táctica de malos jardineros, un parapeto tras el cual se refugian sesgos de una plural discriminación que todavía padece Cuba.

El fenómeno es contextual, histórico, multicausal y factorial; necesita entonces sinergia institucional y mancomunada, y sobre todo respeto al otro.

Decía Einstein que es más difícil destruir un  prejuicio que un átomo; y solo con análisis porcentuales no se logrará. Alma Mater intenta, desandar algunos de estos caminos…

 

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