Lunes
13 de Julio de 2020
Deporte

El joven que se hizo leyenda

Autor: Texto y fotos de Carlos E. Rodríguez González
Fecha: 24 de Marzo de 2016
Foto de Carlos E. Rodríguez González

San Antonio de los Baños, municipio de la actual provincia Artemisa, cuenta con un cúmulo de deportistas que han representado al país en eventos internacionales con relevantes resultados. Félix Carvajal, El Andarín Carvajal, quien estuvo en los Juegos Olímpicos de 1904 en San Luis, Estados Unidos y unas manzanas le impidieron subir al podio; Guillermo Alfredo Torres Rodríguez, único atleta cubano con seis presentaciones en similar certamen, en el Tiro Deportivo y la especialidad del Skeet; Diosmely Alejandro Guerra Santiesteban, integrante del Equipo Nacional de Fútbol como portero y Gregorio Fiallo, en la natación de las competiciones de México 1968. Pero ninguno resultó más grande que el joven Orlando Rodríguez Díaz, quien desde la Enseñanza Especial, fue el primer medallista olímpico ariguanabense en la historia de su municipio.

Llegar al hogar de Orlandito, no resultó difícil. Todos lo conocen. Luego de lograr sus medallas de oro en los 200 metros del atletismo y bronce en los 100 de los Juegos Mundiales de Olimpiadas Especiales, realizados en Los Ángeles, Estados Unidos; el joven nacido el 13 de abril de 1992 se muestra tal y como es: sencillo, modesto, de sonrisa alegre y mirada serena. Hoy tiene 23 años y aún exhibe su timidez al saber de nuestra visita, pero asume el reto cual si estuviera en el bloque de arrancada, presto a conseguir una nueva medalla.

Del anonimato a la gloria olímpica

Siendo estudiante de la primaria Alejandro González Brito, en el primer grado, Orlandito fue valorado por el Centro de Diagnóstico y Orientación (CDO) y evaluado para ingresar en la Escuela Especial 17 de Abril por presentar un retardo en el desarrollo del lenguaje de primer nivel. En el centro todos los profesores lo recibieron con esmero, en especial la maestra María Julia Rodríguez Lavandera, Licenciada en Oligofrenopedagogía, quien al comenzar su labor educativa con el nuevo educando, muy pronto descubrió sus aptitudes para el deporte, en especial el atletismo.

El profesor de Educación Física, Orlando Batista, fue entonces el encargado de moldear las condiciones físicas de su discípulo y encaminarlo a la gloria deportiva. Junto a él, participó en las Olimpiadas Especiales desde el municipio hasta la nación, siempre con el amor a la camiseta de su escuela y territorio, imaginando algún día llegar a campeón.

El estadio Julio Pérez, de la Villa del Humor, era el escenario de entrenamientos. Todas las tardes corría en short y camiseta, y en ocasiones descalzo o desprovisto de unas buenas zapatillas, pero siempre venciendo los tramos y distancias orientados por el entrenador. Sin saberlo, tejía su propia leyenda, forjaba el camino a la gloria.

¿Cómo llegas al equipo nacional?

Gané las Olimpiadas Provinciales y Nacionales, con récord para las distancias de 100, 200 y relevo 4x100, y me captaron para los entrenamientos con el Equipo Nacional de Atletismo, que iría a las Especiales en Estados Unidos. No falté ni un día y me sentí muy bien en la Escuela Especial Solidaridad con Panamá, donde entrenamos más o menos dos meses.

¿Qué representó para ti defender a Cuba en una Olimpiada?

Sonríe, mira a su mamá Judith, quien acompaña nuestro diálogo, y después de pensar unos instantes responde.

Fue lo máximo, lo máximo. Cuando me dijeron que iba a Estados Unidos, a una Olimpiada no lo podía creer, llegué aquí a la casa y se lo dije a mi mamá y a todos mis amigos del barrio. Judith interrumpe a su hijo y apunta: «¡Eso fue una locura, periodista, una locura! Me abrazaba y decía: “Estoy en el equipo Cuba, mamá, estoy en el equipo Cuba”. Eso es algo que nunca voy a olvidar».

Y ¿Qué pasó?

Todo bien, todo bien. —Resume en su hablar lento y atropellado—. Primero gané los 200 metros el 27 de julio y después corrí el día 30 en los 100 metros. En esa distancia por poco me quedo sin medallas, porque tuve una arrancada en falso y cuando volví al carril de salida, me aguanté tanto que salí atrasado, pero le puse velocidad a mis piernas y entré en tercer lugar.

¿Sabes que eres el primer campeón olímpico de San Antonio de los Baños?

Sí,  me lo dijeron cuando llegué a la casa y estoy muy contento por eso. Ahora voy a seguir entrenando para otros eventos internacionales y seguir defendiendo los colores de Artemisa y de Cuba.

¿Cómo te recibieron en el barrio?

Tremendo, tremendo. Estaba lloviendo y la gente con sombrillas y paraguas se quedaron para recibirme. Estaban todos, mis abuelas, mi mamá, los profesores, los periodistas, los maestros de la escuela, la gente del Inder. Todos, no faltó nadie para abrazarme y darme miles de besos. Fue muy bonito, muy bonito. Nunca lo voy a olvidar.

¿Orlandito fuera del deporte?

Tranquilo, muy tranquilo. Me gusta estar en la casa y ver la televisión. Hago algunos mandados para ayudar a mi mamá y oigo música. Lo otro es entrenar: el atletismo es mi vida y gracias a él, conocí otro país y pude representar a Cuba.

¿Feliz por tus resultados?

Sí, muy feliz. Le agradezco al profesor Orlando, que me enseñó las primeras «mañas» en el atletismo y al entrenador Bismel, por ser el que más me ayudó en las cargas de entrenamiento y en todo lo que soy en el deporte rey.

¿Es verdad que te apodan «el avión»?

Sí, es verdad. Me pusieron así en los entrenamientos para ir a Los Ángeles, parece que tiene que ver con la velocidad con que corro en las distancias cortas.

¿Por qué escogiste el atletismo y no otro deporte?

Siempre me gustó correr. Desde chiquitico en el círculo y la escuela, era el que más corría en las actividades; y en los planes de la calle que se hacían en el barrio, siempre ganaba. También sé jugar pelota, pero lo mío es el atletismo. Correr me encanta.

 

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