Miércoles
13 de Diciembre de 2017
Sociedad

El legado

Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes (FMJE)

Autor: Jorge Sariol
Fotos: Tomado de http://www.injuve.es
Fecha: 11 de Octubre de 2017
Logo tomado de http://www.injuve.es

«Por la paz, la solidaridad y la justicia social, luchamos contra el imperialismo. Honrando  nuestro pasado, construimos el futuro.»

El venidero Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes (FMJE) será la vigésima edición;  tendrá lugar en octubre de este año, en la ciudad rusa de Sochi y estará dedicado al líder al líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz.

Con ello la juventud mundial reconoce la vigencia del legado de Fidel, quien contribuyó —como pocos en este planeta— a mantener vivo el movimiento de los festivales mundiales.

Ahora, 70 años después de aquel verano en el que por primera vez 17 mil jóvenes de 71 países se encontraron en Praga, el legado sigue activo, a pesar de un «poder global» unipolar en contra y de sus propósitos de desideologizar el futuro.

Eran los meses de julio y agosto durante los cuales se desarrolló el primer Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes. Apenas habían pasado meses del final de la II Guerra Mundial y la consigna fue forzosa: «¡Juventud, únete en la lucha por una paz firme y duradera!».

I

El mundo hoy es otro; el escenario geopolítico es el mismo, pero se parcelaron las guerras y han sido modificadas las estrategias.

El planeta admira a Hemingway, no por cazar animales en África o perseguir agujas en el Gran Río Azul, sino por el escritor gigante que fue. Al pagar las consecuencias de la Revolución Industrial, los más preclaros promueven con urgencia la conservación de la biota. Pescan las agujas «deportivamente» y luego las zafa del anzuelo y las devuelve al mar.

El mundo es otro, pero la beligerancia es la misma, solo que el guion se escribe para la virtualidad. ¡Y la virtualidad, poderosa, hace creer que todo es tan sencillo! Eres protagonista y decides.

Las redes sociales atraen adeptos como a moscas, pero no todos entienden la convocatoria, pensada para florecer en extensión y no para arraigar conceptos en profundidad. Y sirve lo mismo para crear falsas primaveras y oscurecer veranos luminosos.

En primera instancia es necesario saber por qué tiras la piedra y a dónde la tiras. Sería triste descubrir que fuiste un monigote o un perro de la guerra de a 30 monedas, que lanzabas botellas incendiarias o ladrabas discursos al uso global, o peor, que creíste sobreentendidos.

Los festivales mundiales pueden ayudar a despertar; a levantarte ante un display y lanzarse a la realidad «real», al sol, al bramido y al contacto tú a tú, porque Siria padece, padece Palestina, como antes padeció Viet-Nam. Venezuela resiste, resiste la tierra saharaui. Porque también en París y Londres el terrorismo pone bombas, como las han puesto en Cuba, aunque entonces hubo silencio cómplice, tal vez porque sostuvieron la mecha muchos de los que ahora se rasgan las vestiduras por los caídos en La Ciudad Luz o a la vera del Támesis.

Por si no queda claro para alguno, la contraseña que anda abriendo la ruta a Sochi es «Por la paz, la solidaridad y la justicia social, luchamos contra el imperialismo.  Honrando nuestro pasado, construimos el futuro».

Y tal vez la primera acción ideológica, además de rendir tributo al Comandante en Jefe, sería comprender por qué entre octubre y noviembre de 1939, miles de jóvenes checos se lanzaron a las calles de la capital a protestar contra la ocupación nazi. Y recordar el precio que pagaron por ellos. La represión feroz comenzó con el cierre de todas las escuelas superiores, el arresto de más de 1,850 estudiantes y el envío de 1,200 de ellos a campos de concentración.

Las manifestaciones no solo repudiaban la presencia hitleriana; honraban igualmente a Lídice y Ležáky, dos aldeas checas asoladas por las SS, poco después de ajusticiamiento del gobernador nazi Reinhard Heydrich, a quien llamaban el Carnicero de Praga.

Los festivales mundiales se iniciaron para homenajear a aquellos jóvenes. Y porque se perfilaba otra guerra, que llamarían Fría, fue «caliente» y ha sido no menos cruenta.

Recordar es necesario. Los festivales han tenido continuidad porque un poder global sigue desangrando la humanidad.

La memoria histórica no es una entelequia vacía, por mucho que la intente desaguar. Hagamos análisis situado. Miremos el mundo ahora mismo.

II

Con altas y bajas 19 festivales han visto la luz. En 18 ediciones ha estado la paz en el lema; en once ediciones aparece junto a la amistad.  En 1953 en Bucarest, Rumanía, sede del IV festival, no se mencionaba la concordia planetaria, pero estaba implícito el concepto.

Durante el décimo festival —Berlín, RDA, 1973— se agregaría la rúbrica antimperialista y desde entonces florece invariable en la señal.

Con el «desmerengamiento» del socialismo en Europa del Este, la Federación Mundial de Juventudes Democráticas (FMJD), organización bandera a cargo de la organización de los encuentros, se vio imposibilitada de hacerlo durante 8 años.

Un trinomio —Fidel, Cuba, La Habana— salvaría la honra en 1997 y dio curso al XIV festival. Por la isla caribeña —¡siempre Fidel!— había pasado ya la fiesta en 1978, cuando por primera vez «cruzaba el charco».  Antes había ido al mundo árabe —a Argelia— y luego al lejano oriente —Pionyang, RPDC—, pero volvería a América Latina, a Caracas, Venezuela y una vez más, a Quito Ecuador, en diciembre de 2013.

Sochi está a las puertas. Es una ciudad hermosa. Su balneario es una maravilla, ideal para veranear. El mundo es otro y el mismo. Y la paradoja nunca ha sido más categórica: luchar contra el imperialismo es promover la paz. Pero no habrá paz sin justicia social y solidaridad. En la certidumbre de construir el futuro, precisamos honrar el pasado, el de batalla.

 

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